Gabriela y Alonso estuvieron en detención, cuando confesaron lo que habían hecho, citaron a Azúl y Ariel para que fueran a la comisaría de Las Vegas.
Azúl estaba en su departamento cocinando tallarines con salsa, cuando sonó su celular.
Llamada
—Aló, con quién hablo?
—Hola, hablo con Azúl Torre?
—Hola, si soy yo.
—Soy Nicolás Petriduo, Fiscal de la comisaría central de Las Vegas, lo llamo por qué necesito que venga a la comisaría, debemos informarle sobre algo importante.
—Ohh, por Dios, juro que no eh hecho nada malo, soy una buena persona, se que siempre que voy a la tienda saco los dulces de la bolsa de muestra pero no soy malo.
El comisario se rió.
—Lo siento señor Azúl, pero no es por los dulces de muestra que roba de la tienda, es algo mucho más serio y quédese tranquilo, no ah hecho nada malo.
—Oh Gracias a Dios! Juro que casi me da un infarto... Bueno, creo que exagere un poco, muchas gracias señor Nicolás.
—De nada señor Azúl, lo espero mañana a las 9:00 a.m. en punto.
Fin de llamada.
•ווווו×
Por otro lado en la oficina de Ariel, él estaba revisando unos papeles.
Sonó su celular personal.
—Alo?
—Señor Ariel, soy Nicolás Petriduo, soy fis.....
—Hable con mi asistente y agende una cita, si quiere hablar conmigo, ahora mismo estoy muy ocupado.
—Siento gastar su tiempo, pero debe venir a la comisaría central de Las Vegas.
—No eh cometido ningún crimen, no iré a la comisaría— dijo de lo más tranquilo, mientras seguía mirando algunos documentos.
—No, no ah cometido ningún crimen, pero por si no lo a notado le han robado y debemos informarle algunas cosas más, si quiere saber que está pasando por favor valla mañana a las 9:00 a.m. a la comisaría central de Las Vegas.
—Esta bien, Gracias por informarme, estaré puntual.
Fin de la llamada.
ווווו×ו
Azul/ 9:00 a.m.
Viajé a las Vegas lo antes posible, estaba obviamente en París, cuando llegue a Las Vegas, me hospede en un hotel cercano, me vestí, con una camiseta manga larga con cuello de tortuga color negra y pantalones de tela color azul oscuro con zapatillas blancas con detalles azules.
Me veía muy bien y casual pero formal.
Tomé un Uber que me llevó hasta la comisaría central de Las Vegas.
Entre y fui hasta la recepción.
—Hola, que necesita?
—Hola, tengo una cita con el Fiscal... Nicolás Petriduo— recordó su nombre. La recepcionista buscó en su computadora y me contestó.
—Si, sigue a la derecha tomas el ascensor el piso 5 y oficina 3.
—Muchas Gracias.
Seguí las indicaciones de la chica y llegué hasta la oficina, toqué la puerta.
—Adelante.— dijo una voz.
—Permiso.
—Señor Azúl?
—Ese soy yo, usted es el Fiscal Nicolás?
—Si, adelante siéntese dónde guste— dijo apuntando hacia los sillones, un sofá y las sillas al frente de su escritorio.
El se sentó en su escritorio, mientras que yo fui tímidamente hasta el sillón, me miró por un rato.
—Disculpe que pregunte pero, ¿esperamos a alguien?
—De hecho si, al señor Ariel Flores.
Tocan la puerta.
—Adelante.
—Permiso, buenos días, disculpe el atrasó señor...— mire a la persona que atravesó la puerta, el tipo tenía buen aspecto, traje azul marino, cabello n***o ordenado y ojos color miel.
—Nicolás Petriduo— dijo el Fiscal.
—Si, lo siento me temo que ayer no escuché su nombre.... Lo siento nunca dijo que me citaría con otra persona más— dijo mirándome.
—Tal vez por qué no me dejó hablar mucho, pero bueno ya que estamos todos aquí, señor Flores, puede sentarse dónde guste y empezaré a hablar.
El tipo me saludo con un asentimiento de cabeza y se sentó un poco más allá.
—Ayer arrestamos a dos fugitivos de la justicia Gabriela Zamorano y Alonso Bustamante, ellos tiempo atrás robaron documentos, primero Fue en París, Francia— dijo mirándome a mí— Gabriela se hiso pasar por alguien en mal estado, usted la ayudo y Alonso robó sus documentos mientras la ayudaba, después en Roma, Italia— está vez dijo mirando a el otro hombre— La chica se hizo pasar por alguien distraída que pasaba por las calles mientras que usted iba caminando muy rápido y despistado, chocaron y su maletín salto Alonzo le robó sus documentos.
>>Gabriela se quedó con los documentos de usted— dijo mirándome— y Alonso con los de usted— dijo mirando al hombre.
—¿Por que ella se quedaría con los documentos de un chico mientras que podría haberse quedado con el mío?
—Por que me llamo Azúl Torres, ella podía usarlo fácilmente como si fuera chica y claro le gustó más Azul que Ariel— dije creyéndome.
—¿Primero cómo sabes mi nombre?¿Y por qué solo no nos enviaron los documentos.?— preguntó mirando a él Fiscal.
—Bueno él sabe su nombre por qué se lo dije antes de que entrara y lo de enviar los documentos, no lo hicimos por qué es más un tema de protocolo, pero todavía no termino de contarles todo, hay... Hay algo más grave que quizás les va a desagradar a ambos.
—Bueno, podría continuar por favor, debo volver a Francia lo más pronto posible, tengo exámenes y una cena familiar hoy— dije un poco nervioso.
—Me temo, que no podrán volver a sus vidas tan fácilmente. Ellos después de robar sus documentos, vinieron aquí, fueron al casino, apostaron con la poca plata que robaron de sus billeteras y de algunas personas más, bebieron y se emborracharon, antes de culminar la noche, fueron a una de las tantas capillas y se casaron, necesitaban papeles así que utilizaron los de ustedes dos. Antes de cruzar la frontera los atrapamos por suerte, y confesaron todo.
—Y por qué no podemos volver a nuestras vidas, se supone que ustedes pueden anular todo lo que ellos hicieron, se supone que todo fue ilegal— comenté un poco incómodo.
—Al casarse con sus documentos, ustedes están casados, intentamos revertirlo, pero cuando fuimos a hablar con las personas que los casaron dijeron que los papeles desaparecieron, alcanzo a confirmarse el matrimonio, o sea que ante la justicia son Matrimonio pero sin los papeles que desaparecieron no podemos anular el matrimonio.
—¡¿Que?! Esto no puede estar pasando, tengo una novia, debo volver a mi vida y además de eso, la prensa se enterará de inmediato, todos quieren saber que pasa en mi vida!— dijo el Señor Ariel sumamente enojado.
Yo solo me agarre la cabeza con ambas manos pero mantuve la calma, debía volver a París, tengo unos exámenes, aparte de la cena de esta noche.
—Por favor señor tranquilícese, no podemos hacer más, tratamos pero no podemos ahora tenemos que investigar para poder encontrar los papeles, nuestros compañeros están haciendo lo posible por encontrarlos y que puedan a volver a sus vidas— hablo el señor Nicolás.
El señor Ariel o debo decir "mi Esposo temporal" estaba soltando improperios en italiano.
—Llamare a mi abogado, los demandaré, esto no puede estar pasando— dijo él.
—Por...por favor puede darme un vaso de agua... Me...me estoy ahogando— dije con el poco aire que me quedaba, me estaba ahogando, creo que con todo lo que empecé a pensar, con las palabras del señor Nicolás y del señor Ariel me estaba alterando.
Me agarré el cabello mientras trataba de respirar mejor.
—Señor Azúl? Señor se encuentra bien?— pude escuchar que hablaba el señor Nicolás.
—Yo... Solo necesito aire— dije aventándome viento— necesito aire y un poco de agua, no traje mis pastillas— dije más mal aún se me habían olvidado las pastillas, no podía alterarme habían ocasiones en las que me ponía justo de esta manera si me daban noticias malas o me alteraba mucho, no traje las pastillas, por qué no pensé que algo así pasaría.
El señor Nicolás me dio un poco de agua y me preguntó que pastillas tomaba.
—Bro...Bromazepan— dije apenas, le dijo algo que no entendí muy bien a el señor Ariel y después entro una chica apresurada el le dijo que comprara mis pastillas y ella se fue.
Trate de respirar pero estaba muy nervioso y el no poder respirar bien me lo hacía peor.
Un rato después la chica entró con mis pastillas y el señor Nicolás me las entregó, tomé una y bebí un poco de agua.
Recosté mi cabeza hacia atrás.
La pastilla no hacía efecto inmediato pero no tenía que esperar tanto, solo unos pocos minutos.
Cuando me sentí bien, volvieron a hablar.
—Lo siento, creo que contribuí a qué te pasará eso, no debí alterarme tanto y empezar a gritar— se disculpó el señor Ariel.
—No, no se disculpe yo debí traer las pastillas, es solo que no pensé que algo así me iba a pasar— dije sonrojándome un poco por el alboroto que había causado.
—Necesita que llame a alguien?— preguntó el Fiscal.
—No, no se preocupe, ¿Podemos seguir hablando del tema?— pregunté para que dejáramos de hablar de mi tema— ¿Qué va a pasa ahora? Por qué los dos tenemos vidas que seguir— dije mirando al señor Ariel.
—Bueno, tenemos que esperar a encontrar los papeles desaparecidos para poder hacer la anulación del matrimonio, hasta entonces y lamento decirlo, están casados— dijo el señor Fiscal.
—¿Cuánto tiempo puede durar esa búsqueda?— preguntó el señor Ariel.
—Puede durara meses, años, disculpen no quiero asustarlos pero tampoco puedo mentirles, puede durar mucho como también poco, hasta entonces les recomiendo que se queden en Las Vegas, por si hay noticias nuevas— Nos informó.
Lancé un bufido de estrés.
No sabía que iba a hacer.
—Bueno creo que ahora debemos llegar a un acuerdo nosotros— dijo el señor Ariel.
—¿Sobre que?
—Sobre de que ahora estamos casados y todos en pocas horas aunque no lo queramos, la prensa siempre está detrás de mi y lo van a saber pronto, creo que debemos hablarlo— dijo de mal humor.
—Esta bien— dije levantarme.
—¿Te parece que vallamos a un café? así tomamos desayuno.
—Bien, muchas gracias Fiscal, si tiene noticias no dude en informarnos— dije mirándolo.
—Estaremos en contacto— respondió.
Salimos y caminamos a un café cercano, entramos y nos atendió una camarera, él pidió un café n***o con dos media lunas, yo pedí un frapuchino con un pedazo de pie de limón, mi favorito.
Ella dijo que nos traería la orden en un momento.
—¿Entonces, que haremos?
—No lo sé, esto es tan complicado, tengo una vida, novia, trabajo, y muchas responsabilidades, cómo les explico a todos que dé repente estoy casado con un hombre por error de unos malditos fugitivos— dijo él frustrado.
—Lo se, también tengo una vida lo recuerdas, no tengo novia pero si tengo que ir a la universidad, trabajar y una familia que me necesita hoy en la noche y dé repente tendré que decirles que su hijo pequeño, correcto y santo, está casado con un hombre que ni siquiera vive en el mismo país que yo y que debe tener unos treinta— dije todo rápido y un poco nervioso.
—Oye, no tengo treinta! Y por favor cálmate, no quiero tener que cargar tu cuerpo desfallecido por las calles de esta ciudad, tengo otras responsabilidades para también hacerme cargo de un niñato enfermizo.
—No soy un niño, tengo 24 años, que tenga una cara angelical no significa que sea tan angelical— dije un poco enojado, era mayor y sabia hacerme cargo de mi mismo.
—Lo dice el niño ingenuo que ayudo a una ladrona, la cual robó su nombre para después casarse en Las Vegas?— dijo con evidente sarcasmo.
—Lo siento si, solo quise ser una buena personas ella me hizo creer que estaba invalida.
—Permiso, les traje su orden— dijo la camarera y nos dejó la orden en la mesa.
Tomé un poco de mi Frapuchino.
—Si los periodistas se enteran, vamos a tener que obligadamente fingir que nos hemos casado— dijo él.
—No puedo mis padres me matarán— dije nervioso.
—Entonces tendrás que decirles antes de que se enteren— dijo antes de tomar de su café.
—Maldición! Ni siquiera quería casarme tan joven— dije frustrado.
—Si, está situación es horrible, imagínate si no encuentran los papeles.
—Por Favor no seas negativo, no quiero estar casado contigo toda mi vida— dije imaginado lo raro que sería.