Alexander se había quedado con las ganas de asistir, pero Moira le había dicho que tenía que terminar la tienda de campaña o lo dejaría durmiendo con el ternero en el establo, y Julián se había quedado ayudándolo, aunque no tenía más conocimientos que él. Mientras el auto avanzaba por la pradera las tres mujeres guardaron silencio, hasta que llegaron al fondo del lago, y las construcciones que Moira había visto resultaron ser una inmensa entrada construida en mármol incrustada en la montaña. —¿Por qué a los vampiros les gustan tanto las cuevas? —le preguntó a Luciana y ella solo se encogió de hombros. Un vampiro de vestido n***o las dirigió a la entrada, y las guio de una enorme sala donde colgaba un candelabro de piedras rojas a un pasillo que terminaba en una puerta de madera caoba,

