Respiré profundo varias veces antes de entrar, me costó un tiempo volver a estar calmada y hacer como si nada hubiera pasado, me imagino que todos deben estar durmiendo o en sus habitaciones, así que, me animé y abrí la puerta, la primera imagen que tengo al entrar fue a Rex mirando las escaleras, me sorprendió, él suele dormir temprano cuando está en casa.
- ¿Rex? Es tarde ¿Sigues despierto? – me miró de forma desconcertada, pero, aun así, respondió.
- Solo vine a buscar algo que se me quedó en la cocina.
- ¿Qué cosa?
- Mi anillo, me lo saqué cuando lavé las cosas que ocupé.
-Rex, hay dos personas que se encargan del aseo de la casa, ¿Por qué no se lo pediste a ellas?
- Porque puedo hacerlo, no me matará el que lavé un vaso, un plato y un tenedor.
- Le pagamos a gente para que ordené, limpié y lavé ¿Qué sentido tiene si no les das trabajo?
- ¿Qué sentido tiene desordenar por que sí? La idea no es darle más trabajo a las personas que están empleadas con nosotros, la idea es que ellas puedan encargarse de los quehaceres de forma eficiente y no a medias, si su labor es cocinar o lavar la ropa, espero que lo hagan bien y no que me den un resultado mediocre, al igual que en la oficina o en terreno espero lo mismo, espero que mis trabajadores hagan su labor según la función que tienen, no sobrecargarlo con cosas que no les corresponden, trabajan para mí no son mis esclavos. Sé que te cuesta entenderlo, pero sería bueno que meditaras sobre esto. – sentí que mi cuñado estaba siendo condescendiente conmigo, eso me molesto.
- ¡Rex! ¿Quién te crees que eres? No eres superior porque tratas de ayudar a la servidumbre de esta casa, solo me hace pensar en lo pobre que eras antes de llegar aquí, por la empatía que tienes con seres inferiores a nosotros, ¿Quién eres? ¿De qué población eres? – Rex cambio su mirada de repente, sus ojos mostraban una frialdad que causa escalofrió.
- ¿Y qué? – No supe que responder, estaba aterrada, no quería contestar. - ¿Y que si vengo del barrio bajo? ¿Haría alguna diferencia? Todo lo he conseguido por merito propio, incluso el puesto de gerente general en la empresa de tu papá ¿O creías que las utilidades que la empresa tiene y gastan a destajo es solo porque tengo una cara bonita?
- Mi papá ha trabajado duro estos años para… - quería responder, pero Rex fue muy cruel al no dejarme terminar mi idea.
- Sí, él trabajó muy duro, pero yo aumenté al doble su valor, ¿Cuál es mi valía ahora? Si yo quisiera podría llevar a la empresa y a esta familia a la miseria, tengo el poder de hacerlo.
- ¡No lo harías! – sentí pánico, el carácter de Rex es muy frio y despiadado, de la nada, él al escuchar mis palabras, cambio su actitud y dio una sonrisa amable.
- Claro que no, jamás le haría daño a mi familia, pero de verdad espero que entiendas que no siempre se esta arriba, a veces uno cae y el golpe es más doloroso cuando nunca has vivido la adversidad. Es mejor que te vayas a acostar, es muy tarde. – asentí con la cabeza y él fue a la cocina.
Me fui a mi pieza muy confundida, pensaba en que, ¿Alejandra sabrá la verdad?, me imagino que sí, recuerdo que hace cinco años hubo un gran problema antes de que ella se casara, no le tomé gran atención en ese momento, ya que solo tenía once años, pero papá estaba furioso porque la persona que embarazo a mi hermana no estaba a nuestro nivel y de repente mi papá cambio de parecer, como si Rex fuera un rey de algún lugar lejano, eso me hace cuestionar algunas cosas, si Rex es alguien poderoso sin tener nada, ¿Roberto puede convertirse en un ser tan importante como mi cuñado? Creo que estoy pensando demás, es mejor que me duerma, necesito dejar de recordar esta horrorosa noche.
A la mañana siguiente desperté por un gran grito, creo que fue tan grande que sonó en toda la casa, corrí a ver quien era, pero en ese momento vi a Rex subir las escaleras muy rápido y abrió la puerta de la pieza de Roberto muy asustado, escuché toda la conversación cuando me acerqué a la puerta:
- ¿Qué te pasa? Diste un grito tan grande que te escucharon desde la cocina.
- ¡No soy un monstruo! ¿Verdad? No puedo ser un monstruo, no he hecho nada, no soy un demonio ¿verdad? – el pánico en la voz de Roberto era auténtico, al parecer tuvo una pesadilla.
- No, no lo eres. Parece que estas enfermo.
- ¿Qué? No, yo nunca me enfermo, debe ser caña, solo eso.
- De todas formas, llamaré a alguien para que venga a examinarte. -¿Enfermo? Entonces, estaba delirando en sus sueños ¡Qué susto! ¿Qué abra pasado por su cabeza?
Después de que vino el médico para revisar a Roberto, le pregunté a Rex que tenía, él me contesto que varicela y que tiene una licencia médica de quince días ¡Quince días! ¡Ese maldito mecánico de cuarta! ¡me va a dejar sola enfrentándome a todos en el colegio! ¡No sé como voy a superar la humillación después de la vergüenza que me hizo pasar!
El lunes fue desastroso, todos comentaban lo que pasó con Javier y Roberto, los rumores de pasillo empeoraban las cosas y cada vez me sentía más observada por todos, pero lo peor estaba por venir, después de volver de recreo Victoria aparece y me enfrenta.
- Así te quería ver. – sus palabras tienen un tono de satisfacción.
- ¿Cómo se supone que me tienes que ver?
- Derrotada, traicionada por tus propias palabras ¿Dónde te llevó Roberto después de sacarte de la fiesta? ¿A su casa o a un motel? – Los colores subieron a mi cara, ¿Cómo era capaz de suponer algo a así?
- ¡Jamás tocaría a ese mecánico de última categoría!
- Eso no fue lo que a mí me dieron a entender cuando se fueron los dos juntos de la mano.
- Él solo me llevó a mi casa, no hizo nada más.
- Esta demás que intentes decir lo contrario, ahora todos saben lo puta que eres. – Estaba tan molesta que salí corriendo de la sala, no quería escuchar a nadie, me fui a las graderías de la cancha, me puse a llorar ante tal bochorno, de pronto escuché una voz.
- ¿Andrea, estas bien? – Carmen me encontró.
- Deberías estar en la clase de inglés, ahora la profesora no te dejará entrar.
- No importa. – me molesta que esta mosquita muerta este aquí viendo mi miseria. – Yo hablé con Roberto anoche ¿Cómo esta él con su enfermedad?
- No lo sé, él no me importa. – No quiero hablar con ella, ¿Por qué no entiende la indirecta?
- Andrea, Roberto me contó todo, se que te ayudó, él es muy buena persona cuando ve injusticias.
- Carmen, no entiendes que quiero estar sola, ¿Qué acaso no te molesta que digan que tu pololo te engaña conmigo?
- Confió en Roberto, él es un hombre perfecto. Tampoco me puede molestar esto, me han tratado peor y con cosas mucho más denigrantes.
- No puedes compararte conmigo, mi estatus es superior al tuyo, no tienes nivel de comparación, yo no me lanzaría a cualquiera, menos a ese mecánico de pobla. – Carmen suspira y me dice como últimas palabras antes de irse.
- Andrea, tú misma dices todo el tiempo que, Victoria es una cualquiera ¿Por qué ahora te sientes tan herida por esto? Si no has hecho nada no debes sentirte tan miserable.
Pensé en sus palabras, aunque no lo quería admitir, la rota tiene razón, mi verdad es la que vale, fui a lavarme la cara para que no vieran que lloré, busqué una buena explicación antes de volver a clases y le pedí a la profesora de inglés si me daba unos minutos para arreglar un asunto. Mi discurso fue simple y sencillo:
- Compañeros, quiero dejar clara esta situación, para los rumores que se han generado por la pasada fiesta del fin de semana, solo repetiré esto una vez y no volveré a hacer comentarios al respecto. No tengo ni una relación clandestina con nadie, la persona que estará conmigo será presentada en el acto como mi novio, que alguien me haya llevado a mi casa no significa nada, quien quiera creerme bienvenido sea, quien no, sepa que se cómo actuar ante los mal intencionados, con esto no tengo más nada que decir.
Un silencio inundó la sala, antes de volver a mi puesto, vi a Javier, sentí su fría mirada hacia mí y también observé a Victoria con una postura de fastidio, logré defenderme ante esta situación, pero, aun así, Roberto recibirá mi ira, esto debió dejarlo claro él, la humillación que pasé hoy fue lo peor de mi vida.
Antes de irme, vi a Javier, quise detenerlo, pero mis amigas se acercaron a mí para mostrar solidaridad ante tan vergonzosa situación, ellas sabían que Javier no había sido bueno conmigo en la fiesta y me contaron que golpeó a un chico que se burló de él, después de su arranqué de ira, se fue. Por alguna razón mi cabeza me dice que mi príncipe no es tan bueno como pienso, pero mi corazón grita que él es mi amor verdadero, debo pensar más las cosas, estoy muy confundida.
Llegué a la casa, tengo guardada toda la rabia en mí para desatarla en la cara de Roberto, estoy molesta porque todo esto empezó por su culpa. Abrí la puerta de golpe mientras veía como este animal se rascaba la espalda, mi reclamo no tardó en salir de mi boca:
- ¿Sabes cuánta humillación tuve que pasar sola? – me miró crédulo.
- ¿Y sabes que lo que tengo es contagioso?
- ¡Mira apestoso! ¡a mí ya me dio esa enfermedad, así que, miedo no tengo! – me miró con suficiencia y desdén.
- ¿No tienes nada más que hacer? Me estás dando razones para creer que te gusto. – Esas palabras me causaron una sensación extraña, pero no me desvié de mi discurso.
- ¿No tienes idea de mi desgracia y te atreves a decir estupideces? Debiste estar ahí, las insinuaciones de que éramos amantes recorrieron el colegio entero y Javier ni siquiera me mira por la vergüenza que pasamos por tu culpa.
- ¿Ya terminaste? Porque estoy leyendo un libro y quiero terminarlo. – vi el libro en sus manos, no me faltan ganas de quitarle ese escrito y tirárselo en la cara.
- ¡Debiste estar ahí! ¡recibiendo la misma degradación que yo! pero no, solo tú puedes ser tan anormal en este mundo para que una enfermedad de niños te dé a esta edad. – tomó aire y lo botó con molestar.
- Ok, entendí el mensaje, ahora ¿me puedes dejar con mis anormalidades? Si tienes más descargos hace fila en la puerta que dice “NO ME IMPORTA” y espera sentada, escucharte me marea, tu voz es como un vomito de información sin sentido. – Me acerqué a él quedando a pocos centímetros de su cara.
- Eres un ser despreciable. – una sonrisa pícara apareció en su cara, al principio tuve el presentimiento de que iba a tomarme de alguna forma para quedar cerca de él, pero me equivoqué, de la nada me tosió encima.
- ¡Cof! ¡Cof! Perdón, no pude evitarlo, creo que también me estoy resfriando.
- ¡¡ASQUEROSO!! ¡¡Me escupiste en la cara!! ¡CERDO! ¡Me tengo que lavar la cara para sacarme tus asquerosos gérmenes! – salí hecha una furia de su pieza, cerré la puerta y me grita desde adentro.
- ¡Escribe! ¡Manda fruta! – No puedo con este imbécil, quiero matarlo.