Nuestro amor se convirtió en la sombra de nuestros defectos. Éramos dos personas rotas que trataban de juntar los pedazos de su ser. Removíamos las sábanas, movía mi pelvis, ella su cadera. Suspiraba mi nombre, yo drenaba mi afecto en su cuerpo. Gota con gota, el sudor era de ambos, olíamos a la piel del otro. Pese a esto, teníamos relaciones en un barco que naufragaba en la incertidumbre. Las nubes lloraban y las olas amenazaban con destruir la nave. Ella y yo seguíamos abrazados, solo la luz repentina de un relámpago alumbraba el lecho. Cuando un trueno retumbaba en la atmósfera, un orgasmo estremecía nuestros cuerpos. Aquella tormenta era el producto de nuestras discordias, el mar había crecido por nuestras lágrimas, y el barco, que construimos por tres años, iba a hundirse antes de

