CAPÍTULO 4. HOMBRE DESPIADADO

2186 Words
Kerry movió negativamente la cabeza mientras pensaba que definitivamente la joven era una fresca —¡Qué descarada es esta mujer! —Exclamó en voz alta— ¡Y así dicen que es muy aplicada! Solo eso me faltaba que ella viniera a convertir mi oficina en su dormitorio, ¿Acaso nadie le ha enseñado que eso no debe hacerse? ¿Cómo puede ser tan torpe? Pero voy a darle una lección para que sepa que acá no se viene a dormir. Caminó hacia el área de la cocina, tomó un vaso, le agregó hielo y después lo llenó del dispensador de agua fría y se dirigió nuevamente al lugar donde estaba Jade durmiendo, lo volteó poco a poco en el rostro de la chica y el líquido helado le comenzó a caer, el sueño de la chica era tan profundo producto del cansancio que no se despertó en el momento sino segundos después. — Dios ¡¿Qué es esto?! —Expresó con sus ojos desorbitados del susto, cuando se giró vio a su jefe quien la miraba con los ojos chispeantes del enojo. Jade se levantó y se pasó la mano por el rostro para limpiarse el agua que destilaba. —Esto no es el dormitorio de tu casa, para que vengas a dormir aquí ¿Pretendes que te pague por venir a echarte? ¡¿Quién carajo te crees?! —Se acercó a ella gritándole prácticamente frente a su rostro, la chica no pudo evitar el estremecimiento que recorrió su cuerpo y retrocedió asustada—. No te preocupes qué no pienso tocarte, no me inspiras ni siquiera un mal pensamiento. Jade no solo se sintió herida con sus palabras, sino que al mismo tiempo la rabia erupcionó en su interior y no pudo evitar su reacción — Sabes cómo es la cosa maldito engreído ¡Vete a la mierda con todo y trabajo! Enseguida salió de esa ensoñación y se dio cuenta de que se lo había imaginado, y para su desgracia no podía hacer eso, antes de su dignidad, su comodidad y su orgullo, estaba la de ese hombre que estaba luchando por su vida en el hospital y por él era capaz de aguantar todo, no podía abandonarlo, porque fue la única persona que siempre estuvo a su lado cuando todos la dejaron, sus ojos se humedecieron y las lágrimas comenzaron a salir, y solo alcanzó a decir —¡Lo siento! —. Tomó su bolso y salió corriendo de la oficina. Kerry se quedó solo en la oficina bastante molesto, «¿Cómo se atrevía esa mujer a dejarlo prácticamente hablando solo?», llamó al jefe de seguridad de la empresa y le pidió que se acercara a su oficina para darle instrucciones. En menos de cinco minutos el hombre estaba en su despacho, lo saludó, pero Kerry no le respondió el saludo, sino que fue directo al tema que le interesaba. — Quiero que busques en los vídeos de seguridad de la oficina de la secretaria, el momento en que se quedó dormida la chica nueva en horas laborables, levantas un informe, lo quiero en mi escritorio a primera hora de la mañana para enviarlo a Recursos Humanos y si no lo tienes listo para ese entonces, date por despedido. ¡Ahora fuera de mi oficina! — Ordenó. Cuando el hombre salió de su oficina, se pasó las manos por la cabeza, tenía que hacer hasta lo imposible porque ella se fuera, no la quería cerca de él. Algo le decía que debía alejarla porque podía ser su perdición y siempre se dejaba llevar por su instinto, gracias a eso había llegado lejos, sin depender de nadie, se había hecho el mismo, nunca le regalaron nada todo lo obtuvo pulso a pulso, ni siquiera porque era hijo de uno de los hombres más ricos del país le sirvió para obtener ventajas, todo lo contrario, el mismo se encargaba de ponerle obstáculos para que él los superara y por eso tuvo al mejor maestro y aprendió de la peor forma, sin embargo, lo hizo. Recogió los papeles que había ido a buscar para analizarlos y salió de su oficina. Treinta minutos después estaba subiendo al ascensor del edificio donde tenía su ático, aunque tenía una imponente casa en Alto Standing, 90210, de Bervelly Hills, en Los Ángeles de dos mil metros cuadrados, prefería quedarse en su apartamento de lujo, con todas las comodidades, ubicado en el pleno corazón financiero de Los Ángeles, con una extensión de 2.800 metros cuadrados, porque estaba más cercano a la sede de la empresa que manejaba. Cuando entró a su departamento en el elevador privado, tocaron el timbre, se dirigió a abrirla, sin observar por la mirilla de la puerta y al hacerlo allí estaba una de sus tantas amantes, una rubia de ojos celeste, alta, hermosa, y muy sensual, frente a él con un sobretodo, pero al verlo lo abrió mostrándole la linda sorpresa, estaba con una combinación que no dejaba nada a la imaginación, enseguida le apeteció jugar un momento con ese cuerpo, la haló hacia dentro, por la cinta que tenía a cada extremo de la prenda, cerró la puerta y la recostó de allí. Se inclinó bajando por su cuello y lo recorrió mordisqueándoselo hasta llegar a sus senos donde comenzó a chuparlos sin piedad, la mujer jadeó excitada y se descontroló más cuando llevó su mano a su centro e introdujo sus dedos y empezó a moverlos dentro de ella, la muchacha se movía al ritmo de sus manos, pidiéndole que la penetrara —Kerry, ¡Quiero tenerte dentro ya! Al escucharla ordenándole Kerry la soltó y llevó su mano al cuello de la mujer, donde hizo un poco de fuerza y la apretó —Petulia, a mí nadie me ordena, ni siquiera en estos momentos —. Espetó abriendo la puerta—. No se te olvide ¡Ahora largo! —Por favor Kerry, fue un lapsus, el deseo me nubló, no me eches, solo quiero que estemos juntos, complacerte—. Y dicho eso, se arrodilló en el piso, le abrió la bragueta, se la acarició por encima del pantalón provocando que este se irguiera, después le apartó el bóxer, le sacó su inmenso m*****o largo y grueso y se lo embutió a la boca sin titubeo y comenzó a chuparlo como si de una rica paleta se tratara, como no cabía todo en su boca, lo tomó en el tronco con sus manos mientras buscaba introducirlo más en la boca. Kerry había querido alejarla, pero cuando sintió como le daba placer solo la tomó con fuerza por la cabeza con ambas manos, halándola por los cabellos mientras marcaba el movimiento de las acometidas, aceleró el ritmo y la chica seguía dándole el delicioso placer hasta que el chorro de su e*****a golpeó en la garganta de la mujer quien se lo tragó sin vacilación, pero era tanto el líquido que le chorreó por los lados de su boca, la mujer lo lamió hasta limpiarlo totalmente. —¿Será que ahora mi príncipe podrá darme la dosis de sexo que vine a buscar? Por favor —Preguntó Petulia viéndolo con coquetería. — ¡Ven! —Le ordenó. La llevó a su habitación de juegos, ató con fuerza sus brazos y piernas a la barra espaciadora, después tomó un látigo y comenzó a azotar su cuerpo, golpeaba y acariciaba, mientras la mujer movía sus manos tratando de liberarse —Tranquila, porque si sigues inquieta te dejaré sin tu orgasmo. Se acercó y comenzó a recorrer el cuello de la mujer chupándolo, hasta llegar a sus senos donde comenzó a halar sus pezones, se los metió en la boca y los mordió con fuerza haciéndola gritar, los gritos que emitía la mujer lo excitaban sobremanera no concebía el sexo, sino era de esa manera, era la única forma que obtenía placer y se excitaba, viendo a las mujeres totalmente doblegadas ante él y a su merced. Y aún ellas sabiendo de sus prácticas nada convencionales le buscaban. Tomó uno de los látigos, se le puso por detrás, la movió inclinándose hacia adelante y comenzó a golpear su trasero con el látigo, le dio una numerosa cantidad de azotes sin misericordia y en cada sacudida la mujer pegaba un grito y él la acariciaba para calmar su dolor. Eso le daba una sensación de poder que lo endurecía más y hacía que su corazón golpeteara con fuerza. Repitió el mismo procedimiento, hasta que la piel blanca de la mujer se puso tan roja que pequeñas gotas de sangre se filtraron entre su piel, su cuerpo cedió casi desmayado producto de los latigazos que le había propinado, solo cuando la vio en ese estado a punto de la inconsciencia se quitó el pantalón y se bajó el bóxer dejando su sexo libre, tomó un preservativo y la penetró desde atrás con fuerza sin ninguna delicadeza, entrando de un solo impulso sacando un grito de la mujer, que empezó a gemir ante las fuertes acometidas de Kerry, su pelvis golpeaba contra las nalgas de la rubia, produciéndolo dolor y placer al mismo tiempo, hasta hacerla explotar en un orgasmo, justo en ese momento él sintió que iba a c******e y se salió del cuerpo de Petulia, se quitó el preservativo y se vació en las nalgas de ella, para después regarle en esa parte de la anatomía de la fémina su semen con las gotas de sangre, lo que le produjo una nueva erección, porque tenía un fetiche con la mezcla de sangre y e*****a. Una vez acabó la desató, pero antes de darle las medidas de cuidado la puso a que le hiciera una nueva felación, volviéndose a vaciar esta vez en la boca de la mujer, quien cayó al suelo totalmente exhausta. La levantó y la acostó en la cama que tenía allí, buscó agua y unas compresas y la limpió con delicadeza, le agregó crema y luego le dijo: —Ya puedes irte —. Entretanto se quedaba sentado al lado de la cama observándola que cumpliera su orden. La mujer abrió la boca sorprendida, no podía creer que la estuviera echando, habían tenido sexo en otras oportunidades en el club y en su departamento y siempre la dejaba sola, por primera vez lo hacían en su departamento y ella había pensado que se quedaría juntos, que la cuidaría, pero su mirada fría y su mandíbula apretada y su voz déspota le indicaron, que no haría eso, él realmente la estaba corriendo de allí, hizo otro intento para hacerlo desistir —. Kerry, no puedes mandarme a casa en este estado, me duele, el cuerpo, estoy muy débil, no puedo ni recostarme, necesito hielo. Deberías considerarme y dejarme quedar junto a ti mientras me atiendes. — ¡Estás loca! ¿Acaso crees que soy tu servicio? Yo no te mandé a venir a mi departamento para que te follara como la vulgar que eres, sabías muy bien a que venías no te obligué y de zorra te ofreciste a complacerme, así que no trates de hacerme sentir culpable porque no lo lograras, deberías conocerme muy bien, poco me importa lo que te pase, si creíste que porque te dejé entrar a mi departamento significaba que eras especial, estás equivocada, nunca he dormido con una mujer y no voy a empezar con la más puta de Los Ángeles. Ante sus palabras la mujer se enojó tanto que sin pensarlo, lo abofeteó — ¡Desgraciado miserable! —Nunca se esperó que en ese mismo instante en que su mano impactó en el rostro del hombre, este le tomó la mano con una de las de él y se la torció mientras con la otra le daba un fuerte golpe con la palma abierta que la dejó aturdida, haciendo que las lágrimas comenzaran a rodar por sus ojos. —No sabes con quién te estás metiendo, no vuelvas a atreverte a tocarme, porque juro que la próxima vez que lo haga no te torceré el brazo, sino que te lo fracturo, antes que se te vuelva a ocurrir piensa que no te abofetearé sino que te desfiguraré el rostro o te rompo el cuello. Así que ponte tu maldito sobretodo, llama a un taxi y sales de mi apartamento y de mi vida para siempre, no quiero volverte a verte más, tienes diez minutos para que retires tu culo de aquí. Dicho eso salió dejándola sola, la mujer se levantó con dolor en el cuerpo mientras lo maldecía —. Esta me la vas a pagar desgraciado, algún día te cobraré esto que me has hecho en la persona que más te importe. ¡Eso te lo juro! —Amenazó llevando su mano en un gesto, haciendo un puño y extendiendo el dedo pulgar por encima del índice y llevándolo a su boca para besarlo, mientras la rabia se le agitaba por dentro como si de un voraz incendio se tratara. “Sólo el tiempo puede revelarnos al hombre justo; al perverso se le puede conocer en sólo un día.” Sófocles.
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