Olena
Estaba de camino al despacho; ayer por la noche me llegó un mensaje del señor Volkov donde me dijo que quería verme temprano, que era un asunto urgente.
Pensé que se trataba de algo de la Pradva, por eso me dirigí a su oficina en cuanto amaneció; él ya se encontraba esperando ahí. Siéntate, por favor, Olena —me dijo.
Yo obedecí y me senté. —Dígame, señor Volkov, ¿qué es eso tan urgente para lo cual me llamó?
Él frunció el entrecejo; sabía que cuando estábamos los dos solos no le gustaba que lo llamara así y yo casi siempre lo hacía. Solo se me salía llamarlo por su nombre cuando veía que no quería entrar en razón o me enfurecía.
Olena, te pedí que vinieras para que hablemos del asunto del apellido que le diste al pequeño Mikhail; como sabes, no estoy de acuerdo con ello, además de que tampoco me parece correcto que te hagas cargo del niño. Voy a contratar a una niñera para que pueda hacerse cargo de él. Mis hijos hicieron mal al aceptar tu propuesta de darle tu apellido —dijo él.
Con cada palabra que salía de su boca, mi molestia iba en aumento. Cuando terminó, le dije: —¿Solo me has llamado para decirme eso?
—No, también para que firmes estos documentos donde te retractas de darle el apellido —dijo él. Con eso estallé—. Mikhail, ya te dije por teléfono que lo que haga o no con mi apellido es asunto mío; yo he decidido darle mi apellido a ese pequeño porque es lo que quiero y si lo propuse a tus hijos es porque así lo quise.
El cuidar a Mik no es una molestia para mí; lo hago con mucho cariño.
Al estar a su lado me siento bien, me agrada Mik y sé que yo también le agrado.
Él se llevó la mano al puente de la nariz y luego dijo: —Olena, sabes que eso no te hace bien y si algún día vas a querer hacer tu vida con alguien, el niño supondrá un obstáculo, además de que él es hijo de Katarina.
—¿Hacer mi vida? Yo hace tiempo dejé esa idea; yo no creo volver a enamorarme de nadie. Una vez quise entregar mi corazón a alguien, pero ese alguien jamás se fijó en mí. Supongo que mi pasado le supuso mucho problema a él; igual no es fácil de asimilar para nadie entablar una relación con una mujer que había salido de un prostíbulo.
—¡Jamás vuelvas a decir eso, me oyes! Tu pasado no fue culpa tuya y si ese alguien no supo darse cuenta de la mujer fuerte y valiente que eres, entonces no merece siquiera que te fijes en él —dijo él.
Yo simplemente me reí y le dije: —En el corazón no se manda y eso tú mejor que nadie lo sabes, y no elige a quien o no amar.
Su sorpresa se reflejó en su rostro. —¿Eso quiere decir que aún lo amas? Vamos, respóndeme —y sentí molestia en sus palabras.
—Eso quiere decir, señor Volkov, que no he venido aquí para hablar de mi vida amorosa, y con respecto a que Katarina fue la madre de Mik, yo jamás juzgaría a alguien, y menos a un niño, por los pecados que cometió su madre.
Si no tienes nada más que decir, creo que esta reunión ha terminado —le dije, levantándome. No caminé ni tres pasos.
Cuando la voz calmada de él me llegó: —Sabes que Mikhail no es Nikolay, ¿verdad?
Me volteé a verlo con el dolor reflejado en mi cara y él lo vio y añadió: —Lo único que quiero es que no salgas lastimada, al hacerte ilusión con ese niño.
Traté que mi voz no saliera rota por la mención de aquel nombre y le dije: —Lo sé, Mikhail, sé que ese pequeño no es mi hijo.
Pero gracias por preocuparte y recordármelo, pero no era necesario; jamás olvido que mi hijo no estará jamás conmigo.
Me volví a girar y salí de aquella oficina.
Annia
Estaba escondida detrás de una columna; me había despertado temprano y, cuando bajé a la cocina, le pregunté a una de las sirvientas si habían visto a papá u Olena; ella me dijo que ambos estaban en el despacho desde hacía un buen rato, pero que seguramente ya estaban por terminar los asuntos que tenían.
Así que me dirigí ahí para poder saludarlos a ambos. Cuando estaba por llamar a la puerta, escuché decirle a papá a Olena: —Sabes que Mikhail no es Nikolay, ¿verdad?
¿Nikolay? ¿Quién era Nikolay? Jamás había escuchado hablar de él ni a Olena ni a mis hermanos. ¿Sería que era alguien muy cercano a Olena y por eso pa pa lo mencionaba en esa conversación que supuse era por lo del apellido de mi hermano?
Estuve inmersa en mis pensamientos y solo escuché la parte donde le dijo que no quería que saliera lastimada.
Luego hubo un gran silencio y cuando volví a escuchar, esta vez fue la voz de Olena, la cual se notaba dolida, rota, responder: —Lo sé, Mikhail, sé que ese pequeño no es mi hijo.
Pero gracias por preocuparte y recordármelo, pero no era necesario; jamás olvido que mi hijo no estará jamás conmigo.
Me quedé en shock… ¡Entonces Nikolay era hijo de Olena! ¡Entonces ella tenía un hijo! Pero ¿qué había pasado con él? Por las palabras de Olena, al parecer había muerto. Dios, pobre Olena… ¡qué dolor tan grande debió haber sufrido al perder a su hijo!
Escuché unos pasos en el interior que se dirigían hacia la puerta, así que me aparté rápidamente y me escondí detrás de la columna; no quería que Olena pensara que la estaba espiando. Si ella no me había contado sobre su pasado era porque de seguro era muy doloroso hablar de él; yo sabía mejor que nadie que hablar o traer recuerdos de un pasado doloroso no era tarea fácil.
Así que lo mejor era que guardara silencio, y si ella algún día me tuviera la suficiente confianza para contármelo, yo estaría para ella como ella estuvo para mí desde que nos conocimos; para eso era la familia, y para mí Olena era la madre que nunca tuve.