30. Las cartas sobre la mesa parte 2

1753 Words
POV LIAM La mujer que hasta hace unas semanas solo era una presencia elegante en las reuniones sociales, resultó ser la dueña de mi empresa y no de una parte pequeña ¡Cuarenta por ciento! casi la mitad, más poder del que yo tengo sobre algo que construimos desde cero, después de que salió, nadie dijo una palabra durante varios segundos y como siempre Andrew fue el primero en reaccionar, con su típica mezcla de sarcasmo y resignación —Bueno hermano, parece que nos acaban de dar una patada en el culo— —Cállate— le solté sin pensarlo, no porque no tuviera razón, sino porque no quería admitirlo, ella había entrado, expuesto todo y tomado el control como si fuera lo más normal del mundo y lo peor es que no pude ni siquiera enojarme solo… me dejó pensando. Andrew siguió hablando, pero yo ya no lo escuchaba, tenía la mente en otra parte, en ella, en todo lo que eso significaba, salí de la sala con una mezcla de rabia y curiosidad, la encontré en el pasillo, hablando con alguien del equipo contable, cuando me vio sonrió, esa sonrisa tranquila de quien sabe exactamente lo que hace. —¿Podemos hablar?— le pedí —Por supuesto— respondió como si lo hubiera estado esperando, fuimos hasta mi oficina, cerré la puerta y me quedé de pie, sin saber cómo empezar —Así que… eras tú- —Sí— me respondió sin inmutarse —Y nunca pensaste en mencionarlo— —No hasta que fuera necesario— dijo descaradamente Yo apoyé las manos en el escritorio tratando de procesar —¿Por qué?— —Porque ustedes nos buscaron, yo solo acepte, aunque era un gran riesgo— respondió con esa calma que me desespera —El proyecto quiero decir— Tuve que contener la risa —Claro, el proyecto— Ella levantó una ceja —¿Que quieres decir?— quiso saber Negué, pero por dentro ardía, no solo por la sorpresa, sino porque… verla así, tan segura, tan dueña de la situación, me recordaba algo que intentaba olvidar, esa sensación de conexión que no sé de dónde viene, pero que siempre me deja inquieto cuando está cerca y lo mas desconcertante es que lo único que quería era explicarle que no estaba comprometido —Lo de Daisy…— empecé a decir, pero me interrumpió —No tiene que explicarme nada Duarte, no me interesa su vida personal— sentí mi sangre hervir al escucharla, por qué se comporta así conmigo y a Julen lo trata como si fuera de su familia —Aun así, fue una falta de respeto— aseguré y me avergonce por la situación ¡Daisy no tenía que hacer eso! Menos frente a tanta gente, esto lo hago solo por mi padre, tengo que mantener a Amanda distraída —Fue incómodo nada más, ya estoy acostumbrada— dijo y su comentario lo sentí como un ataque Eso me dolió más de lo que debería —No.. — dije —No somos ese tipo de socios y aunque me molesta que tengas una rebanada más grande de mi pastel, voy a superarlo si podemos trabajar en santa paz— le aseguré —Créeme uno aprende— me dijo sonriente y hubo un silencio raro, ni tenso ni cómodo, solo… raro Ella se acercó un poco lo suficiente para que su perfume llenara el aire —No voy a interferir en la operación diaria— dijo bajando la voz —pero a partir de ahora, quiero informes semanales, directos a mí sin intermediarios— Asentí despacio —Cuenta con ello— —Y señor Duarte— añadió justo cuando iba a abrir la puerta —no se tome esto como una invasión yo solo estoy cuidando mi inversión— La vi salir sin mirar atrás y de algún modo, esa última frase me quedó dando vueltas todo el día, cuidando su inversión ¡Sí, claro! algo me decía que había más detrás que esto no era solo un movimiento de negocios, pasé la tarde en el despacho, revisando papeles que no entendía, respondiendo correos que no leía hasta Andrew entró a media tarde con dos cafés —Sigues con cara de que te patearon el orgullo— dijo dejándome uno —Crei que esto era nuestro y... no estoy acostumbrado a que alguien me deje sin palabras— admití —Tal vez te hace falta eso— respondió encogiéndose de hombros —Alguien que no te tenga miedo— Me reí por lo bajo —Sí claro, lo siguiente será que me digas que me conviene— —No lo digo yo, lo dice tu cara cada vez que hablas de ella, quizá Emilia sea la mujer que por fin logré sacarte a Emma de la cabeza— le lancé una mirada, Andrew levantó las manos divertido —Solo digo Liam no me mates por notar lo obvio— No respondí porque lo obvio era justamente lo que no quería admitir Emilia Stone no solo era la inversora de la empresa, era la única persona que sin saber cómo, me estaba obligando a pensar en todo lo que había evitado durante años y no sabía si eso me gustaba o me asustaba más... POV EMILIA No suelo perder el control, lo aprendí a la mala, cuando uno muestra demasiado, los demás creen que pueden leerlo todo y yo no pienso volver a ser un libro abierto, pero cuando Daisy soltó, tan tranquila que estaban comprometidos sentí algo parecido a un golpe en el estómago, no lo demostré, claro, solo crucé las piernas, asentí y fingí que revisaba el documento, pero dentro el corazón me latía en la garganta no sé qué me dolió más, si la forma en que lo dijo como si quisiera marcar territorio o la reacción de él, que no la negó ni siquiera se molestó en callarla ¡No era el lugar! quizás no le importó o quizás sí y eso fue lo peor..no saberlo. Llegué a Corp Stone y me dirigí directo a mi oficina pero Maya me alcanzó en el pasillo —¿Estás bien?— preguntó con ese tono suave que usa cuando ya sabe la respuesta —Perfectamente— respondí sin detenerme —Ajá… claro por eso aprietas el teléfono como si quisieras romperlo— la miré intentando no sonreír —Tú también deberías tener más cuidado con lo que observas— le dije resignada a qué no iba a dejarlo pasar —Y tú con lo que intentas esconder— contestó guiñándome un ojo antes de irse al ascensor Cuando llegué a mi oficina corrí directo a vaciar el estómago, las náuseas terminaron ganando, luego fui a mojarme la cara, necesitaba calmarme y el reflejo del espejo me devolvió una imagen que no me gustó, la mujer que juré no volver a ser esa que se desmoronaba por un hombre. Me senté en el escritorio y respiré hondo no iba a permitir que algo tan viejo volviera a desarmarme ya no era Emma y Emilia Stone no se enamora, Emilia Stone invierte, analiza, calcula aun así, el nombre Liam Duarte seguía girando en mi cabeza como una canción molesta. Llegué a la finca al anochecer Stewart estaba en la sala con su laptop y una copa de vino trabajando como siempre —Te ves… intensa— dijo sin levantar la vista —Solo cansada— aseguré —Mhm y yo soy jardinero en mis ratos libres— ironizó Me dejé caer en una silla frente a él —¿Puedo preguntarte algo?— dije —Depende, no voy a dormir contigo, no voy a compartir mi copa contigo y tampoco voy a acompañarlas de compras mañana— dijo sin verme —Dejate de tonterías ¡Harías todo eso con gusto! no lo niegues... pero lo que realmente me interesa saber es.. ¿Alguna vez has tenido que fingir que algo no te afecta cuando en realidad te está consumiendo por dentro?— Levantó la mirada, me observó unos segundos y sonrió apenas —¿A qué hora nos vamos de compras?— me dijo y extendió su copa hacia mí No pude evitar reír —Eres un idi¡ota— —Y tú estás dolida— replicó tranquilo —No lo niegues se te nota en los hombros siempre los tensas cuando te esfuerzas por parecer fuerte— Lo odié un poco por tener razón —No es dolor— dije encogiéndome de hombros —Es decepción pensé que él… no sé.. ya era distinto— —Tal vez lo sea— respondió él cerrando la laptop —Pero sigue siendo humano y tú también y supongo que estás así por eso de lo que todo el mundo habla.. su boda con Daisy— —No puedo permitirme sentir cosas por él— dije al aire porque era para el y para mi —Entonces no lo hagas— dijo con naturalidad—Pero no te mientas diciendo que no sientes nada Em, lo que te haga feliz me hace feliz también— Guardamos silencio un rato el viento movía las cortinas y el olor a pasto recién cortado entraba por la ventana, por un momento me sentí tranquila, como si todo el ruido en mi cabeza se apagara hasta que vi el celular sobre la mesa tenía una notificación nueva y era un mensaje de Liam Liam: —Sé que lo de Daisy fue incómodo quería aclararlo, pero no era el momento, te enviaré los informes como quedamos, también quiero preguntarte si ¿te gustaría tomar un cafe conmigo? Lo leí varias veces pero no respondí, no podía, si lo hacía iba a abrir una puerta que no estoy lista para cruzar, apagué el teléfono, me serví un poco de vino y miré las luces del campo a lo lejos, si de verdad quería mantener mi promesa tenía que dejar de buscar señales donde no las había, pero… qué ironía, puedo dirigir empresas, negociar con tiburones, mover millones sin pestañear y aun así, una simple mentira dicha por la persona equivocada me revuelve todo, a veces me pregunto si la venganza vale la pena cuando el corazón se empeña en recordar lo que debería olvidar y me temo que esa respuesta… todavía no la tengo, iba a beber un sorbo a mi copa y apenas el olor llegó a mi tuve que correr de nuevo al baño... vaciar el estómago ya se estaba volviendo costumbre...
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