MARKUS
–Ese está bien– dije a mi madre y a la chica que me estaba dando un montón de trajes, ya estamos a un día de la inauguración y todos se habían puesto nerviosos.
–¿Azul marino? No, no combina contigo– dijo Maya, la censuré con la mirada, ya llevábamos como una hora y no se decidían cual era el mejor. Y para colmo no tenía a Alessia a mi lado, me serviría para quitar el estrés que todo esto me está causando. Sin embargo, se le ocurrió la gran idea de empezar a trabajar, y como no, en la empresa de los Duncan.
–Pues quiero este entonces– dije señalando el trae color n***o, que no necesitaba corbata y eso me haría sentir más cómodo.
–¡No! Es poco formal, no.
–Sí, ese es perfecto, pido ese– respondí ante la negativa de mi madre.
–Markus, no voy a dejar que te vistas con ese traje, es muy informal.
–Mamá, déjalo, no te hará caso, si quiere eso, ¡pues que se lo ponga! –dijo Maya y yo sonreí.
–Hagan el resto, yo me largo– dije y salí hacia mi coche, ya iban a ser las seis y a esa hora Alessia salía de trabajar.
Conduje hasta la empresa y la esperé, a los cinco minutos apareció, muy sonriente, pero no estaba sola. A su lado un chico alto como yo y bien al traje la acompañaba. Fruncí el ceño y bajé del coche, me apoye en un costado esperando que me vea, pero nada.
Hasta que el imbécil ese fijo su mirada en mí y frunció el ceño. Alessia se giró y me miró sorprendida. Inmediatamente se despidió del tipo ese y vino hacia mí, y no dude ni un segundo en poner mis manos cerca de su culo y darle un beso, ¡Mira esto! Pensé.
–¿Qué haces aquí? – preguntó al separase, la miré y sonreí.
–Vine por ti, ¿Qué te sorprende? – dije aún con la vista fija en el tipo ese.
–Es raro, tú no haces eso– respondió–, oye, mírame, él es solo mi jefe.
–Me importa una mierda, que sea la última vez que lo despides de beso– ella soltó una carcajada.
–¿Y cómo lo haré entonces?
–¿Para que tienes la mano? – pregunté serio y le abrí la puerta para que suba.
–Pues para jalártela– respondió bien tranquila, la miré desde mi altura y sonreí.
–Será mejor que vayamos por tus cosas, mañana salimos temprano a Boston– anuncié.
–Markus, no podré ir– dijo en un susurro.
–¿Qué? – como mierda que no, no me jodas.
–Empecé a trabajar y me gusta mi trabajo, no quiero irme.
–Conmigo no trabajarás– dije.
–Pero quiero hacerlo.
–Si te quedas lo nuestro termina– respondí y empecé a conducir, vi en su mirada un rayo de dolor.
–Markus, no actúes por simple impulso– dijo con la voz rota.
–Va a depender de ti, Alessia– ella negaba con la cabeza, pero no dijo nada
Llegamos a su casa y ni siquiera la despedí, nada más bajar puse en marcha el coche y salí pitando de allí.
Llegué a mi apartamento el cual estaba completamente vacío, a excepción de la cama, ya que mis cosas ya las había enviado a Boston.
Me fui directo al baño y estuve bajo el agua durante un buen tiempo, al salir pedí algo y cené solo.
Cuando me dispuse a dormir, llamaron a la puerta de mi apartamento, fui hacia allí con el ceño frunció, ¿Quién podría ser? Al abrir la puerta un par de ojos azules y cabello rubio me recibieron, Alessia.
–¿Qué haces aquí? – pregunté, me fijé que llevaba una maleta pequeña.
–Vine a dormir, iré contigo, pero solo a la inauguración, si luego quieres terminar, lo aceptaré– sin pedir permiso entró en mi piso y se dirigió hasta mi habitación.
–Vaya, ni siquiera te dije: pasa– se giró y su semblante cambió, apreté los labios impidiendo reír.
–Yo…– no pude más y solté una carcajada a lo que ella pareció relajarse.
–Da igual– dije y le di un beso en lo alto de la cabeza.
–Mi hermano ya se fue a Boston– anunció, asentí lentamente.
–¿Con su jefa? – pregunté sarcásticamente, mientras besaba su cuello.
–Sí, al parecer hoy tuvo un accidente, pero está
bien, y se fueron, sin decirle a nadie, ni siquiera a su prometido.
–¿Su prometido es tu jefe? – pregunté, y ella asintió.
–Tienen una linda relación, Erick habla muy bien de ella– dijo con una emoción.
–¿Y cuándo se casan?
–Dentro de cuatro meses y unos días– dijo sonriente. Ya fue suficiente de los Duncan, necesitaba a mi novia, no hablar de una chiquilla y su prometido.
–Ven aquí– le die invitándola a subir conmigo a la cama, la abracé y por más sorprende que parezca, nos dormimos en esa posición.
–Markus, despierta– escuché una vocecita, abrí los ojos y Alessia con su hermosa sonrisa me dio los buenos días.
–Un rato más– dije y me giré tapándome con las sabanas.
–Joder, Markus, ya van a ser las nueve, nuestro vuelo sale a las once– gruñí, pero no me levanté. Hasta que sentí un líquido frio caer sobre mi espalda, me levanté de un saltó y Alessia soltó carcajadas que resonaron en todo el lugar.
–Ahora veras–dije y la cargue sobre mis hombros, la lleve hasta el baño y la metí en la ducha, pegó un grito.
–¡Markus! – me quité la ropa y me metí con ella, acaricié su cuerpo mientras el agua. Sin pensarlo si quiera vi como se arrodillaba ante mí y sus perfectos labios estuvieron alrededor de mi polla en segundos.
Verla así, tan jodidamente perfecta podía volver loco a cualquiera. Sus hermosos ojos color hielo me mantuvieron la mirada mientras chupaba, haciendo que llegue al puto cielo.
–Será mejor que nos apuremos– dijo al terminar y limpiándose los labios, sonreí y terminamos por bañarnos.
Media hora después estábamos en el aeropuerto. No entendía por qué coño teníamos que esperar, si teníamos nuestro propio jet privado.
–Vaya mierda de viaje– comenté a la vez que salimos del aeropuerto y el coche que mandé a comprar me esperaba fuera, era un Ferrari clase 812 Superfast en color n***o mate.
Atravesamos la ciudad hasta llegar al edifico donde se encontraba mi piso. Mi apartamento se encontraba en un edifico de doce pisos, el mío estaba en el piso diez. Subimos las maletas y nos instalamos rápidamente.
Alessia se quedó boquiabierta al ver cómo era el interior, y bueno yo también lo habría hecho. El lugar era tan inmenso, que tenia su propio gimnasio, su piscina e incluso un espacio para el spa, y todo funcionaba con una simple Tablet.
–Vaya, si que es moderno– comentó al entrar, presioné un botón que llevaba por nombre: romántico. Y todo el lugar cambio de color, las luces se apagaron y las velas salieron en su lugar. Solté una carcajada al ver cuan sorprendida se veía.
–Perfecto para una noche–comenté y sonreí con malicia.
–¡Markus! ¡Tu traje! –gritó y se apresuró en ir hacia la maleta donde estaba la caja con mi gran trae.
–No me pienso poner ese trae, ya tengo muchos en la habitación– die y era verdad, en mi habitación había un cuarto gigante para mis traes y zapatos de vestir, no necesitaba un trae más.
–Te veras super guapo, ya me imagino– dijo con una sonrisa de orea a oreja.
–Por cierto, ¿y tú vestido? O piensas ir desnuda– dije y me senté en el sofá.
–Traje un rojo, me lo compré hace unos días y combina perfecta con tu traje–Asentí, necesitaba salir de aquí, me sentía preso.
–Aún es temprano, saldré a dar una vuelta, por cierto, mis padres llegaran en unas horas– anuncié y tomé mis llaves.
Pisé el acelerador y está belleza hizo sonar su motor, era una puta delicia nada más escucharlo. Busqué un bar o lo que sea donde pueda tomar, estacioné en el aparcamiento del bar Drink, un lugar tranquilo.
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Eso fue lo que pensé al entrar, pero n fue así. El ambiente era acogedor y estaba a tope de personas, busqué un espacio en la barra y pedí a la chica rubia un chupito. Luego dos, tres, cuatro y cuando ya iba por mi quinto me fije en una ven que me observaba desde una esquina. La miré un instante, era guapa. Le hice una seña y me dirigí hacia los lavabos. Por un instaste pensé que no llegaría, pero no fue así. Apareció y no dude en follarmela allí mismo, le tape la boca con la mano para que no emita ningún ruido, mientras me perdía dentro de ella.
Después de eso no supe como carajos llegué a su apartamento, un cuartucho que parecía una caja de fosforo. Me giré y revisé mi móvil. ¡Mierda, las ocho! La inauguración comenzaba a las siete, revisé mi alrededor y vi a aquella chica recostada, sin hacer ruido salí de ese lugar. Corrí hasta mi coche y pisé el acelerador. Al llegar al apartamento Alessia estaba sentada en el sillón y al verme corrió hasta donde estaba.
–¡Markus, me tenias preocupada, te llamé, pero me mandaba al buzón! – la observé y se había puesto jodidamente preciosa, y un pequeño cargo de conciencia me atacó, pero lo ignoré.
–Pero ya estoy aquí, ahora me daré una ducha, ¿y mis padres? – pregunté a la vez que me dirigía a mi habitación.
–Ya se fueron, te estaban esperando, pero se molestaron y mejor se adelantaron, ah y dijeron que no olvides dar tu discurso– ¿qué? Por dios, ahora lo recuerdo, necesito dar un maldito discurso por ser el nuevo gerente, vaya mierda.
Me vestí a toda prisa, ni siquiera tuve intención de peinarme, pero Alessia estaba insistiendo en que sí.
–Que lleguemos tarde no significa que te veras desarreglado, ven– me acerqué y empezó con su trabajo, hasta dejé que me ponga algo de esos cosméticos. Una vez listo, subimos al Ferrari, la cabeza me dolía horrores, eso me pasa por imbécil. Después de atravesar media ciudad nos acercamos al edifico, que el letras grandes y brillantes decía: Duncan.
Fue complicado estacionarme, porque la gente y los paparazis estaban por todos lados, y al haber llegado tarde, era el punto de atención.
–Mira toda esta gente, y para colmo se te ocurre llegar tarde– comentó Alessia a mi lado soltando una sonrisa, la censuré con la mirada y bajamos.
El Flash de las diversas cámaras nos apañaban en nuestro intento de llegar a la entrada, mi enamorada se aferraba a mi brazo, y yo trataba de esquivar a las personas.
–Con cuidado, Markus– me indicaba Alessia, pero dediqué la mejor de mis sonrisas cuando ya estábamos cruzando el marco de la gran puerta. Todas las miradas se centraron en mí y en mi acompañante, nos empezaron a saludar y dar la bienvenida. Sonreímos muy amigablemente, hasta que del escenario me llamaron para dar unas palabras, j***r…
–Buenas noches…– dije nervioso, ¿qué les iba a decir? –, es un honor estar aquí, con ustedes. Duncan es un apellido muy reconocido, y ni hablar de sus empresas, pero hace unos días estás empresas se han vuelto más poderosas…– dije mirando a todos los invitados–, ya que se firmó una alianza con las empresas Dorrance y ahora somos una sola familia empresarial y… La verdad es que no tengo más que decir, ¡Salud! – alcé mi copa, al igual que todos los demás, y bajé a toda prisa del escenario en busca de Alessia.
–Épico discurso– comentó.
–No te burles, ahora vamos a la barra– fuimos por unos chupitos, pero no pude hacerlo, ya que empresarios me detuvieron para charlar, así que tuve que dejar a mi novia sola, mientras conversaba con estos magnates.
Todo iba bien hasta que vi con quien Alessia estaba sonriendo de lo lindo, el imbécil de Erick. Mi cuerpo se puso en alerta con ganas de ir hasta donde estaban y mandarlo a la mierda. Disimuladamente me excuse y me aleje de aquellos hombres, me fui acercando poco a poco hasta donde estaba Erick y mi novia.
–Te ves super hermosa– le dijo el muy gilipollas.
–Ma hermosa se ve encima mío– dije y me coloqué al costado de Alessia, se giró y me miró ruborizada.
–Me lo imagino– respondió Erick.
–No, no te lo imagines– sonreí maliciosamente.
–Un gusto, soy Erick– dijo tendiéndome la mano, a lo que no respondí y mucho menos le devolví el saludo.
–Y el es Markus– contestó por mi Alessia. El ambiente estaba completamente tenso, hasta que llegó Sam.
–¡Hola! ¿Cómo lo están pasando? ¿les gusta? – preguntaba con mucha emoción contenida, y por primera vez en la noche me pregunté, ¿Dónde estaba su jefa?
–Pero claro que esta bien, has dado lo mejor para que esto este bien organizado y lindo– respondió su hermana y le dio un abrazo.
–Tiene razón, todo está grandioso– comentó Erick.
–Gracias, aunque nada hubiese sido realidad sin la señorita Gabriela, que por cierto esta en los lavabos, se pasó de copas y ahora está vomitando, será mejor que vaya a verla– dijo Sam.
–¿Dejas sola a tu prometida en momentos así? – pregunté en tono burlón.
–No, claro que no– respondió y se giró en dirección a los lavabos. Miré todo el ambiente, estábamos en el auditorio de las instalaciones de la nueva sucursal y era enorme.
Después de unos minutos vi a los lejos a los jóvenes prometidos, él la llevaba en brazos y ella, a quien no pude ver bien ya que tenía los cabellos revueltos, salían del lugar.
–Vaya noche– dije mientras me bebía algo.
–La señorita estuvo muy guapa, pero se puso histérica ante la tardanza del nuevo gerente, ya que tuvo que dar la bienvenida. – dijo Sam, lo miré sonriendo.
–¿Hizo qué? – pregunté.
–Al ver que no llegabas tuvo que ser ella quien de las palabras de bienvenida y demás– iba a responder, pero alguien puso su mano en mi hombro, me giré y era Manuel.
–Markus, un gusto por fin conocerse– dijo y nos saludamos con un apretón de manos.
–Ni lo digas, y disculpa por la tardanza, el tráfico es fatal– respondí.
–No te preocupes, por ser el gerente tienes mi disculpa. Tu padre dijo que estas muy emocionado con la idea de dirigir la empresa.
–Muchísimo la verdad– respondí y gracias al cielo apareció mi padre.
–Manuel, querido socio, veo que conociste a mi primogénito– dijo en forma de saludo, puse los ojos en blanco.
–Si me disculpan– dije y salí del lugar, me acerqué hacia un lugar donde había poca gente y saqué un cigarrillo, le di la primera calada y vi a Erick subiendo a su carro con cara de pocos amigos, solté una sonrisa.
Pobre hombre, soportar a una chiquilla no ha de ser fácil. Salió pitando del lugar y yo solo me dedique a sonreír.
Lástima que dentro de poco seré yo quien lidie con esa chiquilla de veinticuatro años.
–Y ahora a quien miras– dijo una voz a mi espalda.
–No creo que te gusté– respondí y volví a dar otra calada.
–Te ves bien hermanito y Alessia ni hablar, ese rojo le queda, pero fenomenal, no entiendo cómo es que la puedes engañar– dijo, la miré y asentí.
–¿Has venido a darme una lección o algo parecido?
–No para nada, solo te vi bien concentrado en aquel coche– dijo.
–Los prometidos eh– dije.
–Gabriela es preciosa, por cierto, viven en el mismo edificio que tú– casi me hago con le humo por la sorpresa. Empecé a toser y a la vez a sonreír.
–¿Qué dices?
–Pues lo que escuchaste, no sé porque te sorprendes, ¿acaso no la viste? Cuando llegamos a tu piso fue la primera a quien vimos, muy amable.
–Vaya mierda, espera, ¿dices que vive aquí? – mi hermana asintió confusa– ¿qué tiene que hacer esa chica aquí?
–No me digas que no sabes que es lo hará– negué con la cabeza.
–Será tu supervisora, Markus– solté una carcajada que resonó tanto, que incluso muchas personas miraron en mi dirección.
–Estas bromeando– respondí. Pero Maya seguía seria. No podía ser cierto…
–Sino me crees espera a mañana, y veras a tu joven y guapa supervisora– diciendo aquello se giró y entro en la fiesta. Una sola palabra se me vino a la mente.
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¿Es por eso que mi madre dijo que no me lie con ella? ¿ellos sabían de esto? Vaya mierda.