Seis de la mañana, abro los ojos e inicias tu labor en mis pensamientos, recuerdo el mensaje de ayer, ese pequeño en donde casi me dijiste que te gusto, pero es que a veces eres un poco rara.
Me detengo un poco a imaginar, a imaginarnos, y sin querer, una mueca alegre se desliza de un lado a otro hasta desembocar en mis labios, si, eres el motivo para las fiestas de pueblo entre los habitantes de mis sonrisas, salgo al fin de la cama, más dormida que despierta, apendejada entre las conexiones de mis neuronas que aún no se logran y una imagen tuya en mi mente riéndote, que es el momento en que te encuentro aún más linda que nunca.
El sol apenas se asoma y prendo la luz para evitar pegarme con las esquinas en el dedo pequeño, siempre e sido torpe y ahora bajo tus efectos, parece que un camión podría atropellarme apenas ponga un pie afuera de la casa. Bajo la escalera, pongo a calentar un poco de agua, y en la espera, se me da por pensarte de nuevo, tronando una docena de cuetes en mi pecho, encendiendo las luces de navidad de mi alma sin ser invierno, y en medio del silencio, me queda claro, ¡CARAJO! Definitivamente me encantas más que el café por la mañana.