Capítulo 4: Un pequeño paso a la libertad

2332 Words
Sábado, 14:55 pm. Había pasado una semana desde mi regreso de Alemania, un país hermoso del cual me hubiera gustado quedarme más tiempo explorando, aunque solo había visto una parte de Berlín. No obstante, debía regresar a la realidad de mi trabajo en la peluquería y a mi vida en España. Pablo y yo estábamos en camino a visitar a mi padre, a quien no veía desde hace tres meses. Esta vez, mi esposo aceptó acompañarme, lo cual me sorprendió gratamente porque no siempre lo hacía. Durante el viaje, que duró aproximadamente dos horas, me sumergí en la música de mi teléfono para distraerme de los problemas en mi matrimonio. Las palabras de mi amiga Paula resonaban en mi mente: "¿Y si te divorcias?" Era una pregunta que rondaba mis pensamientos. Mientras tanto, recordé cómo conocí a Pablo. ___________________________________ INICIO DEL FLASHBACK Me dirigía a casa de una amiga llamada Evelin cuando mi coche se averió debido a los baches en una calle en mal estado. Al comprobar que tenía una llanta pinchada, salí del coche en busca de ayuda, y entonces apareció mi salvador: un hombre llamado Pablo. Pablo: — ¿Qué ha sucedido? — preguntó bajándose de su coche. — Una de las llantas se ha pinchado. ¿Puedes ayudarme? Pablo: — Tienes suerte, soy mecánico — ¿¡En serio!? — pregunté emocionada mientras él sonreía. Pablo: — Te ayudaré si aceptas ir a tomar algo conmigo, después — dijo con un rostro coqueto. — Tengo que ir a casa de una amiga Pablo: — Está bien, no hay problema — dijo y se acercó a mi coche. — ¿Tienes una llanta de repuesto? — No Pablo: — Yo tampoco tengo una en mi coche, pero podemos llamar a una grúa si tienes seguro y que se lleve el coche. Luego podrías pasarte por mi taller para recogerlo — explicó mientras se arrimaba en mi coche y me veía con su rostro coqueto. Él tenía el cabello n***o, ojos café oscuros, una barba posiblemente de unas dos semanas y su aspecto me pareció agradable. — Está bien Pablo: — Tu coche no funciona, así que si quieres, te llevo a casa de tu amiga para que no vayas caminando — mencionó y yo iba a decirle que no, obviamente porque era un extraño, pero finalmente acepté, ya que el sol que había a esa hora era abrazador. A pesar de eso, cuando nos subimos en su coche siempre mantuve mi móvil encendido por si se daba el caso de que me secuestrara o me hacía cualquier cosa, pero gracias a Dios no sucedió nada y pude llegar a la casa de Evelin sana y salva. Es más, Pablo resultó ser una compañía amigable y simpática, y me contó detalles de su vida mientras me llevaba a casa de Evelin. Pablo: — ¿La idea de ir a tomar algo todavía sigue en pie? — preguntó antes de que bajara del coche. — Lo averiguaremos cuando vaya a tu taller — respondí. Sonreímos, y así comenzó nuestra historia que nos llevó desde aquella tarde en un bar tomando una cerveza hasta convertirnos en novios y, dos años después, en esposos. FIN DEL FLASHBACK ___________________________________ — Hola papá, ¿cómo estás? Xavier: — Hola hija, muy bien, ¿y tú? —preguntó, y aunque en mi corazón deseaba expresar lo mal que me sentía, no lo hice, no solo porque Pablo estaba a mi lado, sino también porque no quería preocupar a mi padre. — Bien Xavier: — ¿Y tú, Pablo, cómo estás? Pablo: — Perfectamente — respondió, estrechó la mano de mi padre y entramos a la casa. Xavier: — He hecho una barbacoa para celebrar que habéis venido — Muchas gracias, papá, te quiero — dije y le di un beso en la mejilla. 17:33 p.m. El almuerzo estuvo delicioso. Mi padre era un buen cocinero, y sus platos siempre me gustaban. Después de la comida, mi padre y yo nos dirigíamos hacia un lago cercano, alejándonos de Pablo, que se quedó hablando por teléfono dentro de la casa. Xavier: — ¿Cómo te va con Pablo? — Bueno, las cosas podrían ser mejores, pero así es la vida de casados, ¿no? Hay momentos en los que surgen problemas y otros en los que se es feliz — dije y mi padre puso su mano en mi hombro, notando que algo no estaba bien. Xavier: — Pero no te quedes con esa idea. Eres la única que puede decidir qué hacer con tu matrimonio. Si crees que vale la pena luchar por ello, hazlo. Pero si ves que hay más dificultades que posibilidades, es mejor marcharse, aunque duela. Hija, si no eres feliz con Pablo y él ya no te hace feliz, ¿por qué no te separas? — Porque confío en él, tengo fe en que algún día cambie Xavier: — Pero recuerda, no estarás esperando por alguien que quizás nunca vuelva toda tu vida. Prométeme que, si tu relación no mejora, buscarás algo mejor — Lo pensaré Xavier: — Solo quiero verte feliz, hija — Y yo quiero que me veas así — respondí, le abracé, y él me dio un beso en la frente. Xavier: — Te quiero — Yo también, papá Pablo: — ¿Nos vamos? Si no, llegaremos muy tarde a Barcelona — dijo acercándose a nosotros. — Vale Xavier: — Cuídate, te quiero, y no olvides lo que te dije — dijo, abrazándome de nuevo y besándome en la frente. — Sí, papá. Te quiero, y vendré a visitarte cuando pueda. Sabes que te escribiré todos los días por w******p — dije, y él sonrió. Pablo: — Hasta luego Xavier: — Adiós, buen viaje Pablo: — ¿A qué se refería con lo que dijo antes? — preguntó al alejarnos de mi padre. Salimos del recinto y subimos al coche. — Nada, solo hablábamos sobre la posibilidad de mudarnos por aquí, pero le dije que no. Preferimos vivir en la ciudad — respondí, obviamente mintiéndole, para ahorrarme una discusión y por suerte él se creyó lo que dije. Miércoles, 11:04 a.m. Paula: — Amiga, ven — dijo, jalándome del brazo y llevándome al lavabo de la peluquería. — ¿Qué pasa? Paula: — Una amiga me recomendó un abogado bastante profesional, aunque el problema es que no será barato — ¿Un abogado? ¿Para qué? Paula: — ¡Ay! Para ir a bailar samba. ¿¡Qué más va a ser!? Obvio que para el divorcio — Pero… Paula: — Cariño, deja de pensar tanto. Tú, las chicas y yo sabemos que tu matrimonio, con todo respeto, es una mierda. Es hora de dejar la basura de lado y seguir con tu vida — Pero aún estoy pensando Paula: — Está bien. Avísame cuando estés segura. Creo que ya lo estás, pero no te atreves a aceptarlo. Por ahora, aquí está la información de la oficina del abogado — ¿La oficina está en Barcelona? Paula: — Sí, primero tienes que llamar a ese número y pedir una cita — Pero, ¿cómo puedo hacer esto? ¿Y si Pablo se entera? Todavía no le he dicho Paula: — No se lo digas, solo averigua cómo puedes hacerlo. Cuando llegue el momento y todo esté en orden, le pides el divorcio y listo — Está bien, pero si veo que puedo salvar mi relación, no lo haré Paula: — Como quieras. Ahora, a trabajar. Vamos — dijo, alejándose, y yo miré la tarjeta que me había dado, llena de dudas sobre si debía o no llamar a ese número. 20:11 p.m. Volví a casa, exhausta del trabajo, ya que los miércoles y viernes cerrábamos más tarde. Pablo estaba en el sofá, viendo la televisión. — Hola cariño, ¿cómo estás? ¿Por qué has vuelto tan temprano? — pregunté mientras le besaba en la mejilla. Pablo: — No tuvimos mucho trabajo hoy — respondió sin apartar la vista de la pantalla. Tras darle el beso, sabía que no obtendría más respuesta, ya que él nunca se interesaba por mi día. Así que me dirigí a la habitación y me duché. Luego, al buscar alguna pijama en el armario para ponerme, se me cayó al suelo el peine con el que cepillaba mi cabello. Me puse de rodillas y cuando tomé otra vez el peine del suelo, me di cuenta de que había algo tirado debajo de la cama, por lo que me acerqué y lo cogí con el palo del peine. Era una braga con encaje de color azul y estaba claro que eso no era mío porque yo no andaba dejando tiradas mis cosas por ahí, además de que yo no usaba nada de eso. — Pablo, ¿de quién es esto? — pregunté, disgustada, arrojándole la prenda. Pablo: — ¡No tengo idea! Probablemente sea tuya — No es mío. Hice una limpieza hace dos días, y no había nada debajo de la cama. ¿De quién es? Estaba enojada y desilusionada. Ni siquiera sabía lo que sentía en ese momento. Pablo: — ¡Joder, no sé! — gritó, y como no me lo diría, dejé de insistir. — ¿Dónde vas? — pregunté al verlo tomando las llaves de casa. Pablo: — Al bar — ¿Para eso su tienes tiempo? ¿Tienes tiempo para ir a beber, pero no para responder mis preguntas? Esto es importante, ¿sabes? Estaba a punto de llorar y él salió del departamento sin decir nada más. Mis lágrimas no se contuvieron en ese momento. Esta era una prueba más para saber que mi relación era completamente una mierda. Yo estaba a punto de rendirme y de dejar todo el caos a un lado porque ya me había cansado, ya era suficiente. Una semana después Lunes, 9:56 p.m. Mi relación continuaba igual, a pesar de mis esfuerzos. Anoche, Pablo y yo tuvimos otra discusión, lo que me llevó a tomar una decisión. Con determinación, fui al lugar que mi amiga me había recomendado. — Hola, disculpa, tengo una cita a las diez con el abogado Leonardo Melgar — le informé a la recepcionista. Recepcionista: — Está bien, espere aquí. El señor Leonardo la llamará en breve Agradecí y me senté en la sala de espera. Pocos minutos después, un hombre de cabello castaño con algunas canas y ojos verdes me invitó a su oficina. Leonardo: — ¿Es usted Eva Ladislau? —preguntó, revisando un papel. — Sí, soy yo — respondí, sorprendida al reconocerlo como el millonario del evento en Alemania, aunque no sabía que era abogado. Leonardo: — ¿Cuál es el motivo de su visita? Me informaron que se trata de un asunto matrimonial — Sí, estoy considerando el divorcio Leonardo: — ¿Está su esposo de acuerdo? — No Leonardo: — ¿Entonces? — Es un asunto complicado Leonardo: — ¿Cree que su esposo estará de acuerdo? — Espero que sí Leonardo: — Bien. Le aviso que la estoy atendiendo yo porque ahora mismo no hay otro abogado, no porque no sería yo quien llevaría este caso. Mi hijo Matías la ayudará. Él es un abogado matrimonialista y está más capacitado que yo para estos asuntos. Lo contactaré para que puedan establecer una cita y discutir su situación. ¿Cuándo le vendría bien? — Cualquier día de la semana me viene bien, pero preferiría que fuera lo más pronto posible Leonardo: — De acuerdo, se lo comunicaré a mi hijo. Que tenga un buen día — Gracias. Por cierto, aquí están los documentos que me solicitó Leonardo: — ¿Son copias de los documentos oficiales? — Sí Leonardo: — Muy bien. Cuando regrese la próxima vez, se los devolveré — Está bien Leonardo: — Por cierto, ¿usted fue quien me sirvió durante el evento de modelaje en Alemania? — Sí, esa fui yo. No tenía idea de que era abogado Leonardo: — Sí, además de mi carrera legal, también estoy involucrado en eventos como ese, soy uno de los principales colaboradores, y tengo otros intereses. Siempre tuve la sensación de haberle visto antes, solo que no la terminaba de reconocer — Hasta luego Leonardo: — Adiós, que le vaya bien Nos despedimos, y salí del edificio. Ya estaba hecho. Había dado el primer paso para recuperar mi libertad. 11:22 p.m. Paula: — Amiga, ¿cómo te fue? — Bien, creo. Me asignarán otro abogado Paula: — Bien. ¿Cuándo se lo dirás a Pablo? — Cuando todo esté listo y solo falte su firma para poner fin a esto Estaba emocionada. La perspectiva de volver a ser una mujer soltera sin preocupaciones me entusiasmaba, a pesar de que sabía que el proceso no sería fácil, considerando que tendría que lidiar con Pablo hasta que todo se resolviera. — Por cierto, me enteré de que Pablo me fue infiel el otro día Paula: — ¡Ves!, es que te lo dije. Te dije que lo había visto con una prostituta en el puticlub de la esquina cuando pasé cerca un día y no me creíste — Tienes razón, lo siento, tuve que creerte Paula: — No sabes cuánto lo lamento. Esto no estará siendo fácil para ti — dijo poniéndome su mano sobre mi hombro. — Y es que encima, se atrevió a llevarla a mi casa y decirme que no había hecho nada Paula: — ¡Qué desgraciado! Pero, con eso, te das cuenta de lo que él es. No es tu culpa que te haya sido infiel porque sé que tú siempre diste el cien por ciento en tu relación y si él decidió hacer eso es porque es un c*****o — mencionó y asentí. Sus palabras tenían toda la razón. No es tu culpa que te haya engañado, porque diste el cien por ciento en la relación. Si él decidió hacer eso, es su problema, no el tuyo. Tú siempre diste todo por él, incluso más de lo que tenías
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