- Ani tenemos que hablar. Esas palabras penetran mi cerebro a velocidad del rayo y, en un reflejo involuntario (seguramente por miedo o lo que sea que me hace no querer enfrentar esto, quizás el temor de volver a caer, de olvidarlo todo y perdonarlos, de seguir engañándome de que, tal vez, Rowan sí sea mi guardián), rápidamente agarro con fuerza la puerta e intento cerrarla, pero las manos de ambos gemelos me lo impiden. No soy ninguna debilucha, mas ellos son dos y son enormes, el gimnasio es como su segunda casa, así que no tengo ni la más mínima oportunidad contra los dos sin usar magia y terminan consiguiendo abrir la puerta y entrar, para evitar que los intente dejar fuera nuevamente. La apertura de la puerta me hace dar un paso en falso hacia atrás y estar a punto de caer, sin emba

