Capítulo 21: Decepciones

1125 Words
Una semana después EVA Miércoles, 16:11 pm. Después del trabajo, decidí dar un paseo por el paseo marítimo. No quería estar sola en casa, pero tampoco deseaba visitar a Matías en su trabajo como solía hacerlo tras terminar mi jornada laboral. En cierto sentido, me había restringido en ciertas cosas con él, como largas conversaciones, pasar mucho tiempo a solas o incluso a hacer el amor. Mi experiencia previa con engaños y traiciones me había convertido, en cierto modo, en una experta en detectar señales de problemas en las relaciones. Ya no era una novata en relaciones donde siempre salía perdiendo, donde me mentían y herían. Eso ya lo había vivido en mi antigua relación con Pablo, y desgraciadamente, ahora lo estaba experimentando con Matías. A pesar de que mi mente me decía que probablemente acabaría de la misma forma que antes, con el corazón roto y mi autoestima destrozada, mi corazón tenía fe en Matías y me hacía reflexionar sobre la situación, haciéndome creer que él era diferente. Mientras caminaba por el paseo marítimo, me distraje observando el intenso azul del mar y reflexionando sobre lo que estaba viviendo. Decidí ponerme mis auriculares y escuchar música para distraerme y evitar pensar en aspectos negativos de mi relación. 'Cause baby you look happier you do Ain't nobody love you like i do Promise that I will not take it personal, baby If you're moving on with some new 'Cause baby you look happier you do My friends told me one day I fell it too And until then I'll smile to hide the truth But I know I was happier with you... La letra de esa canción describían perfectamente cómo me sentía emocionalmente en ese momento. Aunque podía estar siendo un tanto exagerada, ya que nada estaba confirmado, pero ¿y si era cierto lo de Mar? Finalmente, continué escuchando lo que quedaba de la canción. Esta era una de mis canciones favoritas y se había convertido en un símbolo especial para mí. Y es que no todos los cantantes lograban escribir letras con las que la gente pudiera identificarse de manera tan profunda, y mucho menos muchos de ellos ponían tanto sentimiento en sus voces, convirtiendo la melodía en una auténtica obra de arte, como lo hace Ed Sheeran. 23:56 p.m. Llegué a casa bastante tarde, ya que le pedí a García que me llevara y recogiera del paseo marítimo. A menudo, él me acompañaba y cuidaba después del trabajo, lo cual me parecía un tanto extraño, porque no estaba acostumbrada a tener un guardaespaldas. Sin embargo, dado que él ofrecía su servicio, no quería desperdiciarlo. Con el tiempo, García y yo nos habíamos convertido en amigos. Era un hombre humilde y simpático, características que no eran evidentes al principio, puesto que a menudo parecía serio y tenía un semblante que podría asustar a cualquiera que lo mirara durante mucho tiempo. Pero en realidad, cuando interactuabas con él, era amable y mostraba un lado más pacífico y agradable. García: — ¿Cómo le fue en el paseo, señorita? — preguntó mirándome por el retrovisor mientras conducía. — Bien, supongo — respondí, intentando no parecer decepcionada, aunque mi voz probablemente traicionó mis sentimientos. — ¿Matías ya estará en casa? García: — Sí, señorita — respondió. En tanto, miré por la ventana, sumida en mis pensamientos sobre la situación que estábamos viviendo Matías y yo y las posibles implicaciones para nosotros. 1:02 a.m. García: — Buenas noches, señorita Ladislau — Puedes llamarme Eva si quieres. No hace falta tanta formalidad García: — Hasta mañana, señorita — dijo, inclinando la cabeza en señal de despedida, y salió de la casa. Luego, fui a la habitación y encontré a Matías trabajando en su ordenador. En los últimos días, había estado muy ocupado y no quería molestarlo. Además, sentía un cierto temor a estar cerca de él. Matías: — ¿Cómo estás? Me dijo García que te llevó al paseo marítimo Se giró para mirarme, ya que estaba de espaldas, y su mirada se encontró con la mía. — Estoy bien Matías: — Podrías haberme dicho, y habría ido contigo — No quería molestarte — dije, dejando mi bolso sobre la cama. — Estaba pensando en el asunto y quiero decirte que voy a apoyarte Matías: — No hablemos de eso ahora — Pero quiero decírtelo. Quiero que sepas que, aunque esto no sea fácil para mí, te ayudaré y estaré a tu lado si eso es lo que deseas. No será fácil ni para ti ni para mí, pero lo intentaremos Matías: — He investigado un poco, o mejor dicho, mis hombres lo han hecho. Me informaron que ella estuvo involucrada en la prostitución durante varias semanas, lo que sugiere que es muy probable que no tenga nada que ver conmigo en este asunto — mencionó. Mientras tanto, fui al armario para buscar mi pijama y comenzar a desvestirme. — Y… — ¿Qué? — pregunté levantando la mirada. Me quité la camiseta y solo quedé con el brasier, causando que Matías se quedara mirando mi cuerpo. Y no, no pude contenerme. Su mirar me causaba mucho aunque estuviera feliz o no con él. Igualmente, desnudarme delante de él en estos momentos posiblemente no había sido una buena idea. Matías: — Da igual ese asunto, porque hay otro que es más importante ahora — declaró mientras se ponía de pie. — No, Matías Matías: — ¿Por qué no? Ya no lo hemos hecho — afirmó, tomándome por la cintura. — Olvidémonos de todo esto por un momento, ¿sí? No quiero que te preocupes Me miró a los ojos, y aunque al principio dudé en decir que sí, mis deseos me traicionaron. En realidad, anhelaba volver a sentir el amor de Matías, que no me lo dijera, sino que me lo demostrara. — Te amo — dije, olvidando todo lo demás y concentrándome solo en ese momento. Matías: — Yo también te amo — susurró mientras acariciaba mis mejillas y después me dio un beso en la boca. ¡Mierda!, cuánto echaba de menos esos besos. Luego, bajó con besos a mi cuello para después dar pequeños besos sobre mis pechos. Tiré la cabeza hacia atrás, disfrutando del momento y olvidando todo. Si había problemas que resolver se resolverían más adelante, pero justo en estos instantes, no quería pensar en nada más que no fuese en lo bien que sentía volver a hacer el amor con Matías. Matías: — Me había aguantado tanto las ganas de volver a sentirte. No te imaginas cuánto — susurró en mi oído. — No hables, solo muéstrame lo que dices Él sonrió y me regaló otro beso. Su abrazo me envolvía, una sensación indescriptible que solo podía disfrutar en silencio.
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