Te conocí entre mis decepciones. No imaginaba que serías la esperanza de este averno. Yo estaba podrido por dentro, pues me consideraba un c*****r. Tú significaste la luz en esta tierra inhóspita. Nadie quería habitar este segmento olvidado por el mundo. Pensaba que, yo, era una isla hasta que tu voz me habló por primera vez: supe encontrar el canto que me guiara en el mar profundo. Mi familia dividida es una interpretación de esta vida que he llamado, de por sí, soledad absoluta: una complejidad disfuncional sin lógica ni sentido. Cuando los otros miran televisión, abstraídos por el copular de los animales en un documental de pingüinos en el ártico, pienso en ti. Permanezco en el interior de un abismo similar al valle de los ciegos de H. G Wells y, a veces, llego al punto de creer que el

