Pareja de traviesos

1237 Words
NINA Después de dos horas y 41 tacos desaparecidos, Tessa dormía sobre mis piernas como si nada, mientras Isla y Noah se distraían afuera con helado. En el campo de batalla de los tacos, Luca llevaba 21, Elías 20. —No puedo más —dijo Elías, casi derrotado. —Ganaste. —SI —celebró Luca, levantando un puño al aire, aunque parecía a punto de explotar. Me levanté con cuidado, cargando a Tessa en brazos, y Luca me siguió renqueando como un soldado herido. No dejó de quejarse todo el camino al coche. Pasamos por la heladería a buscar a Isla y Noah, y luego dejamos a Isla en su casa. Eran las nueve cuando subí a Tessa a su cama. Noah ya se estaba cambiando para dormir y Luca se desparramaba en el sofá, rendido. —¿Te quedas esta noche? —preguntó entre bostezos. —¿Qué? —dije sin entender a qué venía eso. —Mañana tengo fútbol a las seis, y Tessa se levanta a esa hora también. A menos que quieras venir aquí antes de que salga el sol… —No traje ropa… Tal vez la próxima vez —dije, caminando hacia la puerta. —Entonces no uses nada —bromeó Luca, esa sonrisa suya tan molesta como familiar. Suspiré. —¿Vas a poder con todo? —Sí —respondió con voz adormilada. —Bien. Buenas noches. Salí. Cuando llegué a casa, el reloj marcaba casi las diez. Milo me esperaba en el porche con cara de pocos amigos. —¡Por fin! Pensé que te habías quedado a dormir con ese tal Luca —dijo, cruzado de brazos. —Por favor, no seas asqueroso —repliqué. —Solo se pusieron a competir por ver quién se comía más tacos. —¿Y quién ganó? —Luca. —Maldición —murmuró Milo. —Sí, ya sé… —Bueno, buenas noches, hermana —soltó y se metió en la casa, dejándome la puerta en las narices. —Buenas noches, Milo —dije en voz baja. Esto apenas empieza, pensé. Y ya estoy agotada. * Vale… al final Luca tenía toda la razón. Haberme quedado a dormir habría sido mucho más sensato. El plan era levantarme a las cinco, pero claro, el despertador sonó y yo ni lo escuché. Me levanté con el tiempo justo, me cepillé los dientes a toda velocidad, agarré lo primero que encontré: una camiseta vieja y unos leggings. Como no daba tiempo para vestirme bien, los metí en una bolsa, todavía en pijama, y salí casi volando. Llegué a casa de los Duarte con lo justo. Usé la llave que me dejó la señora Duarte, abrí la puerta y entré. Luca ya estaba en la cocina, mezclando algún polvo raro con leche o agua, supongo que algo energético. Ni me miró. —Te lo advertí, Nina. Deberías haberte quedado —dijo sin apartar la vista del vaso. Puse cara de “sí, lo sé” y seguí directo al baño para cambiarme. Luego subí para despertar a los niños. Primero fui con Tessa. Abrí con cuidado y me acerqué a su cama. —Tessa, toca levantarse —le dije bajito. Ella murmuró algo, medio abrió los ojos y se sentó lentamente. Ahora venía la parte complicada: Noah. Me quedé unos segundos frente a su puerta dudando si tocar o no. Al final llamé con los nudillos. —Noah, arriba. Vamos. Es hora —dije con firmeza. Silencio. Volví a llamar. Nada. Así que entré. Lo encontré dormido como una roca. —¡Noah! —grité un poco más fuerte. —Déjame… no quiero ir al colegio —se quejó, tapándose más con la sábana. —Si no te levantas, voy a buscar un balde con agua helada —le advertí. —No puedes hacer eso —murmuró medio dormido. —¿Y por qué no? —Porque anoche destruí todos los baldes —respondió. Me reí por dentro. Qué genio. —¿E Isla? ¿No la vas a ver hoy? —dije como si nada. De repente, Noah saltó de la cama como si le hubieran puesto un resorte. Corrió directo al armario. —¡Estoy despierto! ¡Estoy despierto! —gritó. —¡Y yo estoy traumada! —dije tapándome los ojos. Nota mental: Noah duerme en ropa interior. Importante para evitar futuros traumas. Bajé para preparar algo de desayuno y recibí un mensaje de texto de la señora Duarte: Antonina: Asegúrate de que Noah y Tessa se vistan. Dales de desayunar. Acompaña a Tessa a la parada del bus, los vecinos la estarán esperando. Llévate a Noah al cole contigo. Todo saldrá bien. – Rosa Duarte PD: Tessa se hace la despierta, pero en cuanto te vayas se vuelve a dormir. Prende la luz porque no llega al interruptor. Ups. Subí de nuevo y, como decía el mensaje, Tessa ya estaba acostada otra vez. —Tessa, mi amor, arriba otra vez —susurré. Ella hizo un ruidito de protesta. No me quedó otra que prender la luz. Se quejó un poco, pero esta vez sí se levantó de verdad. En la cocina preparé huevos revueltos y algo de bacon que encontré, junto con un cartón de jugo de naranja. Todo bastante improvisado. —¡Tessa! ¡Noah! ¡Desayuno listo! —grité desde las escaleras. Escuché dos pares de pasos: uno pesado y rápido, y otro más suave, pero igual de entusiasta. —¡Comidaaaa! —gritó Tessa feliz. Se sentaron y empezaron a devorar. Yo me uní a ellos, mientras tomaba mi jugo tranquila. Hasta que… —¡Eww! ¡¿Te tomaste eso?! —gritó Tessa con su vocecita escandalizada. —¿Esto? ¿El jugo? —pregunté, algo confundida. Noah soltó una tos que claramente era una risa disimulada. —Sí, ese es el cartón de Luca —dijo Tessa. —¡Él toma directo de ahí! ¡Qué asco! Casi me ahogo. Corrí al fregadero para escupir lo poco que quedaba en mi boca. —¡Le diste un beso sin querer! —bromeó Noah, muerto de la risa. —¡¿Qué?! ¡Claro que no! —grité, horrorizada. —¡Sí que sí! —saltó Tessa. —¡Si su saliva estaba ahí y tú la bebiste, eso cuenta como beso! Noah ya no podía más del ataque de risa. Tessa se estaba riendo también, aunque con cara de asco. —¡Eso es repugnante! —dijo Tessa, y entonces se quedó congelada. —Ya basta los dos —intervine, medio entre risas y frustración—. Tessa, deja de gritar. Noah, compórtate con tu hermana. Me miraron como si me hubiera vuelto loca y, como si fuera una coreografía ensayada, dijeron a la vez: —¡Pero ella empezó! —¡Pero él empezó! Suspiré. —Voy a terminar con esto ya mismo —dije. Soné tan igual a mi madre que me di escalofríos. —Awww —dijeron los dos al mismo tiempo. Rodé los ojos. Miré el reloj. ¡Las 7:10! —¡Mochilas! ¡YA! ¡Nos vamos! —grité. Corrieron escaleras arriba a buscarlas y luego salimos. Dejamos a Tessa en la parada del autobús y Noah y yo fuimos al coche. —¿Listo? —le pregunté al subir. —¡Vamos allá! —respondió, como si estuviéramos a punto de lanzarnos a una aventura épica. No lo fue. Pero al menos llegamos.
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