La luz del amanecer apenas comenzaba a filtrarse entre los árboles cuando Aneliz, Liam, Elara y Darius iniciaron su camino hacia el oeste. El silencio del bosque era casi ensordecedor, roto solo por el crujido de las hojas bajo sus pies y el canto ocasional de algún pájaro madrugador. A medida que avanzaban, la tensión en el grupo era palpable. Sabían que se estaban adentrando en territorio peligroso, donde cada sombra podía esconder una amenaza.
—Elara, ¿qué sabes de los líderes del asentamiento al oeste? —preguntó Aneliz, tratando de mantener la conversación para calmar sus propios nervios.
—Conozco a uno de ellos, Jarek —respondió Elara, sus ojos fijos en el sendero—. Era un buen amigo de mi hermano. Siempre ha sido un luchador y un líder nato. Si alguien puede convencer a los demás de unirse a nuestra causa, es él.
—Eso suena prometedor —dijo Liam, con un tono esperanzado—. Pero debemos ser cautelosos. No sabemos qué tipo de vigilancia tiene Steven en esta área.
El grupo continuó su marcha en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos. Elara y Darius parecían estar en constante alerta, escaneando el entorno en busca de cualquier señal de peligro. Aneliz apreciaba su cautela, sabiendo que no podían permitirse ningún error.
Después de varias horas de caminata, se encontraron con un río que marcaba el límite del territorio del asentamiento al oeste. Aneliz observó el agua que corría con fuerza, preguntándose si cruzarlo sería seguro.
—Por aquí —dijo Darius, señalando un puente de madera más adelante—. Es el único cruce seguro en esta área.
El puente parecía antiguo pero sólido. Cruzaron uno por uno, manteniendo la guardia alta. Una vez al otro lado, siguieron avanzando por un sendero más estrecho, rodeado de árboles altos y densos arbustos. El ambiente se volvía más sombrío a medida que se adentraban en el corazón del territorio.
Finalmente, después de lo que parecieron horas, llegaron a un claro donde se encontraba el asentamiento. Las cabañas estaban dispuestas en un círculo, con una gran hoguera apagada en el centro. Había varias personas trabajando en diferentes tareas, pero al ver a los recién llegados, dejaron lo que estaban haciendo y se acercaron con cautela.
Un hombre alto y musculoso, con una cicatriz que le cruzaba el rostro, se adelantó. Aneliz supo de inmediato que debía ser Jarek. Sus ojos duros se posaron en ellos, evaluándolos con rapidez.
—¿Quiénes son ustedes? —preguntó, su voz grave y autoritaria.
—Mi nombre es Aneliz —dijo ella, dando un paso adelante—. Venimos en busca de aliados para resistir a Steven Stone. Sabemos que este asentamiento no está de acuerdo con su liderazgo, y creemos que juntos podemos hacer la diferencia.
Jarek levantó una ceja, claramente interesado pero aún desconfiado.
—¿Y qué les hace pensar que pueden enfrentarse a Steven? —preguntó, cruzando los brazos sobre el pecho.
—No estamos solos —intervino Elara—. Otros asentamientos también están comenzando a unirse. Necesitamos tu ayuda, Jarek. Conoces a mi hermano, sabes lo que Steven le hizo. No podemos permitir que siga gobernando con terror.
El nombre del hermano de Elara pareció suavizar la expresión de Jarek. Asintió lentamente, recordando viejas lealtades.
—De acuerdo —dijo finalmente—. Pero primero, quiero escuchar su plan en detalle. Y quiero que todos aquí lo escuchen también. Si vamos a hacer esto, debemos estar unidos y preparados.
Jarek los condujo al centro del asentamiento, donde todos los habitantes se reunieron para escuchar. Aneliz sintió una mezcla de nerviosismo y determinación mientras explicaba su plan, detallando cómo pensaban reclutar a más aliados y coordinar un ataque estratégico contra Steven.
A medida que hablaba, podía ver cómo las expresiones de los presentes cambiaban de escepticismo a interés, y finalmente a una determinación similar a la suya. Cuando terminó, Jarek se levantó y se dirigió a su gente.
—Lo que Aneliz y su grupo dicen tiene sentido —dijo con firmeza—. Hemos sufrido bajo el yugo de Steven Stone durante demasiado tiempo. Es hora de levantarnos y luchar por nuestra libertad. ¿Quién está conmigo?
Un murmullo de asentimiento recorrió el grupo, seguido de un clamor de aprobación. La resistencia estaba ganando fuerza, y Aneliz sintió un renovado sentido de esperanza. Sabía que el camino sería largo y peligroso, pero por primera vez en mucho tiempo, veía una luz al final del túnel.
***
Esa noche, mientras el asentamiento celebraba su decisión de unirse a la resistencia, Aneliz, Liam, Elara y Darius se reunieron con Jarek para discutir los próximos pasos. Decidieron enviar mensajeros a otros asentamientos conocidos, informándoles de la creciente coalición y solicitando su apoyo.
—Debemos movernos rápido —dijo Jarek—. Steven no tardará en enterarse de nuestros movimientos. Necesitamos estar un paso adelante en todo momento.
Aneliz asintió, sintiendo la urgencia en sus palabras. Sabía que cada día contaba y que no podían permitirse bajar la guardia.
—Mañana al amanecer —dijo—. Partiremos hacia el próximo asentamiento. Juntos, podemos vencer a Steven Stone y liberar a nuestra gente.
Con el plan en marcha y la determinación en sus corazones, se prepararon para enfrentar los desafíos que se avecinaban. La resistencia estaba creciendo, y aunque el camino sería peligroso, estaban listos para luchar por un futuro mejor, un futuro libre del yugo de Steven Stone.