Keira Estoy alucinando, después de tragarme todo el polvo que me ha tirado con su auto al pasar, sigo paralizada sobre el asfalto caliente, mirando como desaparece en un viraje. De todos los hombres que existen en el mundo, vengo y me tiro en repetidas ocasiones a la mayor sabandija de todas. Intento respirar profundamente, todavía tengo su puto olor impregnado en mi piel y el muy mal nacido me ha dejado tirada a más de diez kilómetros de distancia de mi casa. No sé si quiero ponerme a llorar de la ira y de la impotencia o simplemente seguir caminando y ahorcarlo apenas tenga la menor oportunidad. Me muerdo los labios al ver de lejos al Cámaro acercarse. Debería ser la mujer más orgullosa del mundo, agradecerle y seguir caminando hasta llegar con los pies vueltos nada a mi casa, per

