Carly y Sabrina se miraban entre ellas y miraban la piscina, sin saber qué hacer. —Estaría bien, pero no hemos traído bañadores, no pensamos en algo así.— Le decía Carly, con la aprobación de Sabrina. —Bueno, si las señoritas quieren… yo podría vigilar esta puerta, que es la única que tiene acceso a la sala… y ustedes… ya saben, refrésquense como quieran. Sabrina reía. —¿Nos está diciendo Amal? Que nos bañemos desnudas, mientras usted vigila que no entre nadie. —Ustedes estarán solas, báñense como quieran, yo no las veré… y lo que no veo no lo sé.— Le respondía Amal con una sonrisa cómplice, mientras de un mueble, sacaba dos toallas grandes dejánsexualencima de unos sillones. Las chicas se miraron entre ellas confirmándolo con la cabeza, Amal abrió la puerta de nuevo gritándole a su

