Me sonrió. Su sonrisa era tan perfecta que no podía creer como podía ser real. Lo tenía ahí en frente, tan perfecto, tan lindo, tan tierno y era todo mío. -Dime, ¿qué era lo que me querías decir? -Primero que nada, una pregunta... Alcé la barbilla invitándolo a hablar. -¿Sigues considerando el divorcio? Negué rotundamente con la cabeza. Una y otra y otra vez. Me volvió a sonreír. -¿Por qué? ¿Ibas a dármelo? -Sabes que no, ni sé para que preguntas. Asentí y desvíe la mirada. Nos quedamos callados por un momento, ninguno decía nada, no nos estábamos siquiera mirando. -¿_____? -¿Mmmh? –bajé la mirada al poco helado que quedaba en mi tazón. -¿Puedes decirme qué es lo que te molesta de mí? -¿De ti? -Mírame –dijo dulcemente-. Si hay algo que te molesta, voy a cambiarlo, lo prometo.

