Hoy, sábado, celebro mi cumpleaños, la fiesta es en casa, se contrataron algunos meseros, el patio de la casa estaba adornado con globos blancos y rosados, habían cintas rosa colgando, para evitar el frio de la noche se pusieron toldos, se habilitó una pista de baile y un dj se encargó de la música. Dentro de la casa había un coctel y una gran torta, la barra libre no podía faltar. Javier llegó temprano ese día, para recibir a los invitados conmigo, hubiera preferido estar sola que con él de acompañante.
La noche fue avanzando sin problema, todo estaba saliendo a la perfección, aunque no me sentía muy cómoda; al igual que en la fiesta de Sergio, Javier me olvidó por completo, pero no quería estar con Javier, quería estar con Roberto, quien no estaba porque supongo que salió con su pololita a algún lado, donde estarán solos, me siento deprimida, me gustaría terminar este show pronto. Después de que él animador de mi fiesta llamó para que yo soplara las velas, la gente se reunió y comenzó a cantar, solo esperaba ver una cara, la cual no encontré, me sentía muy desdichada, al ver las velas de mi torta solo deseaba que Roberto estuviera conmigo esa noche, pero él no apareció y solo pude dar una sonrisa melancólica, que al parecer todos interpretaron como una enorme emoción, solo seguí el juego y continué atendiendo a mis invitados.
La noche fue algo larga, como a las tres de la mañana se fueron casi todos, menos mis amigas que avisaron que pasarían toda la noche aquí, a Javier ni siquiera lo vi cuando se fue, no la pasé tan bien como quería porque estaba a cada rato pensando en Roberto. Cuando me aseguré de que todos se habían ido, se escuchó un ruido afuera, me asusté, se sintió como si alguien azotaba la puerta de la calle, después escuché como alguien se quejaba mucho, vi por la ventana y era Roberto que al parecer venía ebrio, le costaba cerrar la puerta de afuera con llave. Abrí la puerta de la casa para que no le costara tanto abrirla
-Roberto ¿Cuánto tomaste? apenas caminas bien
- ¡Wau! ¡que rica te ves! – sé que llevaba un vestido algo escotado, ajustado al cuerpo y corto, pero no era la gran cosa.
-Gracias, pero te ayudo a subir las escaleras para que no te caigas.
- ¡No! yo puedo solo. – habla muy fuerte
- Roberto, silencio, mis amigas están durmiendo en la sala. – le susurré.
-Shhh, ya sé. – trata de callarme a mí, hace meses que él no me hablaba y siento que me alivia que por lo menos borracho me hable.
Llegó arriba con mucha dificultad, me adelante para abrirle la puerta de su pieza, pero antes que pudiera hacer nada me agarró la mano y me puso contra la pared, casi podía creer que estaba fingiendo estar ebrio.
- ¿Por qué estás tan rica? – estaba tan cerca de mí, sentía su respiración cerca de mi boca. – quiero hacerte el amor, ahora.
¡No puede ser! si él no está borracho, ¿quiere decir que me esta perdonando? Él siguió hablando:
- Pero te odio, no quiero nada contigo, te odio, ¡te odio! – me repetía mientras rozaba su boca con la mía. – te odio tanto, te odio por ser tan rica.
- Roberto, estás mal, tienes que dormir. – aunque lo deseo con locura, no es esta la forma que quiero tenerlo.
- ¡Te odio porque no me aceptas! ¡te odio porque no me amas! ¡porque estás aquí todo el tiempo y no puedo tocarte! ¡porque no puedo amarte y hacerte el amor! ¡Te odio y te quiero! ¡este vestido lo haría mierda para ver tus pechos exquisitos! – Roberto empezó a besarme el cuello, mientras con sus manos masajeaba mis pechos, me siento muy estimulada en este momento, cuando llegó con su boca al borde del vestido se detuvo. – ¡ves cómo esta huea molesta! no me deja saborearte.
-Roberto, vamos a tu pieza. - Él seguía recorriéndome, pasó sus manos por mi trasero, con fuerza me apretó las nalgas, haciéndome gemir
- ¿Y haremos el amor? – Me tiene nerviosa, no me suelta y no me deja de besar.
- Estás borracho, no podemos hacer nada si estas así.
-Si no estoy tan cocío ¡Aaah! te odio por ser tan rica, tu piel esta tan rica, quiero hacerlo ahora. – trató de subirme el vestido, si no fuera porque estamos en pleno pasillo, lo hubiera dejado.
- ¡No, basta! vas a ir a tu pieza. – tuve que retarlo.
Lo llevé a su pieza, lo dejé acostado en la cama, le saqué las zapatillas y escuché un ruido en el pasillo, fui a cerrar la puerta y miraba de a poco por si veía a alguien. Roberto se levantó, me abrazó por detrás y me empezó a besar de nuevo.
-Tienes una piel tan rica, quiero comerte, hagamos el amor ahora. – sentí su m*****o duro detrás de mí, quería que Roberto estuviera esta noche conmigo, pero no esperé que fuera en estas condiciones.
-Roberto anda a acostarte, tengo que irme a mi pieza a dormir. - Roberto cerró la puerta y me arrinconó contra ella, me dio la vuelta, me beso, hasta dejarme sin aliento, yo si quería hacerlo con él, me moría de ganas de que fuera mío, me subió el vestido hasta las caderas, me tomó del trasero y me obligó a poner mis piernas alrededor de su cintura, empezó a sobajear su dura erección contra mi vulva, estaba perdida entre sus besos y caricias, solo quiero desnudarme para él, para que me tomé completa, la ansiedad de Roberto transformó uno de sus besos en un chupón y gemí tan fuerte que casi morí cuando escuché pasos afuera en el pasillo.
-Roberto, puede que sea tu hermano, bájame y anda acostarte.
-Solo me acuesto si vas conmigo. – sus labios no se separaban de mis pechos.
-Bueno, pero tú anda primero. – con la mirada algo perdida, me bajó y como niño bueno me respondió:
-Ya, te espero. – abrí un poco la puerta y no vi a nadie, al parecer solo fueron ideas mías.
Cuando me doy vuelta para ir a la cama con Roberto, él estaba durmiendo, llegaba a roncar, todo fue una borrachera. En el momento que salí de la pieza de Roberto, Rex apareció de la nada, me miraba muy sorprendido:
- ¿Qué hacías en la pieza de Roberto? – estaba nerviosa, la verdad no había hecho nada, así que le conté lo que pasó resumido, muy resumido.
- Lo que pasa es que Roberto llegó muy ebrio y no podía ni abrir la puerta, lo ayudé a subir y él se acostó y ahora está durmiendo.
- ¿Y qué te pasó en el cuello? - ¡Ay, no! ¡el chupón!
-Es... Es… es alergia, solo es alergia. Ahora me voy a acostar estoy muy cansada. – no sé si Rex me habrá creído, pero en parte es verdad.
Desperté antes de mediodía, me di una ducha, verme al espejo y ver el horrible chupón que me dejó Roberto me obliga a buscar algo con que ocultar esta marca. Es un día nublado y muy frío, eso me ayuda a estar abrigada y poder usar una bufanda para ocultar lo rojo que se ve mi cuello.
Mis amigas tomaron desayuno, hablamos un rato de cómo fue la fiesta y las vinieron a buscar como a las tres de la tarde, por fin puedo descansar de mi fiesta, me fui a mi pieza y empecé a ordenar mis regalos, como a las cuatro y algo de la tarde me dio un poco de hambre e iba a ir a buscar una fruta, yogurt o algo para comer, me paré y me puse frente al espejo que tengo en la pieza, me vi la marca del cuello y acomodé la bufanda que llevaba. Bajé hasta la cocina y vi a Roberto sentado almorzando, recordé lo que pasó en la madrugada y traté de actuar como si nada hubiera pasado.
- Hola. –
- Hola. – Roberto me quedó mirando extrañado. – Al parecer el calor excesivo de estas últimas semanas se te pasó.
- ¿Por qué dices eso?
- Porque en vez de pasearte casi en pelota como la semana pasada, estas bien abrigada ahora, hasta con bufanda. – Claro, ahora le importa.
- Hace más frío hoy.
- Si, ahora y los grados bajo cero de los otros días no te afectan.
- No sé porque te importa tanto, si antes no me tomabas en cuenta. Ahora menos que nunca debería importante con que me visto.
- Es por el chupón que te dieron anoche. - ¿Cómo supo eso?
- Es alergia.
- ¿A qué? ¿A tu pololo o a mí? – No puedo creerlo, el único que sabía lo que tenía en el cuello es Rex, él debió ser quien supuso que alguien me había dado un chupón. Pues solo le daré un ayudamemoria.
- Roberto, yo no te he dicho nada porque llegaste ebrio de pies a cabeza, que si no fuera porque te llevé a tu pieza estarías todavía tratando de abrir la puerta para entrar.
- No me respondiste ¿Fui yo el que te hizo eso?
- ¿No te acuerdas?
- ¿Entonces fui yo?
- Tan mal estabas. – Roberto se puso como blanco, se notaba que estaba preocupado, cuando reaccionó de su embobamiento, me susurró.
- ¿Hicimos algo? – solo eso le importa, saber que no engañó a su pololita, pues ojalá se acordara de todo lo que pasó, para que sintiera culpa de verdad, pues que se quede con la duda.
- No pasó nada, te acostaste y te quedaste dormido apenas tocaste la almohada y lo de mi cuello es alergia de algo que comí anoche, se ve horrible y no quiero que lo vean.
- ¿Estas segura? – ¡No confía en mí! Es un estúpido
- Yo no tomo, te aseguro que estaba mucho más lúcida que tú. - Estoy tan molesta, tomé una manzana y dije. – Me voy a mi pieza a ordenar los regalos que me llegaron. – Me acordé de que él está enojado conmigo y no me habla. – Me alegra que me vuelvas a hablar. -Roberto me miró como si hubiera metido la pata en algo.
Mientras estaba en mi pieza pensaba como convencer a Roberto para que entienda que lo quiero, sé que lo primero que debo hacer es deshacerme de Javier, pero ni siquiera sé cómo hacer eso sin que afecte mi nivel social, también me gustaría tener un plan para mandar a volar a esa mosquita muerta de Carmen, pero no se me ocurre nada, me siento tan inútil. Recordé el chupón que tengo en el cuello, me pregunte si es verdad el dicho de que los borrachos y los niños dicen la verdad, porque si fuera así, Roberto aún sigue sintiendo cosas por mí ¿Sera verdad o solo me ilusiono de más?