Se quedó observando al hombre con desdén, no tenía la mínima idea de quién era, por otra parte, no estaba interesado en entablar conversaciones con extraños, se giró para darse la vuelta e ignorarlo, pero el hombre llamó nuevamente su atención. —Kerry, hijo. No puedo creer que estés vivo ¿Cómo sucedió? ¿Cómo lograste salvarte? —decía el hombre emocionado. Kennet se giró y con una voz de desprecio le espetó. —No sé quién carajo es usted, tampoco me interesa conocerlo, por lo cual no puedo ser su hijo y sobre todo no conozco a ningún Kerry, mi nombre es Kennet. Ahora déjeme en paz. Un destello de tristeza cruzó el rostro del hombre, por un par de segundos Kennet se sintió mortificado, no obstante, luego de un momento desechó cualquier rastro de remordimiento. El sujeto frente a él movió

