NINA —¿Qué quieres decir, Luca? El baloncesto es lo tuyo. Juegas casi todos los días—, dije fingiendo inocencia. —Nina—, me advirtió Luca. —Vale, vale, está bien—, suspiré. —¿Qué pasa? —Quiero hablar contigo—, dijo Luca, dejándose caer en mi cama con un “uf”. Me dio una palmada en el sitio que había a su lado. Me senté con vacilación y Luca no perdió tiempo en atraerme hacia él y recostarse contra el cabecero. —Luca—, suspiré, apretándome contra su pecho mientras me besaba en la mejilla. Se apartó rápidamente. —¿He hecho algo mal?—, murmuró. —No, nada malo—, dije, —pero ¿por qué estás tan cariñoso? —Quiero hablar. —Ya lo has dicho. —Hazme el favor, Nina. —Está bien. Me quedé en sus brazos durante un minuto más o menos, hasta que volvió a hablar. —¿Qué quieres? —¿Qué quieres

