Juanito la sentó encima de los sacos de abono, le abrió las piernas, se colocó en medio y volvió a penetrarle el coño, de un buen pollazo, haciendo que Melania gritara de nuevo, ella se abrazó a su cuello. —Fóllame otra vez, fóllame cariño. Juanito la agarró una vez más de las caderas y se la folló con un ritmo endiablado. Melania se movía, gritaba de gusto, besaba a su marido. Fuera, en la terraza, todos escuchaban los gritos de aquellos dos follando. Por un momento se hizo un silencio, Antonio subió el volumen de la música, eso silenció un poco los gemidos y gritos de la follada, pero no del todo. —En el pueblo los chicos se van a hacer esas cosas a la era, aquí en la ciudad como no tienen se conforman con cualquier sitio, pobrecicos.— Comentaba el padre de Mariah. —¿Ese es mi Juani

