—La madre Cecilia ha muerto —anunció la Madre Superiora cuando se reunieron en la capilla para rezar esa mañana. El silencio que reinó dentro del lugar fue ensordecedor. Todas estaban sentadas en sus bancos de madera, con las manos en el regazo. Unas pocas se persignaron y rezaron plegarias por su alma. Las que no tenían el corazón n***o por ella, pedían por su paz, mientras Isabella recordaba cuando Alice la despertó asustada, aterrada. Los gritos se escuchaban por toda la abadía. El llanto, las impresiones, los desmayos. Algunas vomitaron, otras corrieron a esconderse bajo las sábanas. Alice tiró de la muñeca de Isabella y la llevó hasta la puerta, donde las piernas colgaban sangrientas. Isabella agrandó los ojos y sus labios se despegaron cuando vio a la mujer sangrante colgar de un

