Vuelvo a mi pueblo, al apartamento que comparto con Mala y sin darle ninguna explicación a ella o a mis compañeros vuelvo al taller y me dedico a trabajar y seguir buscando información sobre Alexandro; continúo llamando al castillo y acercándome a sus puertas a pesar de que sus guardias me conocen y no me permiten entrar, lo hago con la esperanza de que uno de ellos se compadezca de mí y me diga cualquier cosa de utilidad. — ¿Qué sucede? — He estado trabajando toda la mañana en un Ferrari que trajeron hoy, me he puesto los audífonos y me he alejado de todo y de todos. — ¿Por qué hay tanto alboroto? — Mis colegas hablan entre ellos y pareciera que el trabajo se ha detenido. — Lo siento, Keira. Tu cuñado ha muerto — Me dice Mara y yo la observo sin comprender una sola de sus palabras. —

