Soñé que Roberto me gritaba, pero no lograba escucharlo, estiraba su mano y no entendía lo que quería decir, pero vi que sus ojos se llenaban de pánico cuando él miró detrás de mi hombro, giré la cabeza y sentí como una sombra negra me tragaba y Roberto trataba de darme la mano, pero no la alcanzaba, me estaba ahogando y desperté. Mi almohada estaba empapada de lágrimas, mi cabeza giraba por dentro y pensé que también golpeaban en ella, pero no era mi cabeza, alguien estaba golpeando la puerta, no quise contestar, pensando que era mi mamá.
- Andrea, soy yo. - era la voz de Roberto, me puse ansiosa al oírlo, me paré rápido de mi cama, me calmé un poco y abrí la puerta.
- ¡Pasa! no quiero que nadie nos vea o nos oiga. – entró con un paso ligero y lento.
- Disculpa por molestarte tan tarde, pero te escuché llorar por casi dos horas o puede que más ¿Qué pasó? – me miró fijamente a los ojos, el profundo verde que poseen me invitaban a dejar toda mi vulnerabilidad en ellos, sentí la necesidad de contarle todo a él, ya sabía gran parte de lo que había pasado, volvieron las lágrimas a mí y lo único que hice fue acorrucarme en su pecho y llorar, escuché un suspiro fuerte de Roberto y me abrazó con fuerza, acogiéndome cerca de su corazón, era como si supiera lo que había pasado, pero él quería escuchar de mi boca todo lo que ocurrió. – Cuéntame todo lo que pasó.
- Javier fue muy cruel conmigo. – comencé entre sollozos. – me duele todo el cuerpo, creo que en más de alguna parte tengo heridas, me decía que quería escucharme gritar y cada vez se ponía más bruto si no lo hacía, al final me dijo que su única intención era hacerme daño como a otras tantas, ¡Ay, Roberto! tenías razón, lo único que quisiste hacer fue protegerme, pensaba que solo estabas celoso de alguien que creí que era perfecto, !fui una tonta! ¡una tonta! - me guio hasta la cama para que me sentara, se puso de cuclillas frente a mí y me tomó la cara llevando mi frente a posar sobre la suya.
- Andrea, mírame. – sus manos acunaban mi cara. – eso mírame, ya no estás con él, estás conmigo y no voy a dejar que nada más te pase. – vi que su mirada se concentró sobre mi pecho, donde estaban las marcas más horribles que he visto en mi piel, sus cejas se fruncieron y el verde de sus ojos parecía brillar de ira, subió la mirada y sus gestos cambiaron a uno más compasivo para confortarme. – tú me pediste que te dejara descubrir cómo era Zanetti, creo que fue la única forma que entendieras que es un hueón de mierda. Voy a protegerte este cerca o lejos, si me llamas yo iré a buscarte donde sea que estés, si me necesitas ahí estaré, nadie te volverá a tocar mientras yo viva.
Me sentí tan acogida, tan querida; lo único que quería sentir de él eran sus fuerte brazos alrededor de mi cuerpo para estar segura.
– Ven, párate, quiero ver tu espalda. – me paré y me giré, sentí su mano mover mi pelo, levantó la polera de mi pijama y lo escuché susurrar "hueón maricón" no me gusta usar malas palabras contra las personas, pero en este momento Roberto tenía razón, me giré otra vez y él muy cuidadosamente me volvió a abrazar diciéndome. – Nunca más te va a hacer nada, yo estoy aquí para defenderte.
Estuve tanto rato abrazada a Roberto que me embriagué con ese olor que tiene su cuerpo, me provoca ganas de besarlo, abrazarlo y no soltarlo más. Mi excitación por Roberto empezó a elevarse, mi cuerpo extrañaba a este pobretón, sentía deseos de lo que vivimos en Valle Nevado, pero más intenso y descontrolado, no aguanté ni un segundo más el no tener su boca con la mía, así que lo besé lenta y fogosamente, sentí que los labios de Roberto ardían, él respondía sin dudar a mis locos deseos, mi lengua buscaba la suya, hasta que la encuentra y comienza a danzar en un interminable éxtasis, mi cuerpo necesitado rogaba sentir las manos de mi mecánico recorriendo cada rincón, mi intimidad duele de tanto deseo que guardo por él ¡era el momento perfecto! Hasta que se le ocurrió hablar:
- Andrea, no puedo hacer esto, yo tengo polola, mejor me voy. – trató de alejarme y yo me colgué de su cuello.
- ¡Shhh! no digas nada, por favor. – seguí besándolo y él contestaba mis besos, estaba tan ansiosa esperando que las cosas llegaran más lejos.
Roberto me abrazó con fuerza, como si se hubiera contenido durante mucho tiempo, me arrinconó a una pared y me besó con tanta pasión que no lo quería soltar, aunque me faltaba el aire, ya casi sin poder respirar rompimos el beso. La desesperación de mi hombre solo aumenta mis ganas, la humedad de mi entrada grita que quiere ser atendida, sus manos presionan mis pechos con gran cuidado, los masajea, de vez en cuando toma mis pezones y los tironea evitando ser brusco, ese acto solo aumenta el éxtasis que quiere explotar dentro de mí. Roberto me tiene aprisionada con su cuerpo, mi vientre siente la creciente erección de su pene, tomó con sus labios el lóbulo de mi oreja, lo soltó y comenzó su recorrido de besos por mi cuello hasta el borde de mis pechos.
Sé que Roberto no se comportaba de la misma forma que en Valle Nevado, se puso más fogoso de lo que fue esa vez que lo hicimos, se sacó la ropa como si esta le quemara, yo necesito sentir el roce de mi cuerpo desnudo contra el de él, ni siquiera tocamos la cama que estaba a nuestro lado, solo me arrinconó en una pared para sacarme la ropa, quedando completamente expuesta ante mi hombre, él me miró con anhelo y en un susurro expreso su impresión:
- Eres exquisita, muy rica, quiero darte como caja y tan duro que no puedas ni levantarte mañana –
A pesar de que su forma vulgar de hablar no me gusta, me encantó lo que dijo. Roberto me tomó el trasero y me levantó para que envolviera mis piernas alrededor de su cintura, quedé apoyada en la pared y se puede decir que, con malicia comenzó a rozar su m*****o con mi vulva, creo que enloqueceré si no me penetra ahora.
- Estas tan mojada y aún no entró en ti. – Mi cara ardía, no sé si de vergüenza o de deseo, al ver su sonrisa coqueta y burlona me sentí derrotada por mi debilidad, pero no me importa, lo quiero en mí.
- Roberto, no seas malo, te deseo. – Su sonrisa se amplió y una de las manos que me sostenía se movió hasta mi monte de venus, desde ahí comenzó a buscar mi clítoris con su pulgar y cuando lo encontró empezó a presionar y hacer pequeños círculos en él.
Nunca había pasado por tanta agonía, el placer que me esta dando me llevará al límite, quiero que entre en mi necesitada v****a, pero en vez de complacerme me atormenta al jugar con mi punto sensible. Intento con todas mis fuerzas enterrar mis uñas en sus hombros y cuando casi lo logró el aumenta los movimientos de mi hinchado botón.
- Roberto, por favor, deja de jugar y penétrame ya. – La mirada pícara de este hombre me preocupa, no tengo idea en que está pensando.
- ¿Me estas ordenando que te satisfaga? – presionó mi extasiado clítoris, curvé mi espalda de placer, tuve que ahogar un gemido el cual fue seguido de un jadeo lleno de ansias.
- ¡Sí, es una orden! ¡Te ordeno que me complazcas! ¿O un mecánico no puede hacer lo que le piden? – Sus profundos ojos verdes parecían un bosque en llamas, su actitud tomó una posición traviesa y me respondió.
- Lo que ordenes, mi cuica malcriada. - me besaba con un deseo desenfrenado, casi sin dejarme respirar, de pronto una dura embestida llena mi centro, apreté sus hombros con fuerza y eché mi cabeza hacia atrás hasta que topó con la pared, es la primera vez que experimento un placer que me colma hasta los huesos, mis deseos subían al pasar de los minutos, buscaba con desesperación su tacto, tengo tantas ganas de que sus manos me recorran toda, que su boca se dedicara a besarme por todas partes, pero Roberto no podía hacer eso, me sujeta con fuerza las nalgas, varias veces me beso e intento recorrerme, pero sus estocadas perdían fuerza, así que, no le tomé importancia, solo me importa sentir su m*****o erecto dentro de mí, satisfaciéndome.
- ¡Estás… tan mojada! ¡tan caliente! ¡Tan… apretada! ¡Tan rica! – me hablaba entre jadeos. No podía creer lo rico que era hacerlo, la sensación de placer se expande por mi cuerpo con cada segundo que pasaba, mil veces mejor de lo que él hizo la primera vez o lo que no hizo Javier, anhelo que mi cuerpo se una al de Roberto, quiero sentir su aroma, su sabor, quiero oírlo decir mil cosas, quiero plasmar mis labios en los suyos otra vez.
- ¡Más, Roberto! ¡quiero más! ¡dame más! - Estoy en mi punto de quiebre, un par de embestidas más de este hombre y llegaré al clímax.
- Andrea… Andrea… mi cuica rica y… calentona.
Sus estocadas comenzaron a tener mayor rapidez, ya no podía aguantar más mis gemidos, salían por si solos de mi boca, mientras los jadeos de Roberto aumentaban, un último golpe fue lo que activo el detonador de una caja de fuegos artificiales que explotó en mí, todo mi cuerpo se sentía vibrar, un par de asaltos más llevaron a Roberto a acabar dentro de mí, trató de reprimir un gemido escondiendo su cabeza en mi cuello, mi cuerpo perdió fuerza cayendo en los brazos del hombre que me dejó totalmente complacida, apenas me di cuenta de que Roberto me llevó hasta la cama, se acostó a mi lado haciendo cucharita y me besó el cuello.
- ¿Logré satisfacer tus ordenes, princesa malcriada? – me reía sola, me sentía tan completa.
- Supongo que un mecánico como tú sabe cómo complacer los deseos de una mujer con mi estatus. – Roberto se quedó en silencio y dijo algo desanimado:
- Si, claro, como digas. – bostecé por cansancio, me acorruqué a él y me quedé dormida.
Cuando desperté me giré para ver mi despertador, estaba algo confundida, así que me sorprendió ver a Roberto acostado a mi lado, vi la hora y eran las cinco de la mañana, dormí 3 horas y este hombre estaba mirando el techo pensativo, me sentí tan contenta al verlo ahí, era solo para mí.
- Hola ¿Cómo dormiste? – le dije.
- Más o menos. – No parece muy contento, es como si algo lo mantuviera insatisfecho.
- ¿En qué estabas pensando?
- En cómo salir de tu pieza sin que nadie se dé cuenta. – tiene razón, si ya tengo problemas fuera de mi casa, que sepan que hice el amor con Roberto será otro problema que ahora no quiero enfrentar; “que hice el amor con él”, me hace sentir tan bien decirlo.
- ¿Y qué has pensado?
- Que salgas primero para despistar y yo me voy corriendo a mi pieza.
- ¿Y por qué no te vas, ahora?
- Rex despertó y anda rondando como hace quince minutos el pasillo. – Me acorruqué en su pecho y empecé a tocar sus brazos, a recorrer su cuerpo con mis dedos, él puso su brazo alrededor mío para abrazarme y hacerme cariño. – ¿Todavía te duele?
- ¿Qué cosa?
- Tus heridas.
- Un poco, solo si me toco fuerte. - quería saber todo lo que él había sentido anoche, no dudo en que le gustó, lo demostró con su pasión y el deseo que decidió despotricar en mí, pero quiero escuchar con sus palabras si lo había pasado tan bien como yo. - ¿Roberto te gusto lo que hicimos anoche?
Me miró unos segundos como si quisiera decirme algo, pero no lo iba a decir, estoy segura de que cambiará su discurso, dejó de acariciar mi espalda y suspiró para decirme:
- Andrea, por favor. Lo que hicimos anoche no debió pasar, estoy pololeando con Carmen, tendría que estar en su cama, pero en vez de eso la estoy cagando contigo. – Carmen, ¡Carmen! ¿Por qué no termina con ella y se queda conmigo? Eso me hizo enojar así que decidí levantarme.
- Me voy a bañar. – por muy molesta que esté, aún no quiero romper la burbuja, le di un beso a Roberto el cual no dudó en responderlo, no entiendo ¿si quiere tanto a Carmen por qué responde a todo lo que hago?
Mientras me baño me di cuenta de algo que no había notado antes, Roberto hace todo lo que le pida; a pesar de que fui muy pesada cuando él llegó a esta casa, nunca se ha negado a nada de lo que yo le ordene. Aceptó el fingir que no me conocía en el colegio, no se negó cuando le dije que llegara una hora después a la casa, no tuvo problemas cuando me enseñó matemáticas, a nadie le dijo que vivíamos en la misma casa, tampoco contó lo del metro, él me trajo a la casa cuando Javier no quería, aceptó cuando le pedí que quería perder la virginidad con él, aunque ese día no le dije que quería que se quedara, él sabía lo que quería, Roberto ha estado haciendo cosas que nadie aceptaría, es como si él estuviera...como si se hubiera enamorado de mi antes de que yo lo notara, ¿Roberto me ama? Traté de salir lo antes posible de la ducha, me puse el uniforme del colegio y fui a mi pieza, Roberto estaba vestido, sentado en la cama esperando a que yo saliera.
- ¿Estas lista?
- Roberto, antes de que salgamos ¿De verdad amas a Carmen? es decir ¿Estas ciegamente enamorado de ella? ¿Tanto así que te arrepientes de haber hecho el amor conmigo? – Roberto me miraba con sorpresa y confusión, no sé si hice bien las preguntas, mi cabeza está tirando ideas al azar, pero él cerró los ojos y agachó la cabeza.
- ¡Ay, Andrea! Esto se nos está saliendo de las manos, tú me dijiste que jamás podrías ser tocada por un mecánico de pobla, yo no estoy al mismo nivel que el tuyo, jamás nos llevaríamos bien.
- Eso no fue lo que te pregunté. – Roberto me miró fijamente a los ojos y mi hermana Alejandra me gritó desde afuera
- Ann, a desayunar. – sentí rabia en ese momento, ya que si no salía, todo el mundo se pondría en mi puerta hasta que abriera. Cuando iba a tomar la manilla, Roberto dijo:
-Tal vez. – "Tal vez" entonces si se arrepiente de haber hecho el amor conmigo, si debe estar ciegamente enamorado de Carmen y solo fui para él un buen rato, abrí la puerta y él volvió a hablar. – Tal vez no estoy tan enamorado de Carmen como creo. – me quedé un rato quieta solo por la emoción de que sí siente algo por mí. – Y por lo menos a mí me gustó mucho darte duro como caja. – su sonrisa pícara y sus ojos traviesos me llenaron de alegría, ¿Cómo no comenzar bien el día? ahora sé que Roberto siente algo más por mí que un simple momento, lo quiero aún más, porque él me quiere, me desea.