Un ataúd más. Un cuerpo más. Un funeral más. De funeral en funeral transcurrían los días de las novicias de la abadía Sant'Ann. Rezando, orando, pidiendo, suplicando que los atroces crímenes terminaran. Primero fue Cecilia, luego fue Monse. ¿Quién sería la siguiente hermana en la lista de Nosferatu? ¿Quién tentaría al diablo lo suficiente como para sacar su tridente? El silencio reinó en los pasillos. El dolor fue el resultado de tanta sangre, y la timidez y el recelo de todas aumentó. Aunque estaba mal, la desconfianza reinó, y lo que quedó fue el mismo recorrido de Dante, esa vez menos veces a la semana, y el silencio de los pasillos. Todo cesó; todos se sumieron en un estado catatónico, hasta una noche, cuando aquello oculto, finalmente vio la luz. Alice no podía dormir. Se movía e

