—Sabrina ha salido a cenar con los amigos, llegará tarde y a mí se me caía la casa encima.
—¿Cenarás conmigo?
—No he pensado en comprar algo para traer…
—En esta casa hay comida, y hay suficiente para los dos.
Victor había entrado en la vivienda, su amiga le hablaba poniéndole bien el cuello de la camisa, él le apoyaba las manos en la parte baja de la espalda.
—Así que te sientes solito.
—Estoy cada vez más solo, Sabrina se hace definitivamente cada día más mayor, en poco tiempo tendrá su vida independiente.
—Bueno, de momento no tiene novio ¿O sí?
—Si no lo tiene, es porqué no quiere.
—Eso es verdad, es guapísima la tía.
—Como tú, que cada día estás más guapa.
Ella sonreía.
—Y tampoco tengo novio.
—¿No tienes novio?
Le preguntaba con cierto cachondeo Victor, a la vez que le daba un piquito en los labios, la agarraba por el culo y la levantaba para que ella enrollara las piernas alrededor de su cintura. Así la llevó hasta la habitación, estirándose con ella en la cama, le acarició la carita con suavidad, le dio un par de largos besos y le apoyó una de sus manos en el muslo.
—¿Y lo buscas?— Preguntó Victor.
—¿El qué?— Respondía una despistada amiga.
—El novio.— Ella lo besó de nuevo con pasión.
—Bueno, en realidad estoy esperando que el amor de mi vida despierte…
Victor no le dejó seguir hablando, la volvió a besar subiéndole la mano por el muslo, le agarró el coño sintiendo un suspiro de ella dentro de su boca. Le apartó las braguitas y le fue pasando lentamente un dedo por encima de los labios del chichi. Ella le bajó la cremallera del pantalón, metió la mano dentro buscándole la polla, que por supuesto encontró, agarró y sacó para pajearla.
Victor le quitó las bragas, ella la camiseta, él se desnudó, ella se acomodó en la cama abriendo las piernas, él suavemente se fue colocando en medio de las piernas de su ‘amiga’, la besó con cariño, a la vez que lentamente la fue penetrando hasta el fondo, ella le puso una mano en la nuca acariciándosela, otra en el culo apretándoselo. Entre delicados besos, suaves caricias y movimientos rítmicos follando, a ella el coño se le hacía agua.
—¡Dios! Eres tan delicado y dulce, me pones a mil.— Susurraba ella en el oído de Victor.
—Es para que no te busques ningún novio.
La amiga le dio un buen golpe, con la palma de la mano en el culo.
—¿Eso te preocupa? Que me busque un novio.
El golpe que le dio en el culo, provocó que la penetrase con más fuerza, la chica soltó un fuerte gemido, él volvió a metérsela con la misma intensidad siguiendo el ritmo, ella fue entrelazando gemidos. Las manos nerviosas las fue moviendo por la espalda y el culo de Victor, acariciando, apretando, las caderas subían y bajaban siguiendo el ritmo de su amante, la polla resbalaba en su interior con total facilidad, el ruidito que producía el roce, los estaba poniendo a los dos como motos. Cuando Victor vio que ella se tensaba y le apretaba la espalda con las dos manos, sabía que estaba a punto de correrse. Se apoyó en las manos levantando el tronco, aceleró el ritmo penetrándola con más dureza, ella gritó y empezó a correrse, él aceleró los golpes de cintura follándola para correrse también. Después de un par de gritos de la amiga, Victor se corrió, le llenaba el coño a lechazos, dando un grito en cada disparo, ella, con la cara desencajada por el placer, le miraba a los ojos corriéndose los dos a la vez.
Victor se salió del medio de las piernas, dejándose caer al lado de su amante resoplando, ella se giró y apoyó su cabeza en el pecho de él.
—Otro gran polvo Victor, nunca decepcionas.
—Tú, que me motivas.— Sonreía Victor. Ella estaba pensativa.
—¿Pasa algo?
—Sabes, a veces pienso… pienso si después de tanto tiempo…
No siguió hablando, parecía que no quería seguir. Victor le levantó la cabeza para mirarle la cara, le caían unas lágrimas por las mejillas.
—¿Estás bien? ¿Hay algo que me quieras decir?— Le preguntaba Victor, preocupado por las lágrimas que le resbalaban por su bonita cara.
—A veces pienso, que acabarás conociendo a alguien y yo no te serviré para nada…
—¡Eh eh! ¿Cómo puedes pensar eso?
—No lo sé, es lo que siento.
—Escúchame.— Le levantaba Victor la cabeza por la barbilla, mirándole a los ojos.
—Tú, tú eres la única mujer en mi vida, no he estado con nadie más, bueno, después de tener a Sabrina me refiero. Y antes tampoco fueron tantas.
Ella volvió a colocar la cabeza encima del pecho de Victor, rodeándole con sus brazos.
—Perdóname, ya lo sé.— Se disculpaba ella.
—Ya sé que te gustaría dar un paso más, solo te pido un poco más de tiempo…
—¿Más tiempo? Que cara tienes tío ¿Sabes el tiempo que hace que estamos juntos? Sin que nadie lo sepa, a lo mejor es que te parece poco tiempo eso.— Se quejaba ella mientras se levantaba de la cama.
—¿Tantos años hace ya?— Preguntaba él extrañado.
—Sí, lo sabes de sobra, aunque ya sé que te gusta hacerte el tonto.
Victor se levantó con prisas siguiéndola, se metieron los dos en la ducha, ella ponía en marcha el agua comprobando si estaba caliente, él le acariciaba el culo y le rodeaba con un brazo la cintura.
—Tendremos que celebrarlo ¿No?— Ella se giró, levantó la alcachofa de la ducha dejando caer el agua encima de la cabeza de Victor.
—No sé ¿Qué propones que hagamos?
—Una buena cena…
—Ya.
—Y unas vacaciones los dos juntos.
—¿Vacaciones juntos?— Se extrañaba ella mirándolo como si Victor se hubiera vuelto loco.
—¿No te parece bien?
—Es… es… es que me has sorprendido. De verdad querrías venir conmigo de vacaciones, nunca hemos hecho algo parecido.
—Donde tú quieras, cuando quieras.
Se abrazó a su cuello besándolo, le miró a los ojos.
—Siempre sabes contentarme, si es que no puedo tener ninguna queja de ti.
—Así ¿No te buscarás ningún novio?
Ella le dio otro fuerte azote en el culo, partiéndose los dos de risa.