Con la mejor actitud, vestidos en traje de millonarios, David no se cansaba de observar a Ester, ese vestido pegado a su cuerpo, con un collar que tenía un dije azul como el color de sus ojos, su cabello recogido mostrando su bella espalda y unos tacones negros con algunas pedrerías, sus movimientos sensuales y seguros al mismo tiempo, sus brazos a cada lado mostrando lo que era, una mujer con la seguridad de que por donde pasara, sacará suspiros. David no se quedaba atrás, una camisa blanca y saco n***o a juego con su pantalón y zapatos. Su cabello peinado luciendo guapo y millonario, dejando a Ester encantada, él lograba sorprender, aunque no le demostraba cuanto. —¿Dejarás de verme así?— Reclamó Ester, quien hacía lo mismo con él. —¡No puedo! —Exclamó David, se acercó a ella con una

