Después de una pelea infernal por tratar de que no la subiera al auto, y luego otra por bajar de su regazo, se había quedado dormida cuando él amenazó con atarla. La conocía y, aunque él solo la había amenazado para tranquilizarla, ella lo creía capaz de hacerlo. No la había bajado de allí; se sentía bien tenerla de esa manera. El cuello le ardía un poco porque la fiera, en sus intentos de bajar de su regazo, lo había arañado un poco. Es que era bien salvaje cuando se lo proponía. En otros momentos, la había atado, de verdad que sí. Pero ahora no se creía capaz de hacerlo. La miraba dormir con la cabeza sobre su pecho. Su pelo estaba totalmente rizado; se veía hermoso. Recordó las palabras de su padre al decir que no lo creía tan débil, Quería alejarla para matar esa maldita sensación

