“Puedes traicionarme una vez. Una única vez”
Isaac Hayes
***
He empezado a creer que intentar arreglar un matrimonio que parece ya estar roto no es sencillo, ni siquiera cuando has dado todo de tu tiempo y vida para que las cosas volvieran a ser como antes o al menos, una parte de ellas; pero finalmente siento que estoy a punto de tirar la toalla luego de haber intentado todo lo que hay en este mundo para que otra vez llegara la felicidad en esta casa, pero sin dudarlo, creo que nada me devolverá al Dalek que conocí una vez, aquel que me sacaba miles de sonrisas con sus palabras llenas de cariño, quien todos los días me elogiaba sin importar lo despeinada o agotada que me encontraba o de los maravillosos momentos que pasábamos juntos cuando salíamos a caminar simplemente para hablar sobre nuestros días.
Extraño todo aquello, tanto que, a veces siento como si todo eso hubiera pasado hace más de diez años volviéndose un recuerdo lejano sobre la felicidad que tenía a su lado, en donde ahora todo se ha vuelto frío y monótono. Sin embargo, el cambio radicalmente llegó hace dos años con una mala noticia que simplemente no sabía que sería mi mayor perjuicio de toda la vida, ese que arruinaría no sólo mi matrimonio sino que también, la confianza y el amor que mi esposo tenía conmigo; apenas puedo recordar esa noche sin intentar llorar porque me sentí la principal culpable de ello, a pesar que no fuese así, ya que mediante ha pasado el tiempo, he comprendido que sea cual sea la causa que haya provocado que terminará siendo estéril, al fin y al cabo, no es totalmente mi culpa.
Duele saber que no podré tener hijos, aunque lo intentase, más cuando lo intente por un largo tiempo con Dalek quien entusiasmado esperaba que algún día le diera la noticia que me encontraba embarazada, no obstante, cada mes era una desilusión cuando mi periodo llegaba o la simple señal de una raya en la prueba de embarazo me daba a entender que había algo que no lograba que pudiera concebir un bebé. Lamentablemente, no me quedo de otra que pedir una cita con un ginecólogo para averiguar qué estaba sucediendo, no sabía ni siquiera quién podía ser el del problema, pero nada más sé, que ese día no sólo fue el más horrible de mi vida, sino que también, el más decepcionante que pude tener entre todas las cosas malas que podían haberme sucedido.
Que te diga que eres estéril y no puedas ni siquiera concebir un bebé por medio de una inseminación artificial o una fertilización in vitro es lo peor del mundo. Desde antes que me casara con Dalek, sabía que quería tener hijos, al menos uno o dos para poder experimentar el sentido maternal y la vivencia de ser una madre, pero cuando el ginecólogo me dio dicha noticia sentí como mi propio mundo empezaba a desmoronarse, hasta pase unos veinte minutos sin ser consciente de que no había reaccionado ante el resultado de aquella revisión para saber mi condición de fertilidad, solo recuerdo bien como el doctor tuvo que darme un poco de tiempo más para que comprendiera mi situación y más, cómo darle esa noticia a Dalek.
Realmente esa misma noche tuve mucho miedo, tanto, que no le hice mención de nada hasta ocultar los documentos que el ginecólogo me había dado sobre mis resultados de fertilidad; pienso que ese fue mi primer error, en haberle ocultado algo tan importante a mi marido, quien debía de haberse enterado al instante de mis circunstancias, pero preferí ignorar aquello y seguir intentando como si eso conciliará mis miedos para no aceptar la realidad.
Dalek siempre fue sincero conmigo desde un comienzo, me dejo claro que cuando ambos nos sintiéramos estables podíamos comenzar a planificar para tener nuestra propia familia y con un gran gusto como felicidad, aprobé sus palabras porque él también deseaba tener hijos, así que, porque negarme aquello si era un proyecto que ambos teníamos y sabía que, en su momento, ya nos sentíamos preparados para comenzar la tarea.
Lo malo fue que entre más intentábamos, más había dudas… Y por fin, una noche llegó la verdad, algo que me pesó por un largo tiempo en tener que ocultárselo y por supuesto, en no haberle sido sincera sobre mi condición. Aún en mi memoria conservo el dolor de sus ojos, la desesperación en no creer aquella noticia y la ira que emanaba cada vez que recordaba mi mentira. Fue algo que no tolero de mi parte y sinceramente, eso nos derrumbó causando una grieta enorme a nuestro matrimonio que no una simple venda lo puede remediar.
Fue entonces en donde todo empezó, su actitud fría, su alejamiento, su desconfianza, sus palabras llenas de ironía y odio, su desprecio y su ignorancia… Realmente, no tengo idea cómo hemos seguido de pie con este matrimonio cuando ya no veo que quede nada de lo que una vez iniciamos. Más bien, todo parece haberse borrado en un chasquido de dedos cuando supo de mi esterilidad, hasta fue difícil ser apartada cuando necesitaba que tuviéramos intimidad y simplemente, él se alejaba a punto de no tocarme.
Ni un abrazo, ni una caricia y ni un beso han surgido en estos dos años… Ha sido doloroso porque dormimos en la misma cama como si fuéramos unos extraños cuando recuerdo bien de lo mucho que disfrutábamos juntos sin importar que las horas transcurrieron y de vez en cuando veíamos el amanecer a punto de terminar carcajeando al darnos cuenta que pasábamos toda la noche y madrugada demostrando lo mucho que nos amábamos, ahora eso, ya no cobró sentido.
Dalek dejó de ser mi esposo para ahora volverse en un desconocido, ya no sé nada de él ni siquiera de su trabajo o al menos de su vida personal, apenas llega a casa y parece ser que solo le queda tiempo para comer, dormir y trabajar. Día y noche me ignora como si fuese solo una pieza de decoración más en esta casa y ya he llegado a ese límite porque también soy ser humano, una mujer que necesita amor, comunicación e intimidad, pero al parecer él no le importa eso, mejor dicho, le ha dejado de importar al grado que ni me da la cara o que no me dice ni una palabra.
Escucho como abren la puerta logrando que mis pensamientos se alejen de mi cabeza para poner atención a la persona que ya ha llegado, sé que es él, pero me parece asombroso que este muy temprano por acá y más cuando últimamente se la ha empeñado a llegar a casa muy tarde, tanto, que he dejado de creer que sea por el trabajo. Me levanto del sofá para caminar en dirección a la puerta principal pero no me queda ni tiempo de saludarlo cuando escucho como sube las escaleras para ir al segundo piso; al conocer su rutina sé que ahora mismo irá a darse un baño y por supuesto, luego bajará a cenar, así que, yendo pronto a la cocina, empiezo a preparar su plato de comida que no se trata más de un svíčková[1].
A los quince minutos, él baja para cenar haciendo que otra vez se integre esa tensión que existe en ambos, la cual ya es inútil para mí cortar cuando Dalek no se propone a decirme alguna palabra, así que, poniendo también mi plato en la mesa, ambos empezamos a cenar en silencio logrando que otra vez, vuelva a mis pensamientos.
Le doy una pequeña mirada en la que además de verlo cansado, se encuentra un tanto inquieto no tengo la idea de porqué pero sé muy bien que algo está sucediendo porque no deja de jugar con la comida, como también, que empieza a moverse demasiado como si estuviera nervioso; desde luego, sigue sin decir ni una palabra, ha preferido como siempre guardarse el problema antes de contármelo como antes lo hacía, en cambio hoy, está ahí, apretando sus labios, tragando saliva y sumergiéndose en su propio mundo.
— ¿Sucede algo? —Inquiero en saber.
— ¿Por qué la pregunta? —Responde.
Me quedo admirada un instante porque no imagine que me respondería rápido, sin decir que ha subido la mirada haciendo que, por primera vez en tanto tiempo, podamos mantener una conversación en la que nos miramos sin tratar de ignorarlos. No sé si eso podía considerarse un avance, pero me gusta saber que me ha hablado y al menos, ha intentado proseguir, aunque sea respondiéndome con otra pregunta.
—Te veo preocupado, ¿ha pasado algo en el trabajo? —Sigo preguntando.
—No, pero… quiero tener una conversación contigo y es de suma importancia —doy un enorme respiro porque se ve que lo dice con mucha seriedad.
— ¿Qué tienes que decirme? —Digo con miedo.
—He considerado que es mejor que nos divorciemos. —Suelta sin arrepentimiento.
Abro la boca y puedo sentir como mis pensamientos se escabullen, como también, mi corazón empieza a latir rápido; es algo que no me lo esperaba a pesar que hace un mes me he imaginado que ha estado averiguando sobre el tema cuando Lloyd su mejor amigo, me hizo saber que un día llegó un abogado de divorcios a su trabajo.
— ¿No crees que es muy… precipitado? —Digo aturdida aún con la noticia.
—No. Lo veo como una forma de salir de este infierno —farfulla —, ya no queda nada en este matrimonio y no veo la forma en que lo sigamos manteniendo de pie.
Siento un enorme pesor en los hombros al escuchar lo duro y frío que es al categorizar nuestro matrimonio como un infierno cuando él así lo ha querido, pero, ¿qué puedo hacer cuando él no trata de mejorar la relación? O por lo menos, de darnos una segunda oportunidad.
— ¿Estás seguro? —Me atrevo aún de escuchar su afirmación.
—Más que seguro, Kaleen. —Responde.
Bien, ¿esto es todo? ¿Hasta aquí llego los ocho años de matrimonio cuando podían haber sido más si las cosas no hubieran empeorado por mi mentira y la insensatez de su parte? Disgustada porque ya no sé en qué pensar y buscando una forma de analizar sus palabras, solo me levanto para ir a dejar mis platos sucios al lavaplatos para dirigirme pronto a nuestra habitación, realmente nunca había considerado que este día llegaría y más, en saber que todo ha llegado a su fin.
Las lágrimas pugnan en salir de mis ojos, pero no quiero verme como la esposa débil que llora ante un fracaso de matrimonio del que debía de haber sido consciente que por la forma en la que ha estado viviendo, sería mejor divorciarse y reiniciar una nueva vida que al menos le pueda devolver su felicidad.
En sí, esto no era lo que deseaba, pero… Es imposible que pueda encontrar un remedio entre todo ello ahora que él ya ha tomado la decisión de separarse de mí.
Un largo baño me hizo reflexionar sobre los últimos dos años al lado de Dalek, realmente las cosas ya no serán las mismas si sigo permitiendo que este matrimonio continúe, además tenerlo atado a mí no es lo correcto cuando sería mejor que renunciemos a aquello que hizo que nos uniéramos, quizás solo así, cada quien pueda encontrar la paz que se ha perdido desde el día en que la noticia de mi esterilidad afectó nuestro matrimonio.
Me quedo en el balcón de nuestra habitación para recibir una ventisca de aire que me ayuda a no desesperarme por una decisión pronta, debo de ser cautelosa y saber las consecuencias que me traerá este divorcio, porque además de dolor, sé que será difícil volver a iniciar una vida de la que no tengo planificada aún sobre lo que puedo llegar a hacer.
Doy un pequeño salto cuando lo siento detrás de mí, es extraño tenerlo demasiado cerca que cuando me giro para verlo, su rostro no se muestra serio, sino que apacible como si en esta ocasión no deseara pelear; de verdad, no quisiera renunciar de una sola vez a nuestro matrimonio, quisiera al menos que le diéramos otra oportunidad para probar la fortaleza que tenemos para seguir adelante sin que aquella noticia nos siga reteniendo, pero temo que él no piense de la misma forma que yo.
Pongo mis manos en sus brazos para sentir como sus músculos se ponen tensos ante mi contacto, le doy una pequeña mirada que pronto me hace acercarme un poco más a él hasta que me impacta ver cómo me deja continuar con mi cometido; desabrocho lentamente su camisa para después deslizarla hacia atrás dejándome ver su cuerpo muy bien entrenado; puedo sentir como mis pequeñas y delgadas manos se mueven en sus pectorales con nerviosismo, dejándose tocar sin ningún problema, por lo que cuando dejo que mis labios empiecen a vagar por su clavícula y pechos escucho como gruñe hasta sentir como sus dedos se enrollan entre mis cabellos rojizos.
—Kaleen…
Respira profundo cuando siente que empiezo a bajar cada vez más mi boca hasta que de un tirón termino por quitarle su pantalón junto con sus calzoncillos; le doy una mirada en la puedo distinguir como sus ojos verdes se dilatan a punto de que su cabeza termina por inclinarse hacia atrás en el instante en que mi boca termina por acariciar su m*****o; mis labios lo aprietan fuerte logrando que vaya de adelante hacia atrás repitiendo movimientos hasta con mi lengua que lo hacen gemir y en ocasiones, dar ciertos empujones de los que lo hacen temblar.
—Detente, por favor…
Sus palabras suenan demasiado entrecortadas y con un tono bastante bajo que apenas me es posible escuchar; hago lo que me dice así que, mientras me levanto y relamo mis labios, puedo ver cómo intenta recomponerse, sin embargo, aquellas palabras que ya me habían ocasionado una preocupación, no son más para incentivar lo que inicié.
Me besa de forma repentina que me es difícil reaccionar a los primeros segundos cuando ya había comenzado a olvidar esa sensación agradable de sentir sus labios apoyándose de los míos; lo peor de ello es que es imposible evitar sacar una sonrisa cuando me abraza y empieza a apretarme contra su cuerpo, enrollo mis brazos en su cuello y me tomo el tiempo necesario para besarlo como si el mundo se nos estuviera acabando.
—Levanta los brazos.
Hago los que me pide en el instante en que subió mi vestido de dormir para quitarlo de mi cuerpo dejándome simplemente solo con mis bragas, a pesar de ello, le dio un fuerte tirón haciendo que estas terminaran rompiéndose hasta caer en el suelo; me besa un par de segundos más hasta que me lleva directamente a la cama, donde al estar acostada en ella, puedo ver desde la altura su perfecto cuerpo, el cual no ha perdido su estructura luego de todo este tiempo.
Se pone encima de mí, pero antes, acaricia los muslos de mis piernas de arriba hacia abajo donde a los segundos ya es capaz de empezar a tocarme logrando que cierre los ojos, arqueé mi espalda y gima cuando su dedo índice empieza a jugar con mi clítoris, como también, dentro de mi v****a.
—Dalek… Oh cielos… Dalek…
Es una locura que sienta ese cosquilleo repentino cuando empieza a darle golpecitos a mi clítoris con su lengua, la penetración de sus dedos se hace cada vez más constante que antes de poder llegar al clímax, se detiene. Pero no me deja ni siquiera saber lo que ha pasado cuando un grito sale de mi boca con su repentina entrada de su pene en mí, provocando que no sólo vea de forma nublosa, sino que también, mi piel se erice ante aquella llegada que no estaba planeada.
— ¿Te hice daño?
Niego al ver la preocupación en sus ojos, es raro escuchar tal pregunta cuando la primera vez que la hizo fue cuando termino por quitarme mi virginidad, pero hoy, la pregunta es tan fuera de lo común que no me extraña que la haga cuando hace tiempo no tenemos intimidad y el roce fue tan inesperado que al principio sentí una incomodidad hasta que poco a poco otra vez, mi cuerpo lo fue aceptando.
—Muévete. —Le susurré.
Saca una pequeña sonrisa en la que empieza a moverse de adelante hacia atrás de forma lenta haciendo que el roce se vuelva más íntimo y cercano, como si estuviera aprovechando en tomar lentamente mi cuerpo sin apresurarse.
— ¿Extrañabas esto? —Dice mientras besa mi cuello y una de sus manos toca mi pecho.
—Sí. —Digo sin negarme a la verdad.
—Pues, yo también. —Revela.
Lo abrazo mientras que escucho como sus gemidos crecen a cada segundo que entra y sale de mi cuerpo, empiezo a sentir como otra vez el orgasmo empieza a aparecer haciendo que sea la siguiente en jadear su nombre cuando empieza a succionar mi pezón con su boca; me retuerzo debajo de su cuerpo hasta que cuando siento que estamos a punto de llegar al clímax, termino por enrollar mis piernas en sus caderas para que no se aparte, es ahí en donde puedo sentir como se corre dentro de mí, tan fuerte, que al final ya no se quita, sino más bien, se queda ahí, conteniendo su respiración y apretando sus ojos mientras que sus músculos nuevamente se ponen tensos.
Agarro su rostro para acariciarlo permitiendo que, a su vez, pueda admirar esa pieza frágil y delicada que siempre tuvo durante los momentos en que hacíamos el amor, sin añadir, de la inocencia que también demostraba cada vez que llegábamos al clímax, donde esperaba unos minutos para recomponerse antes de volver a la tarea.
Abre los ojos para darme una suave mirada que me hace encoger mi corazón, ya no está ese frío e indiferente Dalek del que me aparto de su vida, ahora se encuentra ese del que me enamore.
Se a recuesta en la cama para ver cómo me incita a ponerme encima de él, así que, sin dudarlo, termino por hacerlo donde empiezo primero a acariciar su pecho mientras beso sus labios, su cuello y por último, cada rastro de su piel; agarro su pene para después ponerlo en mi entrada hasta irme deslizando; Dalek presiona mis caderas con sus manos para después ir inclinando un poco sus piernas a fin de que pueda penetrarme fuerte. Muerdo mi labio y me sujetó de sus hombros cada vez que me muevo de arriba hacia abajo, de adelante hacia atrás y en círculos; la sensación es majestuosa que logra que cierre los ojos y pueda adaptarme a todos esos increíbles efectos que me está proporcionando su cuerpo.
—Abre los ojos, Kaleen… —lo escucho decir —, ábrelos mi flor de fuego, ábrelos que quiero verlos mientras me haces el amor. —Dice con ternura.
Mis ojos obedecen a su cumplido haciendo que se encuentren con los suyos hasta que se levanta un poco para agarrarme de la nuca para después empujarme para que mis labios choquen con los suyos.
—Dalek… Oh Dalek, mi amor… No puedo más… —Chillo al sentir los espasmos del orgasmo.
—Espera un poco más, necesito sentirte. —Gruñe cuando también empieza a ser golpeado por el orgasmo.
Aminoro el ritmo para no acabar pronto pero eso solo provoca que Dalek presione más mis caderas a punto de penetrarme más fuerte; me sujetó más a él hasta que un susurro de su parte es la clave que me permite llegar al orgasmo al mismo tiempo; es así como agotada física y emocionalmente termino por caer encima de él, donde sin salirse de mí, me acurruca en su cuerpo hasta permitir que descanse unos minutos antes de seguir una tercera vez más, donde esa es la que logra que ambos terminemos agotados y a la vez, satisfechos de aquella noche.
(…)
Dejo ir un gruñido cuando escucho mi celular sonar, intento abrir los ojos, pero soy incapaz de poder mantenerlos por un largo tiempo cuando la luz que entra por los ventanales de la habitación hace que los achiquen hasta poner la almohada sobre mi cabeza para poder descansar un rato más. Sin embargo, el sonido molesto de mi dispositivo sigue pitando haciendo que tenga que levantarme para después darme cuenta que no son más que las dos cuarenta y cinco de la tarde, una hora demasiado tarde para mí porque mayormente suelo levantarme temprano y nunca he faltado a mi hora de desayuno, como también, la del almuerzo.
Miro a mi lado para suponer que Dalek tuvo que marcharse temprano a trabajar, por lo que no me extraña que no me haya despertado cuando en sí, aún me siento demasiado agotada, como también, necesito asimilar todo lo que sucedió anoche. Realmente requiero de una explicación, una demasiado buena en la que pueda comprender si lo que sucedió es una tregua que demuestra que el conflicto ha acabado o simplemente, fue una noche para satisfacer nuestros propios placeres.
Derrotada, intento evadir por un momento el asunto con Dalek para responder la llamada telefónica, esa en la que siguen insistiendo como si de verdad, necesitan que pueda atenderlos. Por lo que, al ponerme el auricular en el oído, doy una respuesta pronta mencionando mi nombre, pero la extrañez de escuchar sirenas de una ambulancia, como también, ruidos de personas hablando de forma rápida hace que tenga que reunir las fuerzas para hablar y tener la fe de no confirmar que algo malo ha sucedido.
— ¿Señorita Kaleen Dušek? —Escucho como me preguntan en checo.
—Sí… ¿quién habla? —Digo con una voz atemorizante.
—Le hablamos desde el Hospital de Czech Krumlov —el corazón empieza a latirme rápido al tener un mal presentimiento —, debemos informarle que su familia acaba de tener un accidente —me bloqueo un instante al escuchar eso.
¿Mi familia tuvo un accidente? Pero no puede ser cierto… apenas el día de ayer, estuve hablando con mi padre, mi madrastra, mi hermano y mi abuela. Todos se encontraban bien a punto de que me habían mencionado que simplemente tendrían un viaje hacia Domoradice… Dios mío… No, ellos están bien, no deben de haberles sucedido nada.
— ¿Qué les ha sucedido? —Pregunto mientras voy al armario para sacar un poco de ropa.
Antes de poder seguir escuchando a la mujer que no debe ser más que la recepcionista del hospital, me doy cuenta como al abrir el ropero sólo encuentro ropa mía, ya que hay un enorme agujero vacío del que me indica que no se encuentra las prendas de Dalek, más bien, es como si todas las hubiera sacado de su lugar. Agito mi cabeza recordando si así se encontraba el día de ayer, pero sería algo imposible porque todavía ayer por la noche, se encontraban doblados sus pantalones, como también, sus camisas y chaquetas que utiliza para ir a trabajar.
—No tengo muchos detalles sobre ello, señorita. —Reaccionó al escuchar las palabras de aquella mujer. —Solo puedo decirle que el auto en donde todos se encontraban, cayo por el puente de la calle Na Svahu. —Me detengo un instante.
— ¿Qué? —Casi la ropa que apenas había tomado se cae de mis manos.
—Lamentamos decirle que la señora de tercera edad que viajaba con su familia, falleció en el impacto. —Siento mis ojos llenarse de lágrimas en un solo instante al saber que está hablando de mi abuela.
Un dolor en el pecho aparece haciendo que termine por tener un shock al saber de aquella noticia, estuve a punto de derrumbarme al suelo, pero apenas me quedo tiempo para sollozar cuando la mujer continúo hablando para darme el pronóstico del resto de mi familia.
—Sus demás familiares entraron a urgencias y al quirófano… —la interrumpo.
— ¿Tiene noticias de ellos? —Pregunto por los demás mientras limpio mis lágrimas.
—No, todavía no. Pero pedimos que si puede llegar pronto al hospital —maldigo al saber que me llevare unas horas en llegar.
—Estoy en Estados Unidos, así que tardaré un poco en llegar… —Le comunico.
—Bien, intentaremos mantenerla al tanto de la salud de su familia. —Asiento mientras reprimo los sollozos que están a punto de salir de mi boca.
—Muchas gracias. —Digo antes de colgar.
Antes de que pueda continuar empacando mi ropa, empiezo a marcar el número de teléfono de Dalek, mis manos no dejan de temblar al pensar en el estado de riesgo que pueda estar ahora el resto de mi familia, pero lo que me tiene al borde es saber que mi abuela ha fallecido. Espero que mi esposo me conteste mientras saco la maleta y de forma desordenada, empiezo a meter varias prendas de las que ni yo misma he podido seleccionar con cautela, simplemente, estoy ahí sosteniendo con mi hombre mi celular, mientras voy de un lado a otro corriendo para buscar mis documentos y por supuesto, en intentar hacer memoria para no olvidar algo importante.
—Vamos Dalek, contéstame.
Dejo la maleta cerca de la puerta principal de la casa para empezar a correr por todos los salones en busca de uno de los empleados, en donde apenas me encuentro con Lojza quien parece que acaba de prepararse un café antes de seguir con su rutina diaria de tener que ser el guardaespaldas de Dalek.
—Señor Lojza, ¿ha visto a Dalek? —Le pregunto por mi esposo.
—Salió muy temprano de la casa, señora Hájek —hago una mueca con esa respuesta —, ¿sucede algo? —Me dio una mirada preocupada.
—Tengo que ir a República Checa. —Le anuncie. —Es un asunto urgente y no puedo contactarlo… —Escucho como alguien me llama.
Me doy la vuelta para ver como Bohuslav, el mayordomo de la casa se presenta ante mí con un sobre manila en sus manos, puedo ver cómo me lo entrega y comenzando a tener miedo de lo que haya dentro, logra que me dificulte tomarlo al principio, pero al saber que no puedo tener todo el tiempo así a Bohuslav con la mano extendida, termino por tomarlo haciendo que él a los segundos desaparezca para dejarme nuevamente a solas con el señor Lojza.
Le doy una mirada al sobre el cual tiene mi nombre escrito en el centro, por supuesto por la caligrafía, sé que es de Dalek. Me cuesta una eternidad evaluar si abrirlo en ese instante, pero la curiosidad me gana en el momento en que, al abrirlo y sacar varias páginas de papel, termina por caer un sobre blanco, del cual también tiene mi nombre. El señor Lojza lo recoge para después entregármelo, pero mi respiración se entrecorta cuando veo que, en la primera página de todo aquel documento, no se trata más que un acta de divorcio.
Siento como mis pulmones dejan de entrarles el aire para sentir esa dificultad de poder respirar con normalidad, hace tiempo que no empezaba a tener un ataque de asma, así que, antes de que el problema se me agravara, tuve que calmarme para no sólo empezar a hacer esos disgustantes sonidos como si me estuviera ahogando, sino que también, porque de nuevo, me han entrado unas irreversibles ganas de llorar.
— ¡Señora Hájek! ¿Se encuentra bien? —El señor Lojza se acerca a mí.
Ni siquiera tengo tiempo de poder decirle algo cuando de repente, mi celular hace un sonido indicándome que he recibido un mensaje, pero con la posibilidad de pensar que pueda ser Dalek quien me ha avisado que pueda estar en una reunión importante y sea la razón por la que no ha respondido mis llamadas, es lo que hace que termine por desbloquear mi dispositivo para después abrir y ver el mensaje.
Sin embargo, mi esperanza cae al suelo al ver que no se trata de Dalek o de algún conocido que pudo enviarme un mensaje, más bien, se trata de un número desconocido, el cual me ha enviado una carpeta de imágenes de las cuales, al abrirla, no son más que la noticia que corrompe no sólo mi corazón, sino que también, la confianza que le tenía a mi marido.
Cierro y aprieto mis ojos haciendo que las lágrimas se resbalen por mis mejillas, nuevamente el dolor en mi pecho incrementa y consigo de ello, un odio que empieza a esparcirse por cada minúscula parte de mi cuerpo. Otra vez, suena mi celular, haciendo que lea un breve mensaje que me hace entender que sin importar que tan largo o corto fue el tiempo en que me estuvo viendo la cara de idiota, es lo que me da la posibilidad de tomar una sola decisión que nunca pensé que, sin considerarla por más de un minuto, haría que, de una sola vez, se cortara nuestra conexión que nos mantenía juntos.
—¿Tiene un bolígrafo en mano, señor Lojza?
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
[1] Solomillo de ternera con salsa checa que se prepara de verduras que pueden variar según los productos locales, sin embargo, la que permanece es la zanahoria para darle un color naranja característico al plato.