Capítulo 2

580 Words
—Tiene que hacerlo. —Yo no lo haré —comentó frunciendo las cejas. El sujeto, lanzó una risita, y la tomó de la mano. No pudo emitir ninguna palabra. Al salir de la habitación, dos hombres más los esperaron. Quiso decir algo, pero le cubrieron la boca con una cinta. —¡Mmm...! La obligaron a escabullirse, escaparon por la puerta trasera. Ella no quería hacerlo, sin querer pudo ver al novio a lo lejos. Adrián, llevaba una sonrisa resplandeciente. Él estaba esperándola y ella huyendo sin querer el mismo día de su de su boda. Se subieron a un vehículo, al menos no la habían tapado la vista, pero regañadientes se sentó en un asiento de cuero n***o. —Tranquila, entenderás todo cuando lleguemos. Ella no podía responder debido a la cinta. Mientras comenzaron a acelerar , se la quitaron de la boca. —¡Duele..! —protestó. —Si no te hubieras quedado quieta, no lo hubiera hecho —apuntó el sujeto. —Me está secuestrando, ¿acaso quieres que te agradezca? —preguntó en tono irónico. —Tal vez, quizá no querías casarte —dijo, se encogió de hombros. Ella puso los ojos en blanco. Sin poder creer el cinismo. Sin saber el tiempo, su vista pero quedó impregnada en la ventana. Se mordió los labios una y otra vez, intentando pensar quién podría haberla querido secuestrar. "¿Algún negocio de mi padre?" Poco a poco, un gran campo se hacía más grande. El auto se detuvo. Estacionaron frente a una tranquera abandonada. —¿Qué es esto? —preguntó un poco incómoda. —Ya lo verás, solo es una fachada exterior —habló su secuestrador. Ella asintió, no muy convencida. Poco a poco ingresaron por un camino bastante abandonado, incluso era un poco dificultoso avanzar. Muchos baches. Incluso maleza arrojada en el suelo. No tenía mantenimiento hace mucho tiempo pero después de 15 minutos de estar en vehículo en forma lenta, se sorprendió. Una enorme mansión, apareció en su vista. No solo eso. Un parque frondoso, sin ningún espacio marrón. A diferencia del triste panorama que había visto anteriormente. El vehículo estacionó, y ella bajó sorprendida. Sus padres eran ricos, pero en cuanto falleció su papá, había dejado una deuda millonaria y encima, se había casado con una persona humilde. O intentado hacerlo. Al no saber el método para liquidar las deudas heredadas. Avanzó, siendo empujada por los sujetos. Ingresó y una señora un poco rellena, la recibió. —Soy María, un placer recibirla, me preguntaba si quiere darse una ducha. —No... no quiero eso. Quiero saber qué hago aquí.Y por qué en el mismo día de mi boda me arrastran hasta acá. —Todo tiene una explicación señorita. Ahorre esa conducta; para usted será peor —murmuró María, sosteniendo su mano. Algo en ella le transmitía confianza a Alma, pero de igual forma desconfiada se separó dando un paso. María bajó la cabeza un poco triste. No le agradaba la decisión de su jefe. Alma tuvo que caminar hacia las escaleras y ella tuvo que hacer lo mismo. No por voluntad propia. Aquellos gorilas aún seguían detrás acechandola. Alma puso los ojos en blanco, incrédula por la insistencia de los hombres. Sus pies tocaron cada escalón. Los hombres, se quedaron de pie, al final de la escalera. Alma agradeció internamente. Alma tenía que lidiar con el secuestro. La incertidumbre del correo recibido y sus pensamientos estaban dando vueltas una y otra vez.
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