Giulio después de colgar la llamada se había quedado un poco pensativo, era increíble que esa mujer todavía quería su dinero, es que al final eso era lo que estaba buscando, ya no tenía que preocuparse por el bebé, pero le estaba pidiendo una cantidad bastante grande. Era absurdo que se negara, podía darle incluso un millón de dólares con tal de que no abriera su boca y fuera a decir todo eso. Lo cuál sería mucho peor para su persona. Tanto su hermano como la muchacha, habían terminado de comer, primero que él y se marcharon en cuanto acabaron a la biblioteca para continuar haciendo su tarea hasta este momento. El magnate se da cuenta de que sobre la mesa había una especie de pulsera y cuando la tomó entre sus manos, corroboró que en efecto era de la muchacha. Además de que tenía su no

