Mientras tanto, Sabrina, que no era de piedra y andaba un poco justa de sexo desde que la dejó Carlos, todo hay que decirlo, se tocaba suavemente por encima de la rajita del coño, no tardó en darse cuenta que se estaba mojando, eso hizo que abriera las piernas y con dos dedos se fuera acariciando los labios vaginales, pasándoselos de vez en cuando por el agujerito del chichi, de ahí pasó al clítoris, en cuanto lo rozó y apretó un poco, un espasmo le recorrió el cuerpo, ahogó un gemido, aunque por la manera que gritaba Carly no la iba a oír ni Dios. Ella sí que los oía a ellos gritar y gemir, y a la cama sufrir, parecía que la iban a desmontar de un momento a otro, menudo polvazo de despedida están pegándose estos dos, pensaba Sabrina. Sin dejar de masturbarse, sus dedos, ya empapados de fl

