Me siento a ahorcajadas sobre él, se ríe y me toma de la cadera para sentarse. Sus labios atacan los míos con impaciencia, paseo mis manos por su cabello y las arrojo detrás de su cuello, acariciando su espalda con la punta de mis dedos. —Hace frío. —Arrugo la nariz. James se separa solo un poco de mí, pestañea un par de veces y sé que está pidiendo permiso para seguir adelante o simplemente levantar las cosas y volver a casa. Sin hablar, agarro sus mejillas y lo atraigo hacia mí para besarlo una vez más. —Te amo. —Mi chico romántico —murmuro roncamente. La risa de James me alegra por unos segundos y luego me besa tiernamente. —Yo a ti, Mals —digo en un murmuro casi inentendible por la dificultad de hablar con sus besos por encima. Desnudos. Completamente desnudos y enredados. Somos

