Coincidimos sin buscarlo. Fue a la salida de la última clase, cuando el instituto empezaba a vaciarse y los pasillos dejaban de empujar. Yo iba con el cuaderno contra el pecho, pensando en nada concreto, y al doblar la esquina lo vi. Ares estaba sentado en el banco de madera del patio lateral, el que casi nadie usa porque queda fuera del recorrido habitual. Tenía la mochila a sus pies y miraba el móvil sin demasiada atención, como si solo estuviera dejando pasar el tiempo. No levantó la vista enseguida. No se incorporó. No hizo ningún gesto para llamarme. Yo tampoco me detuve al instante. Seguí caminando un par de pasos más… y luego volví atrás. —Hola —dije. Ares alzó la mirada y sonrió, sin sorpresa. —Hola. Nada más. Me senté a su lado, dejando un espacio prudente entre los do

