Bajo las escaleras a toda prisa para llegar a la sala, donde nos espera ese hombre al que he esperado ver desde que me enteré de la verdad. Por su jodida culpa todos sufrimos durante meses. El causó todo el dolor que sentimos. A él le atribuyó cada lágrima que vi derramar a los niños y eso es algo que deberá pagar. Doy un largo respiro y miro a Stuart y a mí suegro, quien espera a unos pasos de mí. Sus miradas me dejan saber que siente el mismo desprecio que yo por ese hombre. Stuart aprecia mucho a Dam, como a un sobrino. Me lo dejó saber unos meses atrás. Entró en la sala y lo veo levantarse del sofá con una amplia sonrisa. Sus ojos nos ven a mi suegro y luego a mí con una sonrisa muy falsa. —Señor Palinchi, señor Marck mucho gusto —se acerca y me tiende la mano y luego a mí suegro. Sól

