Con Ulises en nuestros brazos y nuestra promesa de amor y unidad en el corazón, comenzamos a construir el futuro que habíamos soñado durante tanto tiempo. Nuestra pequeña hija, con su risa contagiosa y su mirada curiosa, llenó nuestro hogar de alegría y amor. Cada día era una nueva aventura, y estábamos dispuestos a abrazarla por completo. Los meses pasaron volando, y Ulises comenzó a dar sus primeros pasos y a pronunciar sus primeras palabras. Cada hito en su desarrollo era motivo de celebración y asombro para nosotros. Observarla crecer nos llenaba de orgullo y emoción. Santiago: (Sonríe) ¿Puedes creer que ya tiene un año? Yo: (Asiento con nostalgia) Parece que fue ayer cuando la sostuvimos en brazos por primera vez. Nuestra relación se había fortalecido aún más con la llegada de Uli

