ENTRE EL INCENDIO Y LA VERDAD

1794 Words
El silencio en el elevador era sofocante. Sofía podía escuchar su propio corazón acelerado, podía sentir cómo cada músculo de su cuerpo se tensaba a medida que subían. Piso tras piso. Número tras número iluminándose en ese rectángulo de metal frío. Adrián estaba completamente inmóvil a su lado, pero sus nudillos estaban blancos, sus manos se mantenían aferradas al borde de la barandilla como si fuera lo único que lo mantenía en pie. Ella lo miró. Realmente lo miró. Este no era el hombre que la había besado en la lluvia hacía apenas unos días atrás. Este era alguien diferente. Alguien que parecía estar librando una guerra interna que amenazaba con consumirlo. —Adrián... —comenzó ella, pero él levantó una mano. —No digas nada ahora. —su voz era cortante—. Cuando entremos a ese apartamento, necesito que dejes que maneje esto. Necesito que te mantengas detrás de mí. ¿Comprendes? —No comprendí nada en los últimos treinta minutos. ¿Por qué debería comenzar ahora? Él se giró hacia ella, sus ojos grises ardían con una intensidad que la atravesó. —Porque Lucas no es solo tu ex. Es un hombre que ha estado jugando con fuego durante años sin quebrarse. Un hombre que sabe exactamente cómo herir a las personas que importan. Y si tengo que elegir entre protegerte a ti o mantener mi dignidad, ya sabes qué elegiré. Las puertas del elevador se abrieron. El apartamento de Sofía se veía diferente o tal vez era ella quien estaba diferente. Miranda estaba de pie en el pasillo con los brazos cruzados, y Lucas... Lucas estaba en su sala de estar como si fuera su casa, con una carpeta en las manos y una sonrisa que la hizo sentir que se iba a desmoronar. —Sofía —dijo Lucas, como si acabara de llegar a una reunión casual—. Qué bueno que llegues. Creo que necesitas escuchar esto. —Sal de aquí. —la voz de Adrián fue tan baja que fue casi un susurro. Pero fue un susurro que tenía el peso de una amenaza. Lucas levantó las manos en un gesto de falsa inocencia. —Adrián. Qué sorpresa desagradable. Pensé que estarías ocupado limpiando tus secretos. —Luego miró a Sofía—. ¿Sabes? Hace años que espero este momento. El momento en que finalmente verías exactamente quién es él. —Cierra la boca. —¿O qué? ¿Me vas a golpear? ¿Aquí, enfrente de ella? —Lucas se movió lentamente, como un depredador que sabe que tiene a su presa acorralada—. Porque eso confirmaría exactamente lo que le voy a mostrar. Que tú y tu padre no son tan diferentes. Miranda exhaló bruscamente. Sofía sintió que Adrián se tensaba al lado de ella. —Lucas, no sabes lo que estás... —¿No sé qué? —Abrió la carpeta con dramatismo estudiado—. Sé exactamente lo que pasó el día que tu padre desapareció, Sofía. Sé que no fue depresión. Sé que fue algo mucho más oscuro. Sofía no podía respirar. Miraba la carpeta como si fuera una bomba a punto de explotar. —¿Qué hay ahí? —preguntó, aunque temía la respuesta. —La verdad que Adrián ha estado guardando desde el principio. —Lucas extendió la carpeta hacia ella—. La verdad sobre lo que su padre pagó para que yo hiciera. Adrián se movió en un segundo. Fue tan rápido que ni siquiera Sofía vio el momento exacto en que atravesó la sala. Su mano conectó con el marco de la carpeta, haciéndola volar de las manos de Lucas, los documentos se esparcieron por todo el piso. —Te dije que no vinieras aquí —gruñó Adrián, su cuerpo bloqueó completamente a Lucas de la vista de Sofía—. Te dije que si volvías a amenazar a mi madre, si volvías a respirar en la misma dirección que ella, iba a asegurarme de que pagaras por cada centavo que mi padre te dio hace años. Lucas rió, un sonido que no tenía humor. —¿Con qué, exactamente? ¿Con los videos que grabaste? ¿Con las confesiones que obtuviste ilegalmente? —se limpió la sangre de su labio donde Adrián evidentemente lo había golpeado—. Porque en caso de que no lo sepas, yo también tengo abogados. Muy buenos. Muy caros. —Y van a ser completamente inútiles cuando todo esto salga a la luz. —Adrián se acercó más—. Mira, Lucas, tienes dos opciones. La primera es salir de este apartamento ahora mismo, desaparecer, y esperar que sea misericordioso cuando mis investigadores terminen de construir un caso contra ti que sea tan herméticamente sellado que ni los mejores abogados del país puedan salvarte. La segunda... —¿Cuál es la segunda? —preguntó Lucas, aunque su arrogancia estaba comenzando a resquebrajarse. —Si continúas amenazando a la gente que amo, descubrirás exactamente qué tan lejos estoy dispuesto a llegar para protegerla. Sofía vio el momento en que Lucas comprendió. En el que finalmente entendió que Adrián no estaba bromeando. Que este hombre no era un CEO que simplemente estuviera protegiéndose a sí mismo. Era un hombre que estaba dispuesto a incendiarlo todo si eso significaba mantenerla a ella segura. Lucas retrocedió lentamente. Sus ojos se encontraron con los de Sofía por un segundo, y ella vio en ellos la verdad. No era la verdad de lo que había hecho hacía quince años. Era la verdad de lo que vería si intentaba hacer algo ahora. Miedo. Cuando Lucas finalmente salió del apartamento, el silencio que quedó fue ensordecedor. Miranda fue la primera en romperlo tras salir de su escondite. —j***r —susurró, mirando a Adrián como si acabara de verlo realmente por primera vez—. Eres completamente diferente cuando la proteges. Adrián no respondió. Simplemente se giró hacia Sofía, y ella vio toda la vulnerabilidad que había estado ocultando durante la confrontación. Vio a un hombre que tenía miedo. Miedo real. —¿Sofía...? —comenzó, pero ella levantó una mano. —Necesito que me digas exactamente qué pasó. —su voz era sorprendentemente firme—. No mañana. No en una semana. Ahora. Cada cosa. Cada secreto. Cada razón por la que Lucas sabía lo suficiente como para venir aquí con documentos. Adrián caminó hacia la ventana. La ciudad parpadeaba debajo de ellos, indiferente al incendio emocional que se estaba consumiendo en este apartamento. —Tu padre descubrió que mi padre estaba lavando dinero sucio. No solo fraude, Sofía. Dinero que venía de tráfico, de extorsión, de cosas que no puedo ni mencionar sin sentir que la piel se me quema. Cuando tu padre intentó ir a la policía... —se detuvo. Su mandíbula temblaba—. Lucas lo detuvo y... mi padre le pagó. Con mucho dinero. —¿Y tú lo sabías? —preguntó Sofía, aunque ya conocía la respuesta. —No lo supe con certeza hasta hace cinco años. Pero cuando descubrí la conexión, cuando mi madre investigó y encontró la evidencia... —se giró hacia ella, sus ojos estaban llorosos—. Mantuve a Lucas cerca. No porque fuera compasión, sino porque cada día que lo vigilaba era un día en que sabía exactamente dónde estaba la amenaza. Cada día que trabajamos juntos era un día en que podía construir un caso contra él. Lentamente. Cuidadosamente. Sin destruirte en el proceso. —¿Y yo? —preguntó ella con la voz quebrada—. ¿Yo fui simplemente parte de tu plan? —No. —Adrián se movió hacia ella con tanta urgencia que Miranda automáticamente se retiró a la cocina, dando espacio—. Tú fuiste lo impredecible. Tú fuiste el único factor que ningún plan podría haber anticipado. Cuando te vi en ese bar, cuando vi a una mujer ardiendo por dentro, yo... —sus manos se levantaron, sus dedos rozaron su rostro—. Olvidé todos mis cálculos. Olvidé la estrategia. Solo supe que no podía perderte. —Entonces, ¿qué fue la noche en el hotel? ¿La cena? ¿Todo esto? —preguntó ella, retrocediendo—. ¿Orquestado? ¿Planificado? —Fue real. —su voz era desesperación pura—. Desde el primer beso, fue real. Sí, comencé a investigarte. Sí, sabía quién eras antes de que tú lo supieras. Pero lo que siento por ti, lo que he estado sintiendo desde que mis manos te tocaron, eso no puede ser simulado, Sofía. Eso no es calculado. Eso es lo único en mi vida que no está bajo mi control. Sofía lo miró. Realmente lo miró. Vio las cicatrices emocionales en sus ojos, vio el hombre que había sido moldeado por los demonios de su padre, que había pasado años intentando ser diferente y que ahora estaba aquí, completamente expuesto. —Si voy a confiar en ti —dijo lentamente—, necesito algo de ti. —Lo que sea —respondió inmediatamente. —La verdad. Toda. Sin editores, sin omisiones. Y un compromiso. Que nosotros enfrentemos esto juntos. No me protejas guardándome secretos. Confía en mí lo suficiente como para permitirme estar en esto contigo. Adrián asintió, aunque ella vio el costo que le cobraba. Vio a un hombre que había pasado años guardando el control, siendo forzado a soltarlo. Se acercó a ella, sus manos encontraron su rostro, inclinó su frente contra la de ella. —Te amo —murmuró—. Y eso es lo más aterrador que he confesado en mi vida. Porque ahora, no tengo nada que me proteja si tú decides que esto es demasiado. Sofía no respondió con palabras. En su lugar, lo besó. No fue un beso de pasión. Fue un beso de elección. De alguien eligiendo quedarse, a pesar de todo. Cuando se separaron, Adrián mantuvo sus manos en su rostro, como si tuviera miedo de que desapareciera si la soltaba. —¿Y ahora qué? —preguntó ella. —Ahora —respondió Adrián con sus ojos encontrando los de ella en la oscuridad—, enfrentamos esto. Juntos. Sin importar lo que eso signifique. Miranda salió de la cocina con tres tazas de café y una expresión que decía que había estado escuchando todo. —Bien. Porque tenemos mucho trabajo que hacer, y ustedes dos se ven como si necesitaran cafeína y un plan. Sofía sintió que algo cambió en ese momento. No fue que sus problemas desaparecieran. No fue que de repente todo fuera perfecto. Fue que, por primera vez, no estaba sola en esto. Tenía a Miranda. Tenía a Adrián. Tenía fuego, sí, pero finalmente tenía a alguien dispuesto a quemarse con ella. Y a veces, eso era suficiente. A veces, eso era todo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD