Martín Despierto y la busco en mi cama, pero no está, tampoco en el baño o en la cocina, se ha ido y ni siquiera me ha dejado besarla una última vez. Me meto a la ducha, repitiéndome incansablemente, que es mejor así, es lo que debimos hacer. Pero algo en mí se inquieta. Me quedo una media hora bajo el agua, no creo tener control de una pequeña parte de mí y eso me molesta. Me sirvo un whisky que no me bebo y agujereo el piso de tanto pasear de lado a lado. Mi cuerpo me pide su contacto, su presencia. Y dejo que mi instinto gane... Manejo cómo un maldito maniático a su casa y creo que no me importa nada, sólo besarla y hacerla mía. No estoy siendo racional y es lo que menos me importa ahora. Decido no llamarla, no quiero ponerla en alerta, iré directo a su puerta y sí, ya sé cuál es e

