En medio de la profunda y envolvente oscuridad del departamento donde Miley habitó durante algunas semanas fugaces, el desgarrador sollozo de Benjamín Rodríguez, quien se encuentra recostado pesadamente contra la puerta de la habitación, con la cabeza inclinada y las manos temblorosas envolviendo una pequeña caja, es lo único que rompe el silencio penumbroso de aquella solitaria habitación donde un día, su amada durmió plácidamente mientras él cuidaba su sueño. El aire denso parece absorber cada lágrima que cae al suelo, mientras las sombras danzan silenciosamente a su alrededor. Quien lo viera, no lo creyera, que benjamín Rodríguez, fuerte, tenebroso y peligroso, se encontrara en ese preciso momento, destrozado. Benjamín Rodríguez, un hombre fuerte y orgulloso que, en sus veintisiete a

