Mi miseria en este momento, supera todo lo imaginable, Roberto arruinó por completo mi estatus y ahora debo ser la loca del colegio, también perdí a Javier, tanto me costó hacer que me mirara, dos años tratando de llamar la atención de mi príncipe helénico para que un indigente lo echara a perder, siento que mi corazón se parte en mil pedazos y duele tanto.
Entré a mi casa desganada, solo quería bañarme y ahogar mi pena, pero la Anita me detuvo antes de que pudiera poner un pie en la escalera.
- Andreita, le llamó un joven varias veces, dijo que se llamaba Javier Zanetti y que apenas llegara, le devolviera el llamado. – parpadee muchas veces, me sorprendió que mi semidiós llamara. Dejé mis cosas en el suelo y fui corriendo al teléfono, el tono de llamada me tenía ansiosa, la empleada de los Zanetti contestó y fue a buscar a Javier ¿Qué querrá decirme?
- ¡Andrea!
- Hola, Javier – sentí mi cara arder, me imaginó que mis mejillas deben estar muy rojas. - ¿Para qué me llamabas?
- Bueno, quería saber ¿Cuánto “desprecias” al basura del Anderson? – ¡Qué raro! ¿Por qué me pregunta eso? Bueno, de por sí, no tengo nada que ocultar.
- Lo desprecio profundamente, nos esta arruinando como curso, ya era malo qué la rota bajara nuestro estatus ¿Y ahora, un becado? Es el colmo. – sentí la risa de Javier, era algo tétrica.
- Tengo un plan, puedo utilizar algunas influencias para qué saquen del colegio a ese bastardo.
- ¡NO! – grité por instinto, si Javier investiga y descubre que Roberto tiene parentesco conmigo me odiará y no me volverá a hablar.
- ¿Qué onda contigo? ¿Acaso te importa ese huevón?
-Aaah… No, es que… - recordé que Rex es socio de un hombre muy importante, tiene una gran empresa internacional. – Aaah… Por lo que sé, Roberto es protegido de Andreé Cheverria, ese hombre es muy poderoso, nadie quiere enfrentarlo.
- ¿Andreé Cheverria? ¡Maldito suertudo! No te preocupes, hermosa Andrea, ya veremos como deshacernos de ese saco de basura, me imaginó que sigues siendo mi Ángel dulce y pura ¿verdad?
- Estoy esperando al hombre de mis sueños, tal vez podría ser alguien que suele ignorarme. – Mi corazón late con un ritmo candente, juguetear con indirectas me encanta.
- ¿Estas tratando de coquetear, niña traviesa?
- Puede ser.
- Bueno, pequeña coqueta, debo irme, espero que el hombre que estas esperando sea un tipo apuesto como yo.
- Quien sabe.
- Nos vemos en el colegio.
- Chao Javier.
Estoy en las nubes, no he perdido a Javier, aún sigue pensando en mí, ¡estoy tan emocionada que podría gritar! Ese hombre será mío, me casaré con él y tendré una vida maravillosa, solo debo flechar su corazón y estará conmigo para siempre.
Pasé todo un día imaginándome mil escenas de amor con mi príncipe, ya por la noche, fui al estudio para buscar un libro, estoy cautivada por los libros de Jane Austen, he leído Emma, Sentido y Sensatez y ahora voy a comenzar con Orgullo y Prejuicio, son novelas que en algún momento leyó mi hermana y estoy segura de que en mi cuñado encontró a su príncipe azul. De pronto siento que alguien cierra la puerta del estudio, me giró a ver y es el mugriento de Roberto.
- ¡Eres una maldita malcriada! – Se acercó a mí tan rápido que no alcancé a reaccionar mientras a gritos me insultaba. – ¡Me estabas provocando hasta sacarme de quicio!
- ¡No tengo idea de que estas hablando! – de pronto me agarró de las manos y las puso sobre mi cabeza.
- ¡Sé que fuiste tú, princesita! ¡Tú le dijiste a todo el puto colegio que soy maricón! – sé que he dicho muchas cosas de él, pero nunca diría algo así.
- No, te equivocas yo no…- de repente me agarró con la otra mano, y me apretó con dureza las mejillas.
- Ya que tú lo estas pidiendo, te probaré lo hombre que soy.
- ¡Idiota! ¡Me duele! – no sé cómo lo hizo, pero fue muy rápido al girarme y dejarme contra la biblioteca, tomó mis manos y las sujeto fuerte tras mi espalda, acercó tanto su cuerpo que no quería imaginar que cosa tocaba mi trasero, él movió con su mano libre mi pelo y comenzó a soplar en mi cuello, su aliento cálido era algo extrañamente provocador, casi sentía un cosquilleo en mi vientre, estuvo un buen rato haciendo eso, hasta que sentí su mejilla sin afeitar pasar por los mismos lugares que sopló. De la nada se acerca a mi odio y me dice:
- Guachita, tengo la fuerza como para abrirte las piernas y hacerte lo que quiera, puedo romper tu lindo pijama y tenerte desnuda ante mí. – sentí algo de pánico.
- ¡Roberto! ¡Te juró que yo no fui quien dijo eso! ¡Un día mis amigas vinieron y hablaron de un rumor! ¡Pero te juró que yo no fui! – De pronto Roberto me vuelve a girar y otra vez pone mis manos arriba de la cabeza.
- Repítelo. – Me miró muy serio.
- Yo no dije eso, yo no sé quien fue. – sus ojos me aturden, el verde que poseen es hipnótico, de pronto en su mirada hay un algo que no puedo identificar, con su mano libre, acaricia mi cara, pasa su pulgar por mis labios y lentamente por mi cuello, mi corazón se quiere salir de mi pecho, siento que apenas puedo respirar, solo con él me pasa esto, de un momento a otro, él sonríe, me suelta y me desordena el pelo poniendo su mano sobre mi cabeza.
- Buena niña, intenta serlo más seguido y sin que yo te amenacé. – Aterricé a la realidad y mi molestia apareció inmediatamente.
- ¡Eres un bestia! deberías ir a la cárcel por lo que acabas de hacer.
- ¡Hazlo! Tal vez de esa forma salga de esta casa de mierda sin que Rex me chantajee.
- ¡Estás completamente loco!, nadie querría ir a la cárcel.
- No sabes nada de mí, princesita, no sabes que es vivir pensando que te van a encerrar en algo peor que en la cárcel si no cumplo con un contrato. – No tengo idea de lo que está hablando, ¿Contrato?
- No entiendo nada de lo que estás diciendo. – Roberto suspira y me dice:
- Olvida lo que dije, la verdad no tiene ninguna importancia. – Por alguna razón tenía una duda y no podía quedarme con ella punzándome la cabeza.
- ¡Oye! ¿De verdad pensabas abusar de mí? – Roberto dio una sonrisa pícara.
- Mmm… ¿Qué tal si te lo dejo a tu imaginación? – Sentí que mi cara estaba roja de vergüenza, no quiero pensar en que pude haber perdido mi virginidad con ese sucio animal.
- ¡Roberto! ¡Necesito saber!
- ¿Por qué? ¿Quieres saber hasta donde estaba dispuesto a llegar? ¿O querías saber hasta dónde tú estabas dispuesta a permitirme llegar?
- ¿Por qué haría eso?
- ¿Por qué no me golpeaste cuando te solté? ¿Por qué no gritaste más fuerte para que te ayudaran? ¿Por qué no forcejeaste conmigo? – Me imaginé que estaba roja como un tomate. – Princesita, a menos que estés en shock, no se me pasa otra cosa por la cabeza que no sea que, te gusta ser dominada.
- ¡Eres un maldito pervertido! ¡yo no soy así! ¡Soy una mujer de bien!
- Ja, ja, como tu digas. –
Roberto se fue, cerré la puerta del estudio con llave, me senté en la silla que esta frente al escritorio y puse mi mano en mi pecho, respiraba muy agitada, por mi cabeza pasaban imágenes aleatorias de lo que paso en esta habitación, las palabras de ese vago me tienen confundida ¿De verdad yo lo dejé ir tan lejos? No, imposible, estaba asustada, estaba esperando que me soltara, ¿Y por qué estaba esperando que me soltara? Tomé el libro que quiero leer y partí directo a la ducha.
Mientras me bañaba, las imágenes de Roberto teniéndome arrinconada me causaban una extraña presión en mi intimidad, al pasar las manos por mis pechos me hicieron recordar el sueño que tuve hace un tiempo con él, nunca he sentido algo así antes, ni por Javier, me estaré convirtiendo en una pervertida ¡Uy! ¡Estúpido vagabundo! ¡Quieres llevarme por un mal camino! Pero no lo conseguirá, abrí la llave de agua helada para refrescar mis ideas, me sequé, salí y me puse mi pijama otra vez, me acurruqué en la cama y comencé a contar números hasta que me dormí.
Pasaron un par de días, me he sentido incómoda al lado de Roberto, más de lo normal, se junta con esa rota de Carmen y ella le sonríe como tonta ¿Qué no se da cuenta de lo poca cosa que es ese vagabundo de Roberto? Trato de no ponerle más atención de la necesaria a esta situación, a menos que se acerqué a Victoria, en ese caso prefiero a la rota que a la zorra. Aunque ese indigente hoy no vino, porque al parecer se está muriendo de algo, no dejo de tener esta sensación extraña. También he tratado de acercarme a Javier, pero últimamente ha estado algo esquivo, como si de nuevo me rechazara, intento pensar que a lo mejor es algo arisco, pero veo que coquetea con otras compañeras, a lo mejor me falta algo que aún no he notado.
En la noche, antes de ir a acostarme, hice mi tratamiento en la cara con una mascarilla de palta, me eché crema en el cuerpo y justo en ese momento me dio sed, salí de mi pieza para ir a la cocina y buscar mi agua embotellada, estaba muy oscuro así que me imaginé que ya todos se habían acostado, cuando estaba por bajar el último escalón, veo una extraña sombra frente a mí y ¡AAAH!
- Tonto, me asustaste. – ver a Roberto casi me saca el corazón
- ¿Yo te asusté? Si la bruja eres tú, casi me matas del susto.
-Ja, ja, que mal chiste ¿Y qué hacías acá abajo? No se supone que estas enfermo convaleciente. – tomé una pose de poderío ante él, no quiero que me considere una mujer débil que no puede enfrentarlo.
-Tristemente para ti seguiré viviendo, lo que no me mata me vuelve más fuerte. Supongo que tú vas a ir a molestar a alguien. - ¿Qué quiere decir?
- ¿Por qué dices eso?
- Porque solo las zancudas salen a molestar en la noche. – este enfermo da una risa ahogada.
- Eres tan desagradable, roteque de Pobla. – a veces me da vergüenza su poca clase.
- Y tú tan horrible Gremlin.
- ¡Uy!, mejor voy a tomar agua. – me dirigía hasta la cocina cuando este indigente me vuelve a hablar:
- No creo que eso sea buena idea.
- ¿Por qué?
- Porque los Gremlins se reproducen con el agua y nadie quiere a dos como tú por aquí. – Estaba tan molesta que, en vez de ir a la cocina, me acerqué al living, tomé un cojín y se lo lancé.
- ¡Tonto! ¡eres un tonto! – ¡No lo soporto! Es un roto de lo último, asqueroso y desagradable, ojalá, Rex se lo hubiera llevado en su viaje a Coquimbo.
Antes de ir a mi habitación, me di cuenta de que la puerta de Roberto estaba entreabierta, quería hacerle una broma, lo iba a asustar con querer. Empujé un poco más la puerta para ver cuan distraído estaba, escuchaba música, cuando veo que el pijama se lo está sacando, tiene una perfecta espalda, ¿De dónde saca tanto músculo? Me olvidé de que iba a hacer cuando se sacó el pantalón y no tenía calzoncillos puestos, me tapé los ojos y a tropezones volví a mi pieza, ¡Qué horror! ¡Este tipo es un hippie! Con razón es tan vulgar y sucio, un sucio y sensual hombre ¡Por dios! él no es el hombre para mí, es Javier, él es un príncipe y no un bestia como ese. ¡Uy! ¡Ojalá desaparecieras Roberto!