Jade se quedó observándolo con profundo odio, parada frente al escritorio. Nunca pensó que podía detestar tanto a un ser humano, ella no se crió con odio, se podría decir que fue una niña feliz de buen corazón a pesar de siempre pensar en sus padres y de no haber contado con su cariño, sin embargo, tuvo a su padre Harry, quien le dio todo el afecto que necesitaba, pero en ese momento la furia surgía como un volcán desde sus entrañas contaminándolo todo, no tenía más deseo que brincarle encima al hombre que tenía frente a sí y destruirle el rostro «¡Lo odio! Es un maldito a quien detesto», pensó y con toda la rabia del mundo expresó. —Chantajéame todo lo que quieras, Kerry Mackenzie, pero escúchame bien… Jamás vas a tenerme, firmaré lo que quieras, pero tu mayor desgracia es que no me acos

