Michel. Con Mari vamos al velorio de Manuel y Lisandro, dos hombre maduros, dos hombres con esposas, con hijos, con nietos, dos hombres que los apreciaba, que estuvieron conmigo desde hace doce años, hombres que eran una parte de mi, y no soporto el dolor que siento. Nos hicimos cargo de todos los gastos para sus últimos adiós, no me animo a hablar con las familias pero vengo a despedirme de ellos, Lucia con Luciano son los que nos cuidan hoy, Óscar quería venir por eso pasamos a dejar a mis hijos junto con mi mamá donde mi tio Yasserley, él también tiene seguridad así que van a estar bien. —Oh Dios mío. —Anahí llega destruida, la cara hinchada de tanto llorar, Marcelo la sostiene como puede, estaban bajo el mando de ella, eran sus hombres. —No puedo. —Lucia se gira temblando, Mari la

