Las empleadas colocan la comida con una sonrisa escondida en sus labios, un gesto apenas perceptible que revela una satisfacción y complicidad. Sus movimientos son fluidos y practicados, fruto de años de servicio en la mansión Rodríguez. El aroma de los platillos recién preparados inunda el comedor, creando una atmósfera que en otras circunstancias sería acogedora y apetitosa. Sin embargo, hay una tensión subyacente en el aire, casi palpable que contradice la aparente normalidad de la escena. La presencia de Benjamín en la mesa marca una diferencia significativa en el comportamiento del personal. Con él allí, las empleadas se mueven con mayor diligencia y atención al detalle. Es evidente que su presencia impone un nivel de respeto y temor entre el personal. Como una coreografía bien ensay

