Bajé la mirada a nuestras manos entrelazadas, James besó mi frente. Volví a sentarme como estaba antes y dejé caer mi cabeza en su hombro, nuevamente. Él dejó caer la suya sobre la mía. -¿Quieres contarme por qué estás triste? –susurró. Desde allí veíamos perfectamente a los niños jugando los tres juntos. Había dos o tres niños más, pero ellos solo jugaban entre hermanos, por ahora. -¿No crees que tengo muchas razones para estar triste? -¿Cómo cuales? -Muchas, James. -Habla claro, ______. -Yo sé que vuelvo siempre al mismo tema, pero en serio me hace mal. O sea, desde niña que sufro, primero la muerte de mi madre, luego que mi padre me crió como pudo, más tarde la muerte de mi padre y luego... -me quedé callada por un momento- Olvídalo. -Luego te venden y yo te compro –susurró afli

