Una oleada de ternura se apodera de mi cuerpo y me coloco a su altura para abrazarlos también. Siento la humedad de sus lágrimas en mi cuello cuando entierran sus rostros en el mientras sollozan. ¿Eran ellos quienes pensaban en mí? ¿Gracias a sus palabras susurradas en silencio durante las noches lograba continuar viviendo en el infierno en que lo hacía? —¡Dam! —Escucho gritar a dos niños y siento como me envuelven entre sus brazos. Damián Palinchi. ¿Ese soy yo? Cierro los ojos con fuerza y siento que comienzan a descender lágrimas a través de mis mejillas. Estos niños solo tuvieron que verme un segundo para gritarme que soy su primo, ¿Estarán confundiéndome también? —Te extrañé mucho Dam. —Susurra la pequeña contra mi cuello con la voz entrecortada —Gracias por regresar, te amo mucho.

