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1438 Words
—¡Kesean! — gritó ella enojada.             Había logrado esquivar la bala, estaba utilizando el sofá como trinchera.             —Así que todo tu discurso acerca de que los traidores están en todas partes era por ti misma — espetó Kesean mirando en todas direcciones buscando algo con lo que defenderse.             —No entiendes de qué va esta organización, tenemos un punto, un propósito y nuestra lucha debe ser atendida.             Kesean encontró solo libros delante de él en un estante, así que primero guardó la carta en el bolsillo interno de su chaqueta y luego tomó dos libros.             Agradecía que el piso de madera crujía un poco con los pasos, por lo que pudo saber que ella se acercaba.             Esperó un poco más y luego lanzó uno de los libros, ella disparó y Kesean se asomó lo suficiente para lanzar el otro libro a su rostro. No le golpeó pero la desequilibró.             Kesean aprovechó el momento para tomar su mano con la que sostenía el arma, pero la agente Pierce era realmente buena, se soltó de su agarre con una buena técnica. Kesean pasó su pierna detrás de la de ella y la hizo caer al suelo, luego inmovilizó sus piernas colocando su peso encima.             La agente Pierce buscó apuntarlo con el arma, pero Kesean dio un golpe rápido y fuerte a su muñeca.             Ella era más pequeña y Kesean era mucho más fuerte y grande, pero no             —Kerensa cometió un gran error al incluirte — dijo entre dientes —, sinceramente lo creímos de cualquiera menos de ella.             Kesean lo analizó rápidamente.             —Tú… ¿tú la conoces? — titubeó.             Ella dejó salir una risa burlona, su expresión demostraba su altanería.             —¿Crees que te daré información sobre ella?             —¡Dime! — Kesean golpeó el suelo.             La mujer no se inmutó. En cambio, ella pareció aprovechar el desequilibrio de Kesean para librar uno de sus brazos y golpearle la garganta.             El golpe le sacó el aire e incluso le mareó por un par de segundos, los cuales fueron suficientes para que la agente Pierce se posicionara detrás de él y lo ahorcara con un fuerte agarre.             —Kerensa estará en muy graves problemas cuando informe acerca de su traición.             Escuchó mientras intentaba apartar sus brazos, pero tenía un buen agarre sobre él.             —¿De ...qué estás … hablando? — preguntó entrecortadamente.             —Me tenían investigando qué tan lejos había llegado Kerensa — explicó aun apretándole.             Kesean consiguió apartar sus brazos al menos lo suficiente para que no siguiera haciéndole daño, pero ella forcejeó con él.             —Ahora esa carta solo indica que nos dejará al descubierto y eso no va a pasar — se acercó a su oído y susurró —, te mataré para que nadie pueda entender las pistas, y luego la matarán a ella.             Eso llenó a Kesean de adrenalina y se dejó de rodeos.             Se levantó del suelo reuniendo todas sus fuerzas, aun con ella aferrada a su cuello, flexionó sus piernas, tomó impulso y lanzó a la agente Pierce por encima de su cabeza hacia el suelo.             —Ah — se quejó del dolor.             Kesean corrió a tomar el arma y la apuntó.             —No vas a revelar nada — ordenó Kesean —, lo que harás es decirles que no encontraste nada y que Kerensa solo me libró de morir en la cafetería y nada más. ¿Está claro?             Pero ella recobró el sentido y sonrió de forma pícara.             —Eres solo un aprendiz.             Y entonces se colocó de pie ágilmente.             —Detente, ahora mismo — Kesean afirmó su agarre sobre el arma.             —¿Y qué vas a hacer? — preguntó con orgulloso y esa sonrisa burlona mientras caminaba hacia él — ¿Dispararme?             —Lo haré — afirmó con seguridad —. Mataste a esa mujer inocente y planeas asesinarme y a Kerensa también.             Se encogió de hombros deteniéndose.             —¿Y quién va a creerte? — preguntó — ¿Quién va a creer que mataste a una agente del FBI en defensa propia? ¿Considerando además que tu hermana está directamente involucrada con el caso?             Kesean sabía que tenía razón, era la palabra de una agente del FBI contra la suya, todo apuntaba estar en su contra y a favor de la agente Pierce.             —Así que ya déjate de querer hacerte el héroe y déjame hacer lo que debo hacer.             Pero si algo no sentía Kesean, era miedo.             Por esa razón, en cuanto ella dio un paso, Kesean disparó a un lado de ella, directamente a un jarrón de cerámica que estaba a unos dos metros de ella.             La agente Pierce se encogió, pero aun así unos trozos de cerámica le cortaron el brazo.             —Eres un…             —…Aprendiz que te dice que te quedes quieta, ahora.             La ira recorrió el rostro de la agente Pierce, pero no escuchó a Kesean, en cambio se abalanzó sobre él con más rapidez de la que pudo predecir, pero se mantuvo enfocado y disparó a su pie sin éxito.             Ella lo lanzó al suelo, con un ágil movimiento se colocó detrás de él y de nuevo se encontró asfixiándole, pero esta vez con las piernas.             Kesean apretó sus pantorrillas con fuerza haciéndola debilitar el agarre y se deslizó lejos de ella.                La agente Pierce lo tomó por el cabello, colocó una mano en su mentón y otra en la parte superior de la cabeza, pero antes que pudiese hacer el movimiento mortal, Kesean clavó el codo en su estómago sacándole el aire.             No podía matarla, necesitaba obtener información de ella, además debía pagar de forma justa por sus acciones.             Miró frente a él el cuerpo de la señora Miriam y se llenó de más frustración.             —¿Por qué haces esto? — preguntó con rabia.             Pero un solo segundo de haberse distraído fue suficiente, porque la agente Pierce tomó el arma y lo apuntó.             —Esto es más grande que tú y yo — dijo entrecortadamente porque se notaba que estaba luchando contra la falta de aire.             La puerta se abrió de golpe.             —¡Dakota Pierce!             La voz del agente Lennon retumbó en su pecho.             Este entró a la casa apuntando su arma, seguido del agente Coleman y la agente Marks.             Sintió alivio.             Pero como la agente Pierce no estaba tan lejos de él, se movió lo suficiente para quedar a su lado y apuntarle estirando el brazo.             —¡Damián! — exclamó ella — Llegaste justo a tiempo, Kesean está de lado de Kerensa y…             —¡Cállate!  — ordenó evidentemente enojado — ¡Cállate y baja el arma ahora!             —¿Qué sucede, Damián? No ves…             —¡Que te calles, dijo! — gritó también la agente Marks — Realmente quiero entender qué es lo que te pasó, porque sinceramente no lo puedo creer.             —¿Qué? — preguntó como si no entendiese nada — ¿De qué están hablando?             —No te hagas la inocente — continuó el agente Coleman —, lo descubrimos todo. La pista que seguíamos era la que dejaste con tu hijo.             Kesean vio el entendimiento pasar por el rostro de la agente Pierce y más que eso, su determinación.             Acercó el arma hacia Kesean, pegándola contra su sien.             —¡Déjalo, ya o disparo! — El agente Lennon dio un paso hacia el frente.             La agente Pierce sonrió y se encogió de hombros.             —Dispara, pero cuando lo hagas, al menos te habré quitado…             Kesean la empujó por el estómago hacia atrás, pero lo hizo tan lleno de ira que no midió su fuerza.             Se escuchó un disparo y luego la vio caer hacia atrás.             Su cabeza golpeó la esquina de una mesa y luego su cuerpo cayó en el suelo dejando un charco creciente de sangre.             Kesean vio la escena y no pudo creer lo que había hecho.             La había matado.             —¡Kesean! — la voz del agente Lennon hizo eco en su cabeza.             —Llamaré a la ambulancia — pareció la voz del agente Coleman.             —Dakota — dijo la agente Marks.             Sus pensamientos no estaban en orden, mucho menos sus sentidos.             Estaba abrumado.             Luego de un par de segundos, sintió una mano sobre su hombro.             —Kesean, siéntate, vamos — fue el agente Lennon.             Al mirarle, notó que este le observaba con sincera preocupación en sus ojos.             —Lo siento… yo no…             —Estás herido, Kesean, siéntate, por favor.             El agente Lennon le obligó a sentarse en el sofá, y fue cuando se sentó que entendió lo que había pasado:             Tenía un disparo en el brazo derecho.             Y ahora era cuando empezaba a doler.
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