Escuchaste el crujido de tu cama justo detrás de ti, acompañado de un largo suspiro. Te giraste dándole la espalda al escritorio y viste a Jimin tirado sobre tu cama con sus manos en su nuca, y cuando miró en tu dirección sonrió. TN: — Jimin, ¿Podrías por favor dejar de flojear y ayudarme con esto? Jimin: — Agh, que aburrido — se quejó, pero aun así, caminó hasta llegar junto a ti y sentarse en la silla sobrante. Continuaste traspasando la información desde tu computadora al cuaderno de biología. Al notar que Jimin sólo te seguía con la vista, te detuviste y lo miraste incrédula. TN: — ¿No piensas hacer nada? Jimin: — ¿Y qué quieres que haga? TN: — Pues no lo sé, ¿Qué quieres hacer tú? Jimin: — Oh vaya, quiero hacer muchas cosas — respondió mirándote directo a los ojos. TN: — En

