—Eso fue dramático — señaló Víctor volviendo a entrar a la sala.
—¿Habías salido? — preguntó la agente Pierce.
—Sí, al baño — contestó como si fuese obvio.
La agente Pierce negó con la cabeza y continuó su conversación con Kesean:
—Sea como sea, Kesean, lo descubriremos, ¿de acuerdo? — preguntó colocando una mano sobre su hombro — No nos adelantemos a los hechos.
—Sí, señora.
Respiró profundo, la agente Pierce estaba en lo correcto, efectivamente lo que debían hacer era aquello para lo que estaban allí: investigar.
—Muy bien, ahora pasemos al caso previo a este — señaló la agente Pierce —. Víctor, por favor.
—El caso anterior tuvo lugar hace treinta y seis días — narró Víctor desde la computadora —, se trató de tres incendios ocurridos a las siete y cuarenta y dos de la noche, en tres lugares cercanos, que fueron en — empezaron a aparecer imágenes en pantalla — la pista de patinaje sobre hielo Cabin John Ice Rink en Rockville — la foto del lugar completamente quemado era impactante —, en el parque nacional histórico del Canal de Chesapeake y Ohio — también las fotos aparecieron causándole disgusto —, y finalmente el parque regional Wheaton en Maryland.
Las fotos estaban bien organizadas en pantalla, de forma que parecía irreal como si de una película se tratase y no creería que algo como eso había ocurrido si no recordase las noticias.
Ahora que lo pensaba, los ataques habían sido alarmantes, si recordaba todos aquellos que habían captado la atención del público, entonces encontraría que eran muchos y que habían ocurrido justo cuando el anterior estaba por olvidarse.
—Como una suma de los tres incendios que empezaron exactamente a la misma hora — continuó la agente Pierce —, se cuentan seiscientos treinta y dos muertos, de los cuales cien eran niños y setenta heridos.
—Eso fue grande — señaló Kesean —, recuerdo las noticias, en clase nos piden estar al tanto de los sucesos recientes.
—Como ya es notorio, estos tres incendios fueron provocados — continuó la agente Pierce —, una de las cosas que les identifican es utilizar gases para causar las explosiones y por ende los incendios. No necesitas todos los detalles del caso, sino ver estas fotos.
A continuación, la agente Pierce le pasó una carpeta amarilla, la cual abrió y dentro se encontró fotos de lo que antes parecía una cocina, pero que estaba quemada.
—Esa es una cocina en la pista de patinaje — indicó ella —, es donde inició el fuego que se propagó por el establecimiento muy rápido para ser un accidente — continuó con su tono profesional y expresión enfocada —. Pero justo aquí me pareció interesante que se encontró una pieza y una bobina de una máquina de coser. La pieza se descubrió que pertenecía al sistema de una máquina de coser. Ambas piezas estaban en perfecto estado a pesar del incendio, como si fuesen sido colocadas justo después de apagarlo.
Kesean observó con detalle y logró ver la bobina, sintió su ceño fruncirse porque de inmediato hizo eco en su mente.
—¿Qué marca era la máquina de coser? — preguntó intentando ordenar las ideas —¿Tiene las piezas para verlas mejor?
—Si pasas a la siguiente foto encontrarás una imagen más cercana y la nota de descripción — señaló Víctor.
Kesean hizo lo indicado y notó la foto.
—Lee — pidió la agente Pierce.
Él aclaró su garganta, respiró profundo y llevó una mano a su frente.
—La pieza forma parte de una máquina de coser marca Brother modelo LX treinta y uno veinticinco… creo que… esto… — cerró los ojos intentando recordar.
—¿Qué? ¿Qué es? — preguntó Víctor.
—¿Tienes algo? ¿Recuerdas algo? — inquirió la agente Pierce.
Kesean recordaba la máquina de coser en el cuarto de depósito de su casa, pero no estaba seguro del modelo o la marca, sin embargo, parecía hacer eco en su mente, le era familiar.
—Necesito ir a casa para verificar — se colocó de pie —, creo recordar algo, pero no le he prestado mucha atención, ¿puedo ir?
—¿Tan familiar te resulta? — se intrigó la agente Pierce colocándose de pie.
—Sí — contestó asintiendo con la cabeza —. Mi abuela le regaló una máquina de coser a mi hermana cuando tenía como doce años — comenzó a explicar —, luego Kerensa comenzó a coser, hacía bolsos más que todo y regaló a muchas amigas y familia. La máquina sigue en casa.
—¿Qué marca era la máquina? — preguntó la agente Pierce comprendiendo el punto.
—Es lo que necesito verificar.
—Vamos — determinó apartando la silla —, te llevaré, además, no puedo dejarte seguir una pista solo.
—Está bien.
—No perdamos tiempo cualquier cosa puede ser útil — indicó ella ya cerca de la puerta, Kesean caminó detrás de ella.
—Increíble, conoceremos tu casa tan rápido — dijo Víctor con entusiasmo.
—Víctor — se giró la agente Pierce en la puerta.
—¿Si?
—Quédate aquí cuidando de todo esto, volveremos en lo que podamos — ordenó ella.
—Oh, sí, está bien — retrocedió.
Kesean solo asintió en su dirección a modo de despedida.
.
La agente Pierce tomó una bolsa de evidencia y par de guantes en el camino y se dirigieron a su auto, ella parecía incluso más acelerada que Kesean y según la forma en la que hablaba y las cosas que decía, pudo entender que era porque cada pista era valiosa, cada nueva prueba, cada pequeña cosa podría servir para avanzar en el caso y detener a la organización.
Para el equipo del agente Lennon, aquella travesía llevaba medio camino, pero para Kesean acababa de iniciar.
—Es aquí — señaló Kesean la casa blanca.
—Lo sé — contestó ella estacionando el auto—. Entonces tus padres aun no están informados de todo esto, ¿no?
—No — contestó mientras ella terminaba de detener el auto —, no quiero decirles todavía hasta tener algo más… seguro.
—¿Ni siquiera saben de lo que te sucedió en la cafetería?
—No, no quiero alterarlos con eso.
Sin querer hablar más del tema, Kesean abrió la puerta del auto y bajó, esperando que su actitud no fuese tomada como maleducada.
Avanzó un par de pasos y se detuvo al escuchar la voz de la agente Pierce.
—Sabes que en algún momento tenemos que hablar con ellos, ¿no es así?
Su piel oscura pareció brillar con el sol, mientras se acercaba a él.
Kesean exhaló y asintió.
—Sí, estarán investigando a su hija — declaró lo que sabía —. Pero necesitan más evidencia para eso, así que hasta ese momento, no quiero alterarles.
En lo que ella estuvo a su lado continuó caminando mientras sacaba las llaves del bolsillo derecho de su pantalón.
—¿Y no están en casa ahora?
—No. Papá trabaja todo el día y mamá hoy está en un evento de la iglesia.
—Ella realmente se refugió en Dios, ¿no es así? — su tono fue amable y comprensivo.
Kesean asintió abriendo la puerta.
—Lo único que pareció devolverle la vida fue eso, su fe.
—A mí también — dijo suspirando —, ver atrocidades todos los días, lo grave que está la humanidad, todo eso te va apagando, pero la fe me ha ayudado a mantenerme cuerda, me tomaba cada caso muy personal.
Kesean abrió la puerta y entró.
—Adelante — indicó.
—Gracias.
—No se ofenda, pero no creí que usted fuese una persona de fe.
Ella rio como si hubiese dicho algo plenamente gracioso, luego asintió y dio una palmada en su hombro.
—Lo sé, soy muy directa y parezco muy fuerte, pero todo es por la templanza.
Kesean asintió y miró a la puerta al final del pasillo.
Recordó por qué estaba allí y su corazón saltó de emoción.
¿Qué encontraría? ¿Qué estaba pasando?
—Vamos, Kesean.
Al escuchar su voz de aliento, Kesean se colocó en movimiento.
—Es por aquí.
Avanzó a través del pasillo con pasos acelerados, necesitaba saber qué había sucedido, necesitaba respuestas y de nada servía retardarlo.
Abrió la puerta del cuarto que servía como depósito, la luz del sol entró por la ventana golpeándole los ojos, pero lo ignoró.
—Aquí solía estar habilitado para ella coser — recordó Kesean y explicó a la agente Pierce —, fue una fiebre que le duró como un año, luego cosía de vez en cuando.
Kesean avanzó al mesón donde estaban varios artefactos, la máquina era la que estaba cubierta con una tela azul delante de la cual se detuvo.
—Esta es su máquina.
—Espera — la agente Pierce le detuvo de tocar la tela —, mejor colócate los guantes.
Kesean asintió y tomó los guantes en su bolsillo que ella le había entregado antes de subir al auto. Ella hizo lo mismo y luego sacó el teléfono y tomó una foto a la máquina.
—Siento que encontraremos algo — explicó ella.
Una vez que estuvo listo, Kesean no titubeó, estaba cansado de hacerlo, así que solo quitó el forro de la máquina y esta se reveló ante ellos.
—No puede ser... — exclamó la agente Pierce.
—Brother — leyó Kesean —, es marca Brother.
—La misma que la encontrada en la escena.
Esuchó el click del teléfono cuando tomaban las fotos, y observó la máquina con atención. Había un hilo colocado sobre la máquina.
—¿Qué color era el hilo de la bobina? — preguntó Kesean sabiendo la respuesta.
—¿Morado?
—No — señaló el hilo —, era azul y el hilo dejado aquí es azul.
—Kesean — la miró asombrada —, esto tiene que significar algo.
Asintió y observó con atención.
—Recuerdo haberla visto coser — explicó posicionándose bien frente a la máquina —, ¿usted cose?
—No, jamás he tocado una máquina.
—Bueno — contestó y tomó una pieza blanca desmontable de la parte de al frente de la máquina —, para coser se necesita que haya un hilo arriba y uno acá abajo, que va en una bobina como la encontrada en la escena…
Kesean desmontó la pieza y justo debajo de la aguja, se podía observar un cilindro de metal, gris y n***o, parecía como si le faltasen piezas.
—…Aquí va la bobina.
Y entonces se quedó sin aliento.
Justo en medio del cilindro, donde debería ir la bobina y la pieza faltante había…
—¿Un papel? — se sorprendió la agente Pierce expresando lo que pasaba por su mente.
Era un papel azul como el de los post it.
Sin pensarlo, Kesean quiso tomar el papel.
—Un segundo — le detuvo la agente Pierce.
Ella tomó dos fotos mientras que Kesean sentía sus manos temblar, su cuerpo llenarse de inquietud y su mente turbarse con dudas.
—Tómalo.
Kesean hizo lo indicado y desdobló el papel colocándolo en posición para que ambos pudiesen leer.