“¡No podía más, sus pulmones estaban a punto de explotar!”
Sin apenas poder respirar, Esme se escondió asustada detrás de un enorme alcornoque y se apoyó en él con una mano, mientras con la otra se apretaba el costado dolorido. Aterrada miró a su alrededor con la certeza de que en cualquier momento ese ser saltaría sobre ella y la devoraría, pero la oscuridad apenas le dejaba ver a un metro de distancia. Muerta de miedo, pegó su espalda al árbol e intentó escuchar cualquier sonido que le avisara que el monstruo se acercaba a ella, pero lo único que lograba oír dentro de su cabeza eran los fuertes latidos de su corazón. Lágrimas de terror comenzaron a deslizarse por sus mejillas mientras miraba hacia todos lados en la oscuridad. El ruido de algo grande golpeando el suelo a escasos metros de ella hizo que pegara un brinco del susto y su cuerpo se pusiera de nuevo en tensión, listo para volver a huir. El llanto femenino que escuchó a continuación hizo que su cuerpo, con los brazos extendido para evitar golpearse con un árbol, se moviera con urgencia hacia el lugar de donde provenía el lamento.
—¡Tranquila, soy Esme! —susurró al acercarse. —¿Quién eres?—
—¡¡Esme, ayúdame!! —exclamó la otra voz, demasiado fuerte para los nervios de Esme.
–¡¡¡Sssshhhhhii!! ¡¡Baja la voz!!—le pidió mirando aterrorizada hacia todos lados, esperando ver en cualquier momento a ser terrorífico aparecer. —¡No te veo, háblame flojo para encontrarte!—
—¡¡Estoy aquí!!— lloró la otra voz que Esme había logrado por fin identificar, era Paloma, la m*****o del Club más paciente y comprensiva de todas. Escucharla en ese estado de desesperación no hizo que su miedo al no estar ya sola se aliviara.
Esme anduvo esquivando árboles y matorrales, en dirección a sonido hasta que pronto apareció en su campo de visión la silueta oscura de un cuerpo sentado en el suelo.
—Te encontré, ya estoy aquí —susurró agachándose con esfuerzo al lado de Paloma. Esta se giró y la agarró fuerte del brazo con manos temblorosas.
—¡Por Dios Esme, ¿quién son o qué son esos seres?!—Le preguntó aterrorizada.
—No lo sé Paloma, no sé nada. Ese ser apareció delante de mí salido de la niebla y me cogió por los brazos. Pude escapar de milagro. Creo que él también estaba sorprendido de verme y que por eso lo cogí desprevenido al huir.— El ruido de pisadas y el de las remitas romperse bajo los pie, llegó hasta ellas, avisándolas de que algo o alguien se acercaba.
Aterrorizada Paloma se puso en pie casi dejando caer a Esme al hacerlo y se abrazó a esta en cuanto Esme logró estabilizarse y levantarse.
—¡¡Están ahí!!— casi chilló Paloma entrando en pánico.
Esme le tapó la boca a su amiga, muerta de miedo por que la hubieran escuchado y ambas se quedaron paralizadas en el sitio sin atreverse a mover, rezando por no ser vista.
—¡Esme, soy yo, Olivia!– susurró una voz en la oscuridad.
—¡¡Olivia, aquí!!— exclamó en susurró Esme con alegría y alivio al mismo tiempo.
Pronto Olivia se reunió con ellas y las tres amigas se abrazaron para confortase y darse consuelo.
—¿Habéis visto a alguna de las otras?— preguntó esperanzada Esme al separarse.
—No, solo a ustedes. Escuché hablar a Paloma y seguí su voz hasta aquí.—
Esas palabras hizo que las tres fueran conscientes de que si Olivia había dado con ellas tan pronto, los otros también podían saber dónde se encontraban en esos momentos.
—¡Tenemos que movernos ya de este sitio!— Ordenó Esme asustada.
Nirud movió sus orejas hacia delante y agudizó el oído en medio de la oscuridad, nada, ya no escuchaba su voz. Había seguido el sonido lejano de la voz de su hembra y el de otra más, hasta que de pronto habían sido tres voces diferentes, pero ahora se mantenían en silencio. Levantó su rostro hacia el cielo y movió la cabeza buscando el olor de ella en el aire, hasta que la helada brisa le trajo lo que buscaba. Ellas seguían allí delante suya, seguramente intentando alejarse de él todo lo que pudiera, pero eso no lo iba a conseguir, él no la dejaría escapar. El olor de Han llegó de pronto hasta su nariz y este apareció a su derecha, entre los árboles del bosque a unos diez metros de distancia. Al igual que él, su amigo olía el aire siguiendo un rastro. Ambos se miraron comprendiendo que los dos seguían la misma dirección, aunque el olor que perseguían era distinto.
—Están a unos cien metros de nosotros— afirmó Han.
Nirud asintió con la cabeza, era justo lo que él pensaba, y continuó la marcha, dando a sus pies mayor velocidad, seguido ahora por su amigo.
No habían recorrido cincuenta metros cuando el olor de Aslan, el m*****o más temperamental del grupo, llegó hasta ellos de pronto. Este estaba agachado en el suelo del bosque y tocaba la tierra con la palma de su mano, para después llevársela a su nariz y olfatearla. En la tierra quedó cinco líneas de un centímetro de profundidad allí donde su garras habían arañado el suelo.
—Estaba llorando—soltó de pronto, mirando a su Alfa con preocupación.
—Tranquilo Aslam, no hay rastro de olor a sangre, tan solo se huele el miedo que tienen en estos momento. Ninguna está herida.—
—Si ellas son nuestros regalos, concedidas por la Diosa, ¿por qué nos tienen tanto miedo?— preguntó levantándose y mirando a su Alfa confuso —¿No deberían de habernos recibido más gratamente?—
—Me hago la misma pregunta que tú Aslan, se lo preguntaremos a ellas cuando la cojamos.—
—Mi hembra parecía muy sorprendida cuando me vio, creo que no se esperaba verme—observó Han— Pienso que algo salió mal en el ritual y por eso ellas han actuado de esa manera.—
—¿Estás diciendo que no son hembras destinadas a nosotros y que por eso están huyendo?— preguntó Aslan sorprendido.
Nirud miró a Han sin sorprenderse por su comentario, él había tenido el mismo pensamiento que él, pero no podía olvidar que ellas habían aparecido cuando efectuaron el ritual y de que precisamente eran el deseo que todos ellos habían pedido a la Diosa.
—¡Pero la Diosa me la mostró antes de que apareciera, vi su imagen entre las llamas de la hoguera, no hay ninguna duda de que ella es para mí!— exclamó Aslan con énfasis dirigiéndose a Han.
— Nadie dice lo contrario Aslan. Creo que la Diosa nos mostró a todos la imagen en el fuego de nuestra hembra para que supiéramos que nos había escuchado y concedido nuestra petición, lo que no entendemos es por qué entonces ellas actúan como si no lo supieran y huyeran asustada de nosotros de la manera que lo están haciendo.— Le explicó Nirud, intentando controlarse él mismo y no atacar a Aslan por su falta de respeto contra Han. Comprendía que la situación por la que estaban pasando era demasiado fuerte, todos habían encontrado a la vez a su hembra predestinada y estas habían huido de ellos, adentrándose en un peligroso y desconocido bosque, pero no iba a permitir que uno de sus lobres…
—¡Nirud, es ese olor!—exclamó nervioso de pronto Han oliendo el aire, interrumpiendo los pensamientos de Nirud.
Tanto Aslan como Nirud lo imitaron con rapidez, dejando ya de lado cualquier otro pensamiento que no fuera identificar el peligro que Han había olido. El desarrollado olfato de Nirud captó en el aire el fuerte olor de un depredador de apariencia desconocida pero del que ya sabían que existía por aquella zona. Tanto él como sus lobres habían dado con sus marcas territoriales a lo largo del recorrido que habían hecho durante el día hasta que decidieron detenerse en un pequeño claro, lugar que decidieron que sería adecuado para realizar la ceremonia. En todo momento habían sido consciente de estar en el territorio de caza de otro cazador, pero al ser más en número que su rival, no se habían preocupado demasiado por su existencia, ahora comprendía que había sido un error muy grande y que podía pagarlo muy caro. Sin pensar en su seguridad y con el corazón golpeándole fuerte el pecho, se impulsó con fuerza hacia delante, cayendo a varios metros por delante sobre sus manos en forma de garras seguida de sus piernas, que volvieron de nuevo a impulsarlo como la vez anterior, para aterrizar a muchos metros más adelante, saltando arbustos y pequeños árboles en el proceso. Sus dos lobres lo siguieron inmediatamente de la misma manera, intentando que sus miembros se movieran con la misma rapidez que lo hacía su Alfa.
Esme se detuvo de golpe con el corazón encogido en su pecho por el miedo. Paloma chocó por inercia contra su espalda seguida de Olivia al no haberles dado tiempo a ninguna de las dos a detenerse ante el brusco parón en la marcha, provocando que Esme tuviera que dar un paso hacia delante para estabilizarse mientras su torso empujaba hacia atrás por miedo, los cuerpos de sus dos amigas.
—¿Qué ocurre…
Olivia no llegó a terminar su pregunta al ver al ser enorme, que despacio y amenazador se acercaba cortándoles el camino y que los rayos de la luna llena que se filtraba entre los árboles, iluminaba. De su enorme y poderoso hocico sobresalían dos afilados colmillos de una longitud de unos quince centímetros. Unos grandes y malévolos ojos amarillos las miraban con fijeza, todo ello acompañado de un gigantesco y poderoso cuerpo felino de pelaje n***o que se movía con demasiada fluidez para desgracia de ellas.
El cuerpo de Olivia se tensó aún más de lo que ya había estado, tanto que comenzó a temblar sin poder controlarlo. La espalda de Paloma se pegó a su pecho al esta retroceder empujada por Esme que intentaba alejarse del animal que se les acercaba, con las intenciones clara de atacarles.
De pronto, el animal se abalanzó sobre ellas, saltando sobre Esme cuando estaba a escaso dos metros, con las fauces abierta buscando su garganta y derribándola al suelo con el impacto del choque entre ambos cuerpos. Paloma chilló horrorizada e histérica por lo que estaba viendo. El animal había atrapado entre su mandíbula el antebrazo de Esme que había caído al suelo bajo el cuerpo de la gigantesca fiera. El otro brazo de su amiga golpeaba con frenesís la cabeza o el hocico del animal intentando que este la soltara, mientras chillaba de dolor.
Un grito de histeria y miedo salió justo detrás de Paloma que asustada se encogió y se apartó de un salto del lugar donde había estado parada. Olivia pasó corriendo y gritando junto a ella sosteniendo sobre su cabeza una gruesa rama hasta llegar junto a la fiera, momento en el que con todas sus fuerzas, golpeó el cuerpo del animal justo en la cruz de este, sin dejar de gritar en el proceso. El impacto del golpe que acababa de aceptarle Olivia, no pareció dañar mucho a la fiera, que tan sólo se encogió un poco de dolor, pero que continuó aferrando entre su mandíbula el brazo de Esme sin aflojar ni un poco. Paloma vio a Olivia levantar entre gritó de nuevo la rama y golpear en el mismo lugar que antes el cuerpo del animal, con el resultado esta vez de que esta gruñó amenazadora y comenzó a arrastrar del brazo el cuerpo de Esme hacia la maleza para apartarse de los golpes de Olivia. A ver su retirada, Paloma se envalentonó por fin lo suficiente como para querer emular a su amiga y buscó frenética un palo a su alrededor.
El dolor era horroroso, sentía como la piel de su brazo se desgarraba al ser arrastrada y no podía hacer nada para evitarlo. Su mano seguía golpeando la cabeza de la fiera, había intentado aceptarle en el ojo, pero las lágrimas no la dejaban ver con claridad y sus golpes no aceptaban en el blanco y aunque le parecía imposible de suceder en esa circunstancia, las fuerzas le estaban fallando y le estaba costando hasta levantar el brazo para golpear, sentía pánico pensar que podía desmayarse en cualquier momento debido al gran dolor que sentía. De pronto escuchó el grito de Paloma que se unió al que ya emitía Olivia.
“¡Por favor Dios míos, ayúdame!” Suplicó sintiéndose como le abandonaba sus últimas fuerzas.
Como si sus súplicas hubieran sido escuchada, el dolor de su brazo disminuyó y de pronto dejó de tenerlo atrapado entre la mandíbula de la fiera, hasta los gritos de sus amigas dejaron de escucharse. Un fuerte y escalofriante gruñido salió justo por encima de ella, allí dónde tenía la garganta la fiera. El hocico de esta ya no apuntaba hacia abajo donde se encontraba ella tumbada bajo el gran cuerpo del animal, sino que ahora apuntaba hacia un lado y gruñía amenazadoramente.
Olivia y Paloma se paralizaron de miedo, en ningún momento habían pensado qué consecuencias podía tener sus actos y ahora estaban allí frente a una enorme fiera que estaba muy enfadada por sus continuos golpes y les gruñía amenazadora, dispuesta a lanzarse sobre ellas si la volvían a provocar.
—Paloma —susurró Olivia —Voy a intentar que me persiga. Si lo consigo, pon a salvo a Esme— Le ordenó, mientras acomodaba mejor sus temblorosas manos en la rama y golpeaba con fuerza el palo contra el suelo delante del amenazante animal. Este pareció de pronto atacar avanzando su cuerpo unos centímetros, con ligereza lanzó un zarpazo contra el palo sin llegar a darle. Tanto Olivia como Paloma chillaron asustadas al verlo moverse hacia ellas y corrieron para ponerse a salvo adentrándose entre los árboles. El grito de dolor de Esme las detuvo, haciéndoles comprender qué de nuevo su amiga estaba siendo atacada por la fiera.
Olivia miró a su alrededor en estado de pánico con el corazón casi saliéndosele del pecho. Estaba todo muy oscuro, tan solo algunas zonas estaban iluminada por los rayos de luna, pero podía distinguir la silueta de Paloma que apenas se había apartado de ella mientras corrían despavoridas.
—¡Tenemos que volver!— gritó con horror al comprender que su huida había dejado a Esme completamente a merced de la fiera.
El fuerte ruido de una pelea entre animales llegó en ese momento hasta ellas. Asustada, miraron en la dirección de donde provenía, la misma por la que habían salido huyendo.
—¡Dios mío que es eso!—exclamó con un quejido de miedo Paloma, llevándose asustada la mano a la boca como acto reflejo del miedo que sentía.
Sin contestarle, Olivia salió corriendo de vuelta al lugar de dónde habían huido con la clara intención de proteger a su amiga de la anterior amenaza y ahora también de la que había llegado nueva.
Paloma la vio irse de nuevo hacia el peligro y pensó llena de pánico en seguirla, pero su cuerpo se negó a moverse, paralizado en el sitio.
Olivia corrió como loca hacia el lugar de donde provenía el ruido de la pelea y ya desde lejos pudo entrever por la claridad lunar, que había más enormes cuerpos moviéndose allí donde antes había estado la fiera y su amiga. Antes de que se acercara lo suficiente, escuchó el fuerte lamento de un animal y después se hizo el silencio. Con fuerza cogió entre sus manos la rama que llevaba y no había soltado y sin pensarlo ni parar su loca carrera, se adentró chillando en el lugar de la trifulca, esperando encontrar otros depredadores en el lugar atacando a su amiga.
Lo que vio hizo que se parara de golpe, con el palo en alto amenazadoramente. Ante ella, tres enormes siluetas oscuras de hombres… o medio hombres y animal, estaban parados en semi círculo. Por la posición de sus cuerpos supo que estaban mirándola. El hombre animal más grande, estaba en el centro de los otros dos y en sus brazos cargaba lo que parecía ser el cuerpo de su amiga Esme
Uno de ellos, el de la izquierda, se apartó del grupo y se acercó despacio hacia ella, adentrándose en uno de los claros de luna, haciéndose visible a los ojos de Olivia. Con esfuerzo contuvo una exclamación de miedo y asombro cuando pudo verlo con más claridad, era el mismo ser que había aparecido delante de ella entre la niebla que se había levantado mientras llevaban a cabo el ritual y del que había intentado huir. Lo siguiente que su celebro aterrado registró fue la sangre, había mucha sobre su boca y manos… o garras, observó Olivia asustada. Otro dato que no pasó por alto fue la forma animal que tenía ese ser de moverse al andar, le recordó al de la fiera que les había atacado. Ese pensamiento hizo que sus ojos la buscaran nerviosos en la oscuridad por el último lugar dónde la había visto, hasta dar con una figura enorme, inmóvil y oscura que se entreveía en el suelo, detrás de los tres extraños seres.
—Está muerto, no os volverá a atacar. —
Olivia miró sorprendida al hombre que le había hablado y que en ningún momento había detenido su avance hacia ella. Este había extendido sus manos o garras frente a ella, mostrándole sus palmas, como queriéndole informar que no le iba hacer daño. En ese momento supo que eran seres inteligentes y que además hablaban el mismo idioma.
—¿Quiénes sois?— logró preguntar con voz temblorosa mientras daba un paso atrás para poner distancia entre ellos dos y miraba de pasada al ser que tenía en brazos a su amiga que para su angustia permanecía demasiado inmóvil.
—Somos Lobres de Clan de Nirud y tú eres mi compañera predestinada —le informó orgulloso Han adelantando otro paso hacia ella.
Olivia lo miró, no muy segura de comprender lo que le había dicho. Un ensordecedor aullido salió de pronto del hombre que cargaba a Esme, provocando que Olivia se sobresaltara y se encogiera aterrada.
—Sois… hombres lobos—exclamó mirándolos con los ojos bien abiertos, pudiendo ahora reconocer en ellos las partes de este animal que formaban la estructura de sus cuerpo.
—¡Vamos, no perdamos tiempo, mi compañera está sola en ese bosque! —exclamó nervioso de pronto Aslam, pasando por el lado de Han y de su hembra, dirigiéndose en la misma dirección por la que esta había aparecido, y por la que le llegaba el rastro de olor de la suya.
De la nada, un fuerte gritó entre pánico y horror surgió entre los matorrales que había a la izquierda de Aslam, provocando que este por instinto se agachara, se colorara en una posición defensiva y enseñara sus bien afilado colmillo a la nueva amenaza. Ante él apareció su compañera predestinada agarrando en alto y sobre su cabeza una gruesa rama, que descargó con fuerza sobre la cabeza de él lanzando un grito de horror.
El silencio absoluto cayó sobre el lugar. Aslam y Paloma se quedaron observándose mutuamente a los ojos, la mujer aterrada porque su golpe no había derribado al ser en el acto y Aslan asombrado por el inesperado acontecimiento y fuerza de su compañera.
Una fina hilera de sangre comenzó a deslizarse sobre la frente de Aslan hacia su barbilla y de ahí al suelo.
—Eres mi hembra predestinada— le susurró Aslam antes de derrumbarse inconsciente a los pies de ella, que lo miraba ahora con alivio.